Al mar sin fronteras


 “La posición geográfica de Bolivia requiere en cualquier caso de una salida propia al Pacífico."
Walker Blaine
8 de mayo de 1882
"Nuestra esperanza es que Bolivia, Chile y Perú puedan llegar a un acuerdo sobre un corredor, el cual permita a Bolivia tener un acceso directo al mar sobre territorio boliviano."
Jimmy Carter
8 de septiembre de 1977

 
Mario Benedetti en su comentario “Despistes y Franquezas”, cuenta que en plena guerra de las Malvinas le preguntaron a Borges qué solución se le ocurría para el conflicto, y él, con su sorna metafísica de siempre, respondió: "Creo que Argentina y Gran Bretaña tendrían que ponerse de acuerdo y adjudicar las Malvinas a Bolivia, para que este país logre por fin su salida al mar.”

Este escritor alude a esta cita, aunque con dudas de que la ironía de Borges fuese cierta, para argumentar que la recurrente necesidad de salida al mar es una obsesión que está presente en todo boliviano. En palabras del propio autor un boliviano es: (…) “ese alguien que siempre parece estar acechando el horizonte en busca del esquivo mar que le fue negado”.
El boliviano, continúa Benedetti, “tiene el Titicaca, por supuesto, pero el enorme lago sólo le sirve para que crezca su frustración, ya que en vez de conducirlo a otros mundos, sólo lo conduce a sí mismo”.
No debe ser menos cierto que los bolivianos quieran tener una frontera que les abra el camino a un horizonte, cuando desde los tiempos de la colonización española, la actual República de Bolivia, antes conocida como el Alto Perú, contó con un amplio acceso al Océano Pacífico.
El periodista boliviano Marco Aurelio Guzmán expresa, en un artículo publicado  en la revista la Fogata Digital, que para que no se diga que Bolivia nunca tuvo mar, Simón Bolívar estableció a Cobija como puerto mayor de las provincias altoperuanas, y para evidenciarlo asevera que basta con otear el mapa cartográfico de la época.
Pero, realmente, ¿tuvo Bolivia salida al mar? Pocos datos en esta historia son incontrovertibles. Sin embargo, muchas versiones señalan que desde su nacimiento como país en 1825, hasta 1904, el territorio soberano de Bolivia se extendía hacia el occidente hasta llegar al mar. En la costa, su frontera norte era con Perú y la del sur con Chile.
En un artículo de la BBC el Mundo se aprecia la opinión del  gobierno boliviano, el cual considera que: "los derechos bolivianos sobre el Pacífico vienen de la etapa prehispánica, probada por la presencia de Tiahuanacu en el Litoral y la expansión incaica posterior. El virreinato del Perú definió claramente sus límites al sur en el paralelo 25 a la altura del Paposo (valle de Copiapó). Este límite fue heredado por Bolivia como consta en toda la cartografía internacional de la época. La superficie del Litoral era de aproximadamente 120.000 km2".
Sin embargo, algunas fuentes señalan que las fronteras en la época colonial eran difusas, sobre todo en este caso, pues en medio está el desierto de Atacama. En algunos libros chilenos se llega a afirmar que Bolivia nunca tuvo litoral.
Para Bolivia, su salida al mar es una espina en su costado y nunca ha dejado de mirar hacia el mar. Su mediterraneidad  es un asunto de índole diplomática y fronteriza entre Perú y Chile.
Chile, por otro lado, desconoce las reclamaciones de Bolivia, argumentando lo establecido en los tratados firmados entre ambos países. En diversas ocasiones para Bolivia afrontar su mediterraneidad  ha tratado de llegar a acuerdos para solucionar el conflicto diplomático, pero en la actualidad no se acaba de solucionar el problema.
La República de Bolivia, a lo largo de los siglos XIX y XX, ha reclamado una salida soberana al mar, argumentando que su característica de mediterraneidad ha sido un importante impedimento para su desarrollo económico y social.
Bolivia es uno de los dos únicos países en América sin litoral marítimo y el séptimo en tamaño de los 42 que hay en el mundo, de los 30 que se cuentan entre los menos desarrollados y más pobres del planeta, según se aprecia en una información publicada en el periódico BBC el Mundo.
Y no es desapercibido que la posición históricamente de este país ha sido considerada desventajosa, debido a que la dificultad de acceso al comercio internacional, depende todavía en gran parte de la vía marítima.

De vuelta a la charca
Luego del descubrimiento de América, los españoles comienzan a tener información sobre la existencia de metales preciosos ‑oro y plata‑ provenientes en gran parte del Perú, Ecuador, de la zona denominada del Kollasuyo (hoy Bolivia) y de Potosí.
Esta situación, crea un incentivo poderoso para Francisco Pizarro, quien conduce la conquista del Alto Perú asociado conjuntamente con Diego de Almagro; pero es conocida, la disputa que surge entre ambos por motivos de índole personal y que repercute en la conquista que ellos encabezan.
Pizarro, luego de tres exploraciones, regresa a España y en el año 1529 obtiene la Capitulación de la Nueva Castilla, la cual significaba una parte del antiguo Kollasuyo en la época del “incario” y que en la actualidad es Bolivia.
Años después Diego de Almagro obtiene de la Corona la Ca­pitulación de Nueva Toledo y en la misma se plasmaba que: “el dicho Mariscal Don Diego de Almagro, por servirnos y por el bien acrecentamiento de Nuestra Corona Real, descubrirá, conquis­tará y poblará las tierras y provincias que hay por la costa del Mar del Sur  a la parte de Levante, dentro de doscientas leguas hacia el Estrecho de Magallanes".
Como se puede apreciar, analizando los orígenes de Bolivia sobre la base de la demarcación colonial, se puede afirmar que desde los comienzos de la conquista, la Corona española  la consideró un territorio con costa en la orga­nización política de Nueva Toledo.
Tiene lugar a partir de ese momento, la conquista de lo que se dio en llamar el Reino de Chile y resulta conveniente analizar este aspecto por cuanto de ellos surge, la delimitación geográfica entre éste y Nueva Toledo.
Dos son las expediciones que se señalan como las que conquistaron el Reino de Chile: la de Almagro en el año 1535 y la de Valdivia en 1541. Ambas se desarro­llaron procedentes del Bajo y Alto Perú y fueron acompañadas y auxiliadas en alguna oportunidad, por indios aymaras, quechuas y atacamas de Paria. Además dichas conquistas fueron financiadas con dinero de Porco y Potosí.
Según lo menciona el publicista boliviano Manuel Frontaura Argandoña en su obra “El Litoral de Bolivia”, durante la estancia de Almagro en la población de Tupiza, los indígenas le informan de los dos posibles caminos que ellos conocían para llegar a Chile. Uno seguía por la costa a través de Tarapacá y de Atacama y otro se internaba tierra adentro.
“Así llegaron a través de un paisaje blanco y desolado (la Puna de Atacama), al primero de los valles de Chile”: los españoles habían llegado al valle de Copiapó (27 grados latitud), relata Argandoña.
En virtud de las disidencias existentes entre Pizarro y Almagro, se designa para actuar en las delimitaciones territoriales de ambos conquistadores, a quien se dio en llamar el Pacificador La Gásca, que confirma como Gobernador de Chile a Pedro de Valdivia y le otorga el titulo para ello, por cuanto éste no lo tenía legítimamente.
Al respecto dice Antonio Herrera, Cronista Mayor del Reino de España: “.... y la gobernación se limitó desde el Valle de Copiapó, hasta 41 grados de latitud sur y este-oeste cien leguas de tierra adentro, con entero poder para descubrir, poblar y repartir la tierra...”.
 Se trata de la carta “descripción de la Provincia de Chile” que se encuentra en la primera edición de las “Décadas de Herrera”. Se puede observar que un poco al norte de Copiapó, se encuentra la demarcación con la leyenda que dice: “De la Audiencia de los Charcas", lo que indica el término del Reino o Capitanía de Chile, en esta latitud.
Diversas fueron las modificaciones que efectúa la Corona de España, en las delimitaciones políticas y jurídicas durante la conquista y en la posterior época de la colonización.
La Audiencia de Charcas fue creada por la Real Cédula del 29 de agosto de 1559, expedida en Guadalajara por Felipe II y en la que se establecían sus límites.
 En la misma se dice que: "... la cual tenga por distrito la Provincia de las Charcas y todo el Callao... partiendo términos, por el septentrión con la Real Audiencia de Lima y provincias no descubier­tas; por el mediodía, con la Real Audiencia de Chile, y por el Levante y el Poniente,  con los dos mares del norte y del sur".
En el año 1563, Felipe II amplía la jurisdicción de la Audiencia de Charcas y le entrega la Gobernación de Tucumán y "juries" y "diaguitas", además de la pro­vincia de los "mojos" y "chunchus" hasta la ciudad del Cuzco, la vieja capital Inca.... la cual quede sujeta a la dicha ciudad de los Charcas".
Desde 1680 en la Recopilación de Leyes de India se definieron los límites y los funcionarios de la Audiencia y Cancillería Real de la Plata, provincia de los Charcos.
En el año 1776, se produce otra importante modificación y se trata de la creación del Virreinato del Río de la Plata o de Buenos Aires. La Real Cédula que dispone tal medida, le incorpora a este Virreinato la Audiencia de Charcas, que con anterioridad dependía del Virreinato del Perú.
La creación del Virreinato del Río de la Plata hizo que la Audiencia de Charcas poseyera una zona territorial sobre el “Mar del Sur”, como se le llamaba, en ese entonces, al Océano Pacífico
En el año 1776, se produce otra importante modificación y se trata de la creación del Virreinato del Río de la Plata o de Buenos Aires. La Real Cédula que dispone tal medida, le incorpora a este Virreinato la Audiencia de Charcas, que con anterioridad dependía del Virreinato del Perú.
El 9 de febrero de 1825  Antonio José de Sucre convoca a delegados del Alto Perú  para la fundación de una nueva república, incluyendo Atacama e indica que el Departamento de Potosí nombrará diputados por Potosí, tres por Chayanta, tres por Porco, tres por Chichas, uno por Atacama y otro por Lípez...
El nacimiento de esta nueva República se realiza convocando provincias de la audiencia de Charcas (Alto Perú) y del Río de la Plata, que por libre determinación decidirían su incorporación.
Un hecho que evidencia que Bolivia siempre ha tenido costa fue lo ocurrido el 6 de agosto de 1825, día en que la Asamblea vota por conformar la República de Bolivia con una costa de 120 km².
También Simón Bolívar, el 28 de diciembre de 1825, crea el puerto La Mar, en Cobija, para iniciar el flujo comercial de la nueva República.
Un año después, Antonio José de Sucre crea la escuadra boliviana, adquiriéndose los buques Yanacocha y Confederación. A esto se suman los navíos La Fallete, Congreso y Libertad, que integraban la armada de la Confederación Perú-Boliviana. Para resguardar las costas bolivianas posteriormente se adquieren las naves Sucre, Maria Luisa, y Morro. La escuadra boliviana fue disuelta antes de 1879.
Los problemas de Bolivia por su litoral, no se inician en el año 1879 con la Guerra del Pacifico, sino que tienen su origen a partir del momento en que el gobierno chileno detecta las posibilidades de comercializar el guano y el sali­tre del desierto de Atacama. Además, la puja por el terreno en disputa es compartida por Chile y Pe­rú a pesar que por lo general, se indica al primero de ellos como el único responsable de la actual situación.
Es importante mencionar que la ac­titud política de Chile a partir de 1839 denota, aunque no siempre en forma manifiesta, una acción de “reivindicación territorial”, que culmina finalmente en 1879, cuando desata la Guerra del Pacífico o Guerra del Guano, y quita a Bolivia su mar territorial.
Aunque casi todos los hechos coinciden en que Bolivia siempre tuvo mar, existen opiniones divergentes como la del historiador chileno Luis Emilio Rojas, quien señala que desde el momento de la fundación del estado boliviano (1825), esta no tenía mar.

Los dueños del mar
"...El propósito, fin y meta de esta guerra declarada por Chile contra Perú y Bolivia, fue en un principio y es ahora la adquisición por la fuerza de los territorios de salitre y guano de ambos, Bolivia y Perú..."
                                                                                           Stephen A. Hurlbut
"...El territorio salitrero de Antofagasta y  el territorio salitrero de Tarapacá, fueron la causa real y directa de la guerra”, expresó J.M. Balmaceda, ex ministro de Relaciones Exteriores de Chile, en una Circular del 24 de diciembre de 1882.
Antes de la Guerra del Pacífico, Chile contaba con una economía de exportación basada en la salitreras del norte, que se extendían por el desierto de Atacama y el extremo sur del territorio peruano. Inglaterra mantenía enormes intereses en el comercio del salitre. Capital chileno y británico poseían el 33 por ciento del salitre peruano.
Cuando el gobierno de Bolivia impuso un gravamen de 10 centavos por quintal de salitre exportado a un contrato privado de transacción, Chile invadió su territorio argumentando que violaba el tratado de 1874, que establecía que los bolivianos no incrementarían los impuestos sobre el salitre por 25 años, es decir, hasta 1899.
El conflicto que se desató e involucró a Perú -aliado de Bolivia- se conoce como la Guerra del Pacífico. Esta guerra se inició formalmente el 14 de febrero de 1879, cuando las tropas chilenas desembarcaron en el puerto boliviano de Antofagasta. Se ha visto que Chile desde 1842 tenía ya ambiciones de anexarse el territorio boliviano. En los últimos meses de 1878, el Gobierno chileno ya había decidido ocupar militarmente el territorio. Los periódicos chilenos en el mes de enero de 1879 reforzaban las opiniones beligerantes que proclamaban la necesidad de una acción armada como solución al diferendo que Chile tenía con Bolivia.
En febrero de 1879, el Cónsul boliviano en Valparaíso, Juan Granier, compró de un coronel chileno el plan militar de ataque y ocupación chilena del Departamento del Litoral. Este plan, debido a las dificultades en las comunicaciones, llegó a manos del Presidente Daza un mes después, cuando ya se había iniciado la invasión chilena.
Los estudios sobre la Guerra del Pacífico han categorizado la misma en cuatro etapas principales. La primera referente a la ocupación del Litoral boliviano. La segunda corresponde a la guerra naval entre las escuadras del Perú y Chile. La tercera comprende la ocupación de las provincias del sur peruano, y la cuarta la invasión de la zona central del Perú, incluyendo Callao y Lima.
Sobre esta guerra como es sabido, se han escrito innumerables obras. Asimismo varios investigadores americanos han estudiado diferentes aspectos del rol de los Estados Unidos a lo largo del conflicto.
Pero los Estados Unidos no fueron simples espectadores durante la Guerra del Pacífico. Las partes en conflicto buscaron en varias oportunidades que los Estados Unidos contribuyeran en alguna forma, a lograr la paz en la región. A su vez el Departamento de Estado también se ofreció a jugar un rol para resolver el conflicto. Desde la mediación pedida por Bolivia al Ministro Pettis en 1879, hasta la solicitud de Chile al Ministro Logan en 1884 para que arbitre sobre los montos de las indemnizaciones de guerra, los tres contendores trataron, no menos de nueve veces, de procurar la participación americana.
“Los Estados Unidos nunca pusieron en duda los derechos de Bolivia sobre el Litoral, pero haciendo gala del tradicional pragmatismo anglosajón, reconocieron la primacía que Chile en ese entonces tenía en la región y no queriendo enemistarse por defender los derechos de Bolivia, prefirieron ignorar toda solución que fuera contraria a los intereses chilenos.
La diplomacia americana, por otra parte, utilizó los derechos de Bolivia sobre el Litoral de Atacama para fundamentar su mediación en la disputa por la Puna de Atacama entre Chile y Argentina, y también para defender los intereses privados de americanos, ante la conducta ilegal de Chile, en los casos de la Compañía Alsop y del buque de carga Sportsman”, asevera Granier Gumucio, Jorge en su artículo los Estados Unidos y el mar boliviano. Testimonios para la historia.
Eduardo Galeano afirma que la historia militar cuenta que Chile ganó la guerra largamente planeada; pero la historia real comprueba que el gran beneficiado fue el empresario británico John Thomas Noth, quien sin disparar un tiro ni gastar un penique se apoderó de territorios que habían sido de Bolivia (Antofagasta) y de Perú (Tarapacá) convirtiéndose en el rey del salitre, que era por entonces el fertilizante imprescindible para alimentar las cansadas tierras de Europa.
“Como resultado directo de la Guerra del Pacífico el área territorial de Chile creció extraordinariamente a costa de Bolivia – perdió toda la provincia de  Antofagasta y con ella su salida al mar- y Perú – que se quedó definitivamente sin Tarpacá y Arica-, anexándose unos ciento ochenta kilómetros cuadrados muy ricos en yacimientos minerales. Pero el verdadero vencedor de la contienda fratricida era el imperialismo inglés”, aseguró Sergio Guerra Vilaboy en su libro Historia mínima de América.
Bolivia perdió 120.000 kilómetros cuadrados de litoral sobre el Pacífico después de la guerra de 1879, en la que combatió aliada con Perú contra Chile. El trasfondo de aquel enfrentamiento fue la riqueza natural, de salitre y guano, ambicionada por potencias extranjeras.
Aunque la consecuencia final y que avizoró el ex ministro Balmaceda fue la victoria chilena en 1884, la que  movió su frontera hacia el norte y dejó a Bolivia sin acceso al mar.
Con referencia al Perú, se puede apreciar que durante la guerra, Bolivia mantuvo su lealtad a la alianza por razones de honor, aun a costa de sus propios intereses. Sin embargo, durante las diferentes negociaciones entre Chile y Perú, este último país tuvo en cuenta sus propios intereses y no consultó, ni Chile se lo permitió, a su antiguo aliado.
Para el Perú, la cuestión marítima de Bolivia fue únicamente un problema bilateral entre este país y Chile, aunque el Perú siempre se consideró el dueño de toda solución que implique una conexión de Bolivia con el Pacífico, sobre territorios que anteriormente fueron patrimonio peruano. El Perú buscó en las negociaciones de 1882 tener la clave de la salida al mar para Bolivia, a lo que Chile se opuso ardientemente. Por paradoja Chile, a costa de su propia soberanía, le otorgó ese privilegio al Perú en 1929.
Nuestro líder Fidel Castro no ha sido indiferente sobre estos temas, en una de sus reflexiones expresa que: “Bolivia sufrió una extraordinaria humillación histórica en aquella contienda. No solo le arrebataron la costa marítima y la salida al mar, sino que privaron a ese país, de origen auténticamente americano, sobre todo aimaras y quechuas, de extensos territorios muy ricos en cobre que constituían la mayor reserva del mundo, que habiendo sido explotadas durante 130 años, hoy su producción se eleva a 5 millones 364 mil toneladas anuales y aporta a la economía chilena alrededor de 18 mil 452 millones de dólares anuales. No se concibe la sociedad moderna sin el cobre metálico, cuyos precios tienden a elevarse”.

En busca de una frontera
 Desde el Pacto de Tregua de 1884 hasta el Tratado de 1904, las diversas corrientes políticas bolivianas habían planteado diferentes estrategias a seguir con Chile, pero todas ellas coincidían en no aceptar la mediterraneidad como definitiva.
Las corrientes conservadoras - que estaban en función de gobierno - fueron llamadas "pacifistas", pues buscaban una solución en armonía con Chile y aceptaban la dura realidad de la pérdida del Litoral, ya que consideraban que ésta pérdida se consolidaba con la entrega incondicional por parte del Perú de su provincia de Tarapacá a Chile, en virtud del Tratado de 1883.
Esto no significaba que aceptaban el encierro, pues creían en una posible salida al Océano Pacífico por Arica, solución planteada por el mismo Chile, desde los inicios de la guerra y que no constituía un planteamiento original, debido a la estrecha relación que Arica tuvo siempre con las provincias altoperuanas.
Este planteamiento contaba además con la aprobación de algunos sectores políticos peruanos quienes deseaban acabar con el problema de la guerra y evitar el tener a Chile como país fronterizo.
Los criterios sustentados en Bolivia por el Partido Liberal, que estaba en la oposición, fueron llamados "belicistas" o "guerristas", pues buscaban la reintegración total del territorio perdido, el mismo que podría solamente lograrse con el uso de las armas y que contaba con el acuerdo de los grupos políticos peruanos que en forma similar querían liquidar los efectos de la Guerra del Pacífico, volviendo a la situación que prevalecía en 1879, antes de la ocupación chilena del Litoral boliviano y de los territorios peruanos de Tarapacá, Arica y Tacna.
Los liberales, quienes se opusieron tenazmente a los pactos de 1895 - que contemplaban una salida al mar - fueron los que finalmente aceptaron firmar la paz con Chile mediante el Tratado de 1904, que consagraba el encierro geográfico.
Pero, ¿cómo podría explicarse esa contradicción? y ¿cómo podría entenderse que Bolivia, al poco tiempo de la firma de dicho Tratado, iniciara una campaña de reintegración marítima que se mantiene vigente hasta nuestros días?
El Tratado de Paz, Amistad y Comercio entre Bolivia y Chile, conocido como el Tratado de 1904, definió la actual delimitación territorial, según el cual la soberanía chilena se extiende hasta la frontera con Perú y la de Bolivia no alcanza a tocar el mar.
 Este Tratado es necesario para entender la conducta posterior de los gobiernos bolivianos en su búsqueda por retornar al mar, búsqueda que se orientó primero a negociaciones directas, luego a lograr la intervención de la Liga de las Naciones y finalmente a conseguir la mediación de los Estados Unidos.
Bolivia parece ser un Estado que ocupa, pero no domina su espacio geográfico, y que no ha sabido sacarle ventajas o más bien se ha dejado vencer por las dificultades. Deben entenderse las realidades de la relación de la economía con el espacio y en este caso la salida marítima como canal de proyección de su producción. Para casi todos los fines, Bolivia sigue siendo invertebrada, con mucho espacio formal, pero poco dominio efectivo en términos de población e infraestructura.
Karl Haushoffer dijo "el espacio rige la humanidad" y no estaba tan desacertado ni exagerando como los críticos de su época señalaron peyorativamente. Este énfasis en el espacio es necesario recalcarlo y rescatarlo. En los grandes escenarios de la política mundial como en los más reducidos de las políticas nacionales, todas las variables entran en juego y los resultados pueden ser múltiples e inesperados.
 Lo único invariable y constante es el espacio; él se encuentra siempre ahí, listo para ser usado, ocupado, dominado, conquistado o perdido. Sin espacio no hay vida personal, nacional o internacional; no hay margen posible de maniobra sin un lugar físico para las actividades de cualquier naturaleza.
 Cuando se descubren verdades
El análisis de la información del trabajo investigativo Estados Unidos y el mar boliviano, del Diplomático del Servicio de Relaciones Exteriores, Jorge Gumucio Granier, permite elaborar algunas conclusiones sobre tres aspectos de la cuestión marítima de Bolivia.
 El primer aspecto de la cuestión es referente al estatuto territorial de Bolivia y la jurisdicción del mismo sobre el Océano Pacífico. Sobre él, los despachos diplomáticos y consulares no dejan duda que Bolivia fue una nación marítima, así como confirman por otra parte, que la Audiencia de Charcas, fundamento geográfico, histórico y jurídico de la República de Bolivia, ejercía soberanía sobre el territorio costero del Litoral de Atacama, bañado por el Océano Pacífico, comenta Granier.
“Las delimitaciones fronterizas de las nuevas repúblicas, heredadas de la Colonia española, aunque en algunos casos no eran precisamente claras, en éste sí señalaban específicamente que la frontera entre Bolivia y Chile era el curso del río Salado”, asevera el investigador.
“Por otra parte, las cartas y diarios de los marinos americanos, así como la correspondencia consular, proporcionan otro testimonio irrefutable de la jurisdicción administrativa que el gobierno boliviano ejercía, en forma soberana, sobre el Departamento del Litoral de Atacama”, expresa Jorge Granier en Estados Unidos y el mar boliviano. Testimonios para la historia.
Con referencia al segundo aspecto de la cuestión marítima, se puede apreciar que el Departamento de Estado estuvo siempre bien informado sobre la situación en el Pacífico Sur, y desde 1842, conoció con detalles los esfuerzos chilenos para expandirse sobre el Litoral boliviano, primero, aumentando su gravitación en la región y luego, anexándose todo el territorio. Durante la Guerra del Pacífico, la diplomacia americana estuvo consciente que la raíz de la conflagración fue la codicia chilena para usurpar el patrimonio peruano de Tarapacá y el departamento boliviano del Litoral, que además de sus riquezas, se interponía geográficamente entre Chile y el Perú.
Con relación al tercer aspecto de la cuestión marítima, es decir, la que corresponde a la búsqueda boliviana para reintegrarse al Pacífico, se puede apreciar que Bolivia solicitó en varias ocasiones la colaboración del Departamento de Estado para obtener una salida propia y soberana sobre el Océano Pacífico. Desde la mediación pedida al Ministro Pettis durante la guerra, pasando por la del Ministro Guachalla al Secretario de Estado en 1900, hasta la solicitud del Presidente Coolidge en 1929, Bolivia trató de encontrar en Estados Unidos al campeón de la justicia continental que, al arbitrar la cuestión Tacna - Arica, podría también considerar su causa portuaria.
De la misma manera, cinco décadas más tarde, los Estados Unidos volvieron a pedir a Bolivia que no interfiera en las negociaciones que promovía entre Chile y el Perú, para dejarla luego librada a su suerte con el Tratado de Lima de 1929, del que Bolivia no era parte y que perfeccionaba el enclaustramiento boliviano.
Desde 1929 hasta la fecha, una constante de la diplomacia boliviana, ha sido la búsqueda de una fórmula que la reintegre al Océano Pacífico, la misma ha quedado registrada debidamente en los archivos del Departamento de Estado. Los diferentes intentos bolivianos, bilaterales o multilaterales, han buscado que los Estados Unidos jueguen un papel importante que garantice la seriedad de las negociaciones, así como que las mismas se efectúen dentro del marco del derecho Interamericano.
Por otra parte, para los Estados Unidos la solución del enclaustramiento de Bolivia, no solo es una causa justa de las Américas, sino que también constituye una necesidad, ya que de persistir el mismo, podría convertirse de alguna manera, en otro elemento conflictivo que amenace la paz en Sudamérica.
Corresponde ahora plasmar en realidad esos compromisos, a fin de que la política hemisférica de los Estados Unidos se dedique con imaginación, a prestar su apoyo determinante en la elaboración de la solución que termine de una vez por todas, con el oprobioso enclaustramiento de Bolivia. Cien años de encierro lo piden, un siglo de injusticia lo demanda.

El futuro espera
José Martí no dejó de advertir los sucesos del ámbito latinoamericano, en particular la repercusión o manifestación en nuestras tierras de los procesos universales y continentales, como los debates y las luchas de intereses en torno a la construcción de un canal interoceánico por Panamá o por Nicaragua, y la Guerra del Pacífico de Chile contra Perú y Bolivia.
El actual presidente de Bolivia, Evo Morales no abandona su aspiración de que su país logre una salida al mar, y apreció que los candidatos a la presidencia de Chile debatan sobre salida al mar de Bolivia.
"Lo que hay que reconocer es que los candidatos hablan de la salida al mar. Antes desconocían, decían que Bolivia no tenía salida al mar. Ahora todos reconocen que hay un debate. Será con soberanía o sin soberanía (pero) yo siento que es un avance profundo", afirmó Morales en un encuentro con la prensa extranjera en La Paz, en diciembre de 2009.
El líder indígena recordó que las conversaciones sobre la posible salida al mar para Bolivia comenzaron con el ex presidente Ricardo Lagos y reconoció que cuando hay elecciones "siempre hay cierto miedo" por la continuidad de las negociaciones.

El presidente boliviano dijo que algunos candidatos se basan en los acuerdos hechos por gobiernos anteriores para negar una salida soberana al mar para Bolivia y subrayó que "los tratados no son intocables, son revisables".
Sin embargo a pesar de las muestras de solidaridad entre Bolivia y Perú, aún Chile, afirma que mantendrá  vigente el Tratado de Paz y Amistad sobre fronteras, de 1904. También considera que ese tema no está incluido en su agenda de negociaciones.
Debido a este problema histórico los vínculos entre ambos países han sido entorpecidos,  no tienen relaciones diplomáticas desde 1978, cuando fracasó un intento de dar solución a la petición de Bolivia de obtener un acceso al mar. En el  2006, es que intentan establecer nuevamente el diálogo. Es por ello que ante la negativa del presidente de Chile, de no ceder su salida al mar a Bolivia, a través de conversaciones  pacíficas entre ellos, es que  este año (2011) Morales anunció que demandaría a Chile, en febrero de 2012, en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Recientemente  en el mes de abril de 2013 el presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció que nuevamente presentará en los tribunales internacionales de justicia de La Haya una demanda contra Chile por una salida al océano Pacífico con soberanía y continuidad territorial.
Por su parte el Comandante en Jefe Fidel Castro, en una carta enviada Morales; el líder de la Revolución Cubana instó al país suramericano a “no desanimarse” mientras sigue demandando una salida al mar. También criticó que de “las tierras arrebatadas” a Bolivia, el único que obtiene ganancia es el capitalismo.
“Que el pueblo de Bolivia, Evo, no se desanime (…) Hay mucho que luchar todavía en tu maravilloso país; mucha quinua que sembrar, mucho alimento por producir, mucho empleo por crear y reuniones internacionales donde proclamar el derecho de Bolivia al mar”, añadió Fidel.
La salida marítima de Bolivia es necesaria para dar aire a su economía. Sin dudas que es un país rico, posee materias primas y fuentes de energía que son demandadas en los países industrializados, sin embargo no podrá hacerlas valer si no domina su espacio y genera una salida eficiente al mar. Esperemos que para el año próximo se resuelva de una vez y para siempre el conflicto entre Chile y Bolivia.

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