Mi flor para Chávez

Esta mañana me levanté nuevamente triste.  No me aferro a la idea de la desaparición de Chávez. Cuando me dirigía al trabajo observaba el movimiento de personas que acudían en masa a la sede del Gobierno Provincial en Matanzas para rendirle tributo póstumo a Chávez. Los veía y le tenía envidia porque estarían ahí desde bien temprano y yo solo podría acudir cuando terminara mi jornada laboral.

Me pasé todo el día esperando la hora de mi salida. Mis compañeros que ejercen como reporteros llegaban con las imágenes del homenaje  a Chávez y yo sufría porque no podía estar allí. Porque no podía estar en el terreno viendo desfilar a mi pueblo.
 Al fin llegó la hora de irme. Bajé por la calle Milanés dispuesta a comprar una flor en la esquina de la Calle del Medio que  es donde habitualmente se colocan los floreros y para mi sorpresa no veo a ninguno. Sigo caminando en busca  de mi flor y no la encuentro. No puede ser que haya esperado todo el día para ofrecérsela  a Chávez y que ahora no aparezca. Por suerte distingo a un hombre a lo lejos con dos o tres príncipes negros que eran los que le quedaban. Le pregunto el precio y me dice que diez pesos. Reviso mi cartera y solo contaba con un billete de a cinco pesos, pero que barbaridad, que se aprovechen de este día tan doloroso para  ganar dinero. Yo no sabía que una flor podría costar tan cara. Aunque en realidad el precio no me importaba en ese momento, si hubiera tenido los diez pesos se los hubiera dado sin pensarlo, ni dudar dos veces.
Sin embargo lo que más me afligía es que mi sueño de llevarle una flor como tributo a Chávez no se realizara. Bajé la cabeza y mi rostro se transfiguró en frustración. Seguí mi camino sin una flor. ¡!Oye!!, escuchó que me gritan a lo lejos. Era el vendedor que parece que se le aflojó el corazón.
Mira mi china, te la dejó en cinco, pero no te acostumbres, me dijo con tono afeminado.
Di  brincos de alegría, gracias, gracias. Ya tenía mi flor. Ya mis pasos se aceleraron por  la desesperación. Al llegar todo un mar de pueblo inundaba las calles, no se podía avanzar porque era una gran mole de personas. Me siento feliz de que todos sientan ese respeto y cariño hacia Chávez al igual que yo. El reloj marcaba las 4:00 p.m. Recuerdo que mi amiga Roxana estaba haciendo una cobertura para la televisión en el lugar del tributo y voy hasta allá. Ya no quería seguir esperando.
Allí me encontré con el colega del Periódico Girón Arnaldo, quien se alarmó de yo solamente haya ido a ofrecer una flor. Me incorporé en la fila y entré. Coloqué  mi flor. Observé el inmenso cuadro de Chávez y las lágrimas ocuparon por unos segundos mis ojos. Limpié mi rostro rápidamente. Y salí feliz porque mi flor ocupó su destino.  Sin embargo aun sigo pensando en Chávez.

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