sábado, 8 de junio de 2013

1898: Año nefasto para España

El  año 1898 tuvo una gran importancia desde el punto de vista político para las tres naciones beligerantes en la Guerra hispano-cubano-norteamericana. . Para Cuba significó el fin de una etapa colonial y el comienzo de otra, bajo el control de la nueva potencia hegemónica estadounidense. Para los  Estados Unidos sirvió como ensayo de su política expansionista y para España representó el fin de su imperio y la pérdida de sus principales colonias en el Caribe y el Pacífico.
Ahora bien, siempre que existe un conflicto armado se habla de cifras y bajas. Aún a más de cien años después de la guerra, asegura Gabriel Cardona Profesor Titular de Historia en la Universidad Autónoma de Barcelona, que los expertos siguen sin ponerse de acuerdo sobre las bajas padecidas en ella por España, aunque las estimaciones oscilan entre 55.000 y 60.000 muertos. El 90 por ciento del total, a causa de la malaria, la disentería, la fiebre amarilla y otras enfermedades; el 10 por ciento, restante, en combate o a consecuencia de las heridas recibidas.
Sin embargo los españoles no fueron los únicos que tuvieron pérdidas humanas. Los mambíes perdieron, alrededor de 5.000 combatientes y los norteamericanos, aunque entraron al final de la guerra, aceptaron la cifra de 2.136 muertos (370 en combate, los 266 del Maine y a causa de las enfermedades el resto) y de unos 1.700 heridos, asevera Cardona.
Después de esbozar escuetamente los principales resultados para los tres países enfrascados en la guerra. Ahora solo analizaré las consecuencias para España y trataré de develar las causas que la llevaron al fracaso.
Desde el punto de vista económico, la pérdida de Cuba y Filipinas, a través  de la firma del Tratado de Paris, afectó sensiblemente a ciertos sectores económicos y a algunas empresas españolas, pero no a la economía del país en general. Con este tratado  España no solo le cedió a los Estados Unidos a  Cuba y Filipinas, sino también Puerto Rico y todas las islas que se encontraban bajo la soberanía española en las Antillas, y la isla de Guam en el Pacífico.  Por tanto, mediante el tratado, España arribó al fin, después de más de cuatrocientos años, de su extenso imperio de ultramar.
Manuel Lozano Serna, director General del Grupo Multimedia de Comunicación La Cerca afirma que las consecuencias económicas fueron más positivas que negativas, en concreto en lo que respecta a las inversiones generadas por la repatriación de los capitales invertidos en las colonias y a la interrupción de la sangría económica que representaba para el Estado la ocupación militar de las islas desde los años de la I República.
La profesora titular de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, Rosario de la Torre del Río, en el dossier España 1898. Ocaso colonial, afirma que la derrota del 98 había empeorado la situación internacional y demostraba que España no tenía capacidad para defender, no ya Cuba o Filipinas, sino incluso Baleares, Canarias o Ceuta.
En cuanto a los gastos de la guerra de 1895-1898, el escritor español Arturo Amblard, en sus Notas Coloniales, dice que “en más de diez millones de duros oros, se calculaban los gastos mensuales de la guerra, y apenas el cincuenta por ciento de aquel ejército solía ser útil para las operaciones de campañas”.
Como se aprecia los gastos invertidos en la guerra eran alarmantes. Los españoles estaban cansados de pelear y hacia 1897 en los círculos gobernantes de España se daba por sentado  que la contienda con Cuba no se podía sostener por un tiempo  prolongado porque a la larga se veía que no podrían vencer  a las tropas mambisas por medio de las armas.
La guerra estaba prácticamente ganada por los cubanos cuando los  Estados Unidos intervienen  en ella. Era evidente que las tropas norteamericanas eran más fuertes que las españolas que estaban casi vencidas por los mambises.
La derrota  puso de manifiesto que España no tenía capacidad militar para defender ni una sola de sus islas, asegura la profesora Rosario de la Torre.
Según  opiniones de los altos jefes navales  de España,  sobre la situación que existía en Cuba, es reveladora la opinión del capitán de navío Víctor M. Concas cuando expresa que “…La guerra  (con los Estados Unidos) fue aceptada por España  cuando la isla de Cuba estaba pérdida de hecho, y cuando en la península el envío de un hombre más amenazaba un levantamiento más positivo que el soñado después; cuando nuestras tropas carecían de lo más necesario  y el atraso de pagas era causa principal de la mala alimentación  y de su decaimiento; y cuando una buena parte de los  españoles residentes en Cuba (…), hacían causa común con los insurrectos, mientras se lucraban fabulosamente en contratas, suministros y transporte".
Es evidente que el ejército español estaba diezmado y prácticamente no se podía mantener en pie.  A esta situación hay que agregar las enfermedades, las condiciones naturales del trópico y los combates entablados. Es de señalar que  en 1898 los españoles se encontraban reducidos a un 50 por ciento de su fuerza. 
La historiografía del siglo  XX ha presentado la derrota de 1898 como el inicio de una larga serie de fracasos que España habría protagonizado durante gran parte de la centuria. Con frecuencia, 1898 aparece como el año fatídico en el que comenzó un proceso de decadencia que llevó al país, irremisiblemente, hacia la guerra civil de 1936-1939, aseveró Serna.
La historia española parece entrar, desde la fecha “fatídica” que enuncia Serna,   en una caída vertiginosa. El desastre de 1898 fue importante sobre todo por el proceso de crítica general que suscitó en la sociedad española, en la cual se cuestionaron no sólo el funcionamiento político del sistema sino también la sociedad española en su conjunto.