Camilo en el recuerdo (+Fotos)

La primera imagen que recuerdo de Camilo es como dijera mi hermano, un hombre “barbú”, con un gran sombrero alón. Precisamente porque así aparece en casi todas las fotos que se muestran en los libros de texto.

De Camilo nunca olvido cuando cada 28 de octubre, siendo una niña, me llevaban junto a mis compañeros de grupo a un parquecito en la zona de la Jaiba para que le pusiéramos una flor sobre un busto erigido en su nombre.


Ese momento de gratitud hacia el héroe de Yaguajay lo esperaba desde la noche anterior con un inmenso gozo. Buscar las flores representaba todo un problema, algunos amiguitos míos hasta saltaban cercas y muros para arrancar la preciada flor de Camilo. Esta actitud se podría considerar un acto de robo. Pero siempre tenía su justificación.  Camilo esperaba esa flor. A él no se le podía fallar. La flor iba, al precio que fuera necesario….

Para mí, el asunto de las flores no fue complicado, debido a la profesión de florero que ejercía mi abuelo. Mi abuelo me seleccionaba las flores más frescas y me preparaba un ramito. Cuando me levantaba ya me tenía todo listo. A la verdad que a veces me daba un poco de vergüenza ver como mis flores resaltaban por encima de las demás. Sin embargo me llenaba de placer poder honrar a un hombre que dio su vida para que todos los niños pudieran estudiar.

El acto era casi ceremonioso. El silencio casi absoluto a la hora de colocar las flores. Y la dicha se veía en casi todos los rostros de los que apreciábamos el caudal de un hombre gallardo, de un caballero sin tacha.

Ese día representaba algo grande para mí, aunque a veces me cuestionaba el por qué de ofrendar en un busto, en vez de hacerlo en el inmenso mar. Siempre que veía la ceremonia  por la televisión, me asistía la nostalgia. Ese gran colorido de flores que se entrecruzan en el aire y luego cubren al mar como una manta, fue mi gran sueño. Mi meta sería llegar, cuando fuera grande, al mar.

Hoy puedo afirmar que mi sueño se ha cumplido. El mar, las flores, Camilo son parte de mi historia,  del pasado de una niña que soñaba con echarle flores al agua, de un presente que hace posible que siga vigente su ejemplo y de un futuro que promete continuar recordando siempre a ese señor de la vanguardia.

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