El Brutal Fest sacudió a Matanzas (+Video)



El metal ardía. Era sábado en la noche, aún no marcaba el reloj ni las 11:00 p.m. y la resonancia de las guitarras eléctricas y las baterías se expandía en el aire hasta llegar al mar o penetrar en las casas de la vecindad. Muchachos y muchachas, en su mayoría entre los 16 y 24 años de edad caminaban y cruzaban la avenida  para integrarse al Brutal Fest en su edición de invierno.
Imagino que algunos de ellos pasaron por casualidad o por equivocación, pues sus atuendos evidencian lo ajenos que estaban de seguir el género que arrasó con la generación de los sesenta y los setenta: el rock, pero igual se quedaron para saciar la curiosidad.
En la tribuna todo estaba listo. Grandes bafles se ubicaban en el escenario a cielo abierto.  Las luces se divisaban a los lejos. Cuatro pantallas proyectaban con imagen y sonido a las bandas foráneas  y cubanas más representativas del festival: Bagueera (Suiza), Inferia (Finlandia), Hexis (Dinamarca), From Asylum y Worn-Out (ambos de Francia), y el plato fuerte de la casa rockera cubana fue Rice and Beans y Combat Noise.
El público estaba compuesto por jóvenes de pelo largo, piercing, expansores y tatuajes (los más radicales). Ropa negra, pulóveres de grupos de rock clásicos y botas usaban algunos. Otros tenían la cabeza rapada y abundante pelo adornando la barbilla. Y otros no exhibían ningún accesorio que los identificara como rockers.
También estaban las personas de más edad como el  “temba” que no se pierde ningún evento de rock. Él es fiel seguidor de esta música y si es con el pomito plástico de ron que siempre lo acompaña, mejor. Aunque es de resaltar que los hombres se encuentran en la preferencia, pues las féminas componían una minoría.
Todo se define en una contracultura que  conlleva a modas según la música que escuchan. De ahí la diversidad en una misma “paleta de colores”.  Decir punketa, no es lo mismo que decir blackmetalero, de igual modo se diferencian los  trasher de los hippies.
Casi siempre llegó tarde a los conciertos y por consiguiente me quedó sin asiento. Sin embargo en este no tuve necesidad de vigilar a que alguien se parase de su silla para adueñarme de su puesto, ya que  casi todos se encontraban de pie, pegados a la plataforma y rockeando. Aunque toda regla tiene su excepción, muchos preferían ser participes desde el muro del malecón matancero.
Los más seguidores abrieron un círculo en la multitud y comenzaron a bailar jayko, soltando la adrenalina y la euforia de sus cuerpos. Alrededor los espectadores observaron este singular estilo de baile, que consiste básicamente en dar brincos, mover  la cabeza  hacia todas las direcciones y empujarse unos a otros.

Genealogía de un festival
Brutal Fest realizó su partida de nacimiento con su primera edición en mayo del año 2008. La misma se efectuó en el Salón Rosado de La Tropical, con el lanzamiento del compilatorio Not salsa, just brutal music y nada más irónico para inaugurarlo, pues este lugar es considerado como la meca de la salsa en el país caribeño. En esa ocasión se reunieron  nueve bandas cubanas de metal y 6 mil aficionados.
En su segunda edición (2010) participaron seis bandas extranjeras, hecho este ocurrido por primera  vez en la historia del rock-metal en Cuba.
La idea de la creación de este tipo de encuentro metalero surgió por parte de David Chapet, fundador del sello Brutal Beatdown Records y Yuris Ávila, directora de la Agencia Cubana de Rock, ambos conocían la deficiencia de las bandas cubanas y acordaron, para satisfacer peticiones, alcanzar mediante este festival una mayor presencia de bandas foráneas y más conciertos metaleros.
Anteriormente los metaleros cubanos tuvieron la oportunidad de disfrutar de bandas como Mumakil, Daïgoro, Kess’Khtak, Mistery Cold y Promete, de Suiza. También The Prophecy, de Inglaterra, y las francesas Deadly Sin Orgy, y Hypno5e.
Así como Daïgor, brutal hardcore grind hecho en Suiza,  The Prophecy, primera banda de rock proveniente del Reino Unido, la  cual colinda con el llamado drum metal.
Este festival se repetirá con dos frecuencias anuales. Con una edición de invierno y otra de verano, a efectuarse en el próximo mes de agosto.

Desde la Tribuna
El Brutal Fest es organizado cada año por la Agencia Cubana del Rock, el Instituto Cubano de la Música y el sello francés Brutal Beatdown Records. Representa un espacio para compartir experiencias y conocer sobre el quehacer actual del movimiento rockero en Cuba y en el mundo, especialmente en la región europea.
Es de destacar lo bien adaptados y emocionados que se encontraban las bandas extranjeras en Matanzas, parecía como si tocaran en el patio de su casa. El guitarrista/vocalista de la agrupación Bagueera  opina que “los cubanos son muy buenos metaleros. Muchas bandas tienen gran conocimiento”.
Mientras que por su parte el vocalista de Inferia comenta que “es la primera vez que vengo a Cuba, ya he estado por otros países de América Latina y esta ha sido una experiencia muy linda por el público, o sea que ha tenido una acogida y me llevo muy buena referencia del público cubano. Es un público loco y bastante conectado con la música. Esta es la primera banda de Finlandia que viene a Cuba y es un total logro para nosotros ser esa banda”.
El Brutal Fest en esta su edición invernal comenzó en el capitalino centro Maxim Rock, con bandas locales y foráneas y abarcó seis provincias hasta el pasado domingo 24 de febrero.
Y desde ya se está preparando la próxima edición de verano (del 15 al 25 de agosto) de este festival de rock  y se prevé que asitirán las bandas francesas: Mortuary, S-Core y Cowards, así como Splattered Mermaids (Sweden), Impure Wilhelmina (Switzerland) y Stärke (USA).  
Este es un evento muy seguido por los amantes del género y es el más esperado por los fans cubanos, por lo que  se ha convertido en la cita más importante  underground en la isla.
No me quedé hasta el final del concierto. Me escurrí en la medianoche. Cuando regresaba, dejaba atrás un gran contraste, una gran fusión de ritmos alternativos. Dejaba al rock extremo que unos aman y otros odian, que unos exaltan y otros denigran.  Otro día me quedaré hasta el final del concierto. Hoy hasta aquí llegaron mis letras.

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