Vida de Galileo Galilei

Vida de Galileo Galilei podemos considerarla como una magistral pieza teatral del dramaturgo alemán Bertolt Brecht.
Esta obra mezcla en un paralelismo el hecho histórico de los acontecimientos que ocurrieron alrededor de Galileo varios siglos atrás con lo contemporáneo.
El compromiso social de los científicos con la humanidad marca a Vida de Galileo Galilei, que consta de XV capítulos, los cuales abarcan más de treinta años de la vida del gran científico, desde el inicio de sus primeras investigaciones en Padua, hasta su condena por herejía en Roma.
En la actualidad los descubrimientos en todas las ramas de la ciencia no siempre se ponen al servicio y para bien de los hombres. Así, vemos armas inteligentes, químicas y biológicas, aviones teledirigidos o espionaje de todo tipo, que sitúa al mundo en una crisis total.
Los científicos han estado a lo largo de toda la historia ante situaciones como la de Galileo, pues se han visto en la disyuntiva de crear o descubrir novedades que luego ellos no han podido impedir que se utilicen contra sus semejantes.
El empleo de armas y tecnología moderna en la Segunda Guerra Mundial para matar en masa y posteriormente el genocidio de Hiroshima y Nagasaki pusieron sobre la mesa la necesidad de que los científicos comprendan y aporten sus logros en beneficio de la humanidad y no de la destrucción.
El calentamiento global o la locura de crear etanol a partir de alimentos podrían acabar con nuestra especie. Los adelantos de la ciencia han ido muy lejos, pero tan lejos que amenazan con desaparecer al planeta tierra, y es en esta hora en que los hombres de bien deben unirse para evitar que la situación sea más compleja. El futuro lo agradecerá o no habrá futuro, como advierte Brecht.
El escritor parece que fue un testigo evidente de la época, porque narra los hechos como si estuvieran aconteciendo en el momento en que los escribió, de manera que tuvo que haber estudiado exhaustivamente todo lo referente al marco histórico en que se desenvolvió el físico y astrónomo italiano.
En el prólogo del libro el Doctor Julio Babruskinas expuso que existen dos versiones, una escrita en 1938-1939 a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, cuando Brecht se hallaba exiliado en Dinamarca y el fascismo se expandía por Europa, mientras que la otra la concibió en 1945-1946, a continuación del ataque atómico a Hiroschina y Nagasaki.
Según Babruskinas, “Brecht, en su primera versión de Galilei, daba la posibilidad al científico, al intelectual de los países sometidos al fascismo, de desprenderse de la falsa posición del fascismo, convirtiéndose en verdaderos caballos de Troya, para conducir la lucha ilegal contra Hitler desde adentro”.
De manera que en la primera edición se resalta la  inteligencia y la astucia de Galileo para terminar en la clandestinidad su última obra.
“La obra seguía siendo la misma, pero el efecto infernal de la bomba conducía a Brecht a destacar otro aspecto del científico: su fracaso ante la humanidad”, escribió Babruskinas.
La obra refleja el esfuerzo de Galilei en aras de demostrar la validez del sistema universal de Copérnico, que sustenta que la Tierra gira alrededor del Sol y contradice la idea de que la tierra era el centro del Universo, así como su enfrentamiento a todo el régimen eclesiástico feudal, para luego retractarse de sus teorías y ser condenado a reclusión perpetua.
El principal aporte del físico a la astronomía fue el uso del telescopio, con el cual realizó las primeras observaciones a la Luna, investigó las manchas solares y descubrió los cuatro satélites mayores de Júpiter y las fases de Venus, fenómeno que solo podía explicarse si aceptaba la hipótesis heliocéntrica de Copérnico y contradecía la teoría de Tolomeo.
Galileo es considerado un paradigma en la lucha contra la autoridad y la libertad de investigación bajo un régimen que impedía la búsqueda de nuevos hallazgos que estuvieran en contradicción con las leyes de la Iglesia católica y de Dios.
El final de la obra representa una profecía de lo que va a pasar siglos después de una fecha tan lejana como en la que vivió Galilei.
Brecht transmite la incertidumbre de no saber que pasará, pero a la vez afirma que falta mucho para que el hombre pueda volar, cuando en realidad la humanidad está en ciernes para predecir si falta mucho tiempo o no.
La obra teatral concluye con la respuesta de Andrea, quien dice que están en el comienzo, debido a que todavía el hombre en la física, la astronomía y la mecánica no tenía los conocimientos ni el desarrollo necesarios para augurar lo que sucedería después.
Las investigaciones tenían que ser demostradas con hechos válidos y eso era algo difícil debido a la hostilidad de la iglesia.
La posibilidad de que el hombre vuele ha sido un remoto sueño, hecho realidad desde el siglo XX.
Sin embargo, desde la antigüedad los sabios profesaban que para volar era necesario imitar el movimiento de las alas de las aves. Leonardo Da Vince realizó diseños que sirvieron para la creación de la hélice, el planeador y el paracaídas, además de inventar el ornitóptero, un aparato con alas como las de un pájaro que se podían mover mecánicamente.
Asimismo, el escritor francés Julio Verne es un ejemplo imperecedero de cuan grande es la imaginación del hombre, de ahí que su interés por la ciencia lo condujo a presagiar logros científicos como el submarino, antes de que fuesen inventados, o la descripción de un viaje espacial en su famosa novela De la Tierra a la Luna.
Bertolt Brecht tiene fe y optimismo en que la humanidad descubrirá nuevos adelantos científicos y por consiguiente deja un final abierto en Vida de Galileo Galilei, seguro de la capacidad del hombre para poner la ciencia en función de si mismo y no para ambiciones políticas ni económicas.

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