Cuando sea grande quiero ser como papá

Cuando era niña me abriste las puertas de la imaginación. Me llenaste de libros y me enseñaste a cuidarlos como el mayor tesoro que uno puede poseer. Recuerdo que en tu librero, colocado en tu antiguo cuarto, me dedicaste un  rinconcito en la parte inferior izquierda con temas infantiles. Mis libritos compartían un lugar con tus clásicas novelas y libros para “adultos” y que orgullosa me sentía de tenerlos.
Y aunque, a veces, me regañaras por no dedicarle un mayor espacio a la lectura en mi niñez, y me enfurecía por ello, hoy no sabes cuánto te agradezco que me hayas mostrado el camino de la literatura y que me enseñarás el valor de los libros como fuente de conocimientos.
Recuerdo cuando me compraste un albúm, en dimensiones pequeñas para compilar sellos. Yo era apenas una niña, pero al ver tus grandes colecciones y tu amor por la filatelia, intentaba también formar mis colecciones. Siempre siguiendo tú ejemplo. Mirándome en tu espejo.
Recuerdo cuando me respondías las cartas de los Reyes Magos y junto a mi mamá me dejaban soñar y ponerle alas a la fantasía. Recuerdo que nunca me pusiste una mano encima, nunca me alzaste la voz. Recuerdo cuando me llevabas en tu bicicleta a la escuela, a las clases de piano, que abandoné a pesar que mi profesora decía que tenía aptitud, porque tú tardabas en irme a buscar y no me gustaba quedarme sola en su casa. Antes no entendía el por qué de tu demora, el por qué llegabas empapado en sudor en tu bicicleta china, tratando de llegar en tiempo y no encontrarme llorando. Ahora sé de todo tu esfuerzo y todo tu  trabajo por hacerme una persona de bien, una profesional.
Recuerdo aquellos domingos en que me levantabas temprano para ir a pescar con la familia y no me dejabas ver los muñequitos. Recuerdo mi mala cara por despegarme del televisor, hoy te agradezco que me hayas enseñado a amar la naturaleza, y a pasar buenos momentos en compañía de los nuestros.
Recuerdo como me hiciste una varita de pescar a mi medida, como me compraste un nylon y lo enrollaste en un carretel bien pequeño para que tu niña pescara. Recuerdo como me enseñaste a flotar en el agua y a nadar. Recuerdo, cuando íbamos a la costa y comíamos en güiras, que me hiciste una bien pequeñita para mí.
Recuerdo cuando me regalaste una postal en el día de mi cumpleaños con la siguiente dedicatoria: “Eres la niña más bella que ojos humanos han visto”. Y es que para los padres, los hijos representan lo más grande del mundo.
Recuerdo como me llevabas en las vacaciones a La Habana en el tren de Hersey a visitar a mi tía Blanca Nieves, y a mis primos. Recuerdo cuando me llevabas a las clases de teatro, de natación, de canto…y por último de tiro deportivo, deporte con el que finalmente me inicié en la ESPA.
Recuerdo cuando me enseñabas a jugar ajedrez y nunca te podía ganar. Recuerdo el día de mis 15 años como sudabas y estabas nervioso porque tenías que bailar un vals conmigo. Sé que no te gusta, ni sabes bailar, pero en el trasfondo de tu rostro sabía que lo harías y así lo hiciste.
Recuerdo tus anécdotas y tus sabios consejos cuando te comenté que iba a estudiar Periodismo. Sé que quizás te hubiera gustado que fuera doctora, ingeniera o informática, sin embargo quería ser como tú. A pesar de que creo que nunca lo lograré, pues la meta es muy alta. 
Recuerdo cuando me llevaste el primer día a matricularme en la Facultad de Comunicación y  me enseñaste las calles, la rutas de guagua, y a andar con mucho cuidado en una ciudad extraña y desconocida.
Recuerdo como me dejaste en la beca con los ojos llenos de lágrimas. No querías dejarme sola en un apartamento  en el piso 21 al que aún no había llegado nadie, pero tenías que hacerlo y lo hiciste por mi bien.
Recuerdo aquellas madrugadas en que me acompañabas a la terminal, o al viaducto  a embarcarme para trasladarme a la Universidad. Incluso las veces en que me llevaste en tu motor cuando no paraba nada  y se me hacía tarde para exponer algún seminario.
Recuerdo el día de la defensa de mi tesis, como te sentías orgulloso de mí, al igual que en mi graduación. Recuerdo como siempre me inculcaste la sencillez, la humidad, el amor y a cada día superarme y ser mejor. 
Los recuerdos son incontables cuando de un padre bueno se trata. Aunque para mi, a veces sea difícil darte un beso, un abrazo, o decirte cuanto te quiero y admiro, puedes saber que te quiero muchisísimo. Que eres una persona muy especial en mi vida. Que eres mi SUPER PAPÁ, mi maestro, mi colega, mi amigo. Que por ti, en parte, soy lo que soy.
Tu eterna niña.

0 comentarios: