De buques y plataformas



Un acontecimiento histórico para la navegación en Cuba y para los curiosos residentes en la ciudad de Matanzas ocurrió cuando la plataforma de perforación de petróleo Songa Mercur atracó en la bahía de esta urbe, hecho que se registra como el primero de su tipo en el país.

Llegó remolcada por los potentes remolcadores trasatlánticos  S. Emetral y el Erric, pero su fecha no fue anunciada. Desde el amanecer hasta que el sol se esconde, los prácticos de Matanzas realizaron las operaciones de atraque y lanzamiento de sus cuatro anclas al fondo del mar y allí permaneció impoluta durante 15 días en la rada yumurina. Esta plataforma con su intempestivo arribo resultó ser como una Torre Eiffel en esta ciudad. A todos fascinó su figura.
En las noches alegraba a la ciudad con sus luces, parecía una carroza de carnaval. Durante los días que estuvo adornando  estas aguas del Caribe se convirtió en un objeto de beneplácito. Muchas personas salían a caminar y sentarse en el muro del malecón, solo para observarla y los más aventureros intentaban acercarse lo más posible para tomar algunas fotos de cerca.  
Ella reinaba, los demás barcos se minimizaban y pasaban desapercibidos ante su presencia. Construida en 1987, de tripulación mixta y compuesta por geólogos y equipos de investigaciones permaneció casi en el centro de la profunda bahía de Matanzas hasta que arribó el barco que vino a recoger todo el sistema de perforación, para trasladarla al continente asiático, además de otra nave que se hundía y subía encima de ella a la plataforma para el movimiento trasatlántico.  
La Songa Mercosur llegó de una zona cercana a Caibarién. Tiene una altura de 50 metros desde la superficie del mar hasta la punta de la torre, cuenta con un calado de cinco metros, y su armazón de acero pesa 38 mil toneladas.
Se escogió la bahía matancera por ser una de las más segura y profunda del norte del país, sin tanta entrada y salida de barcos que la plataforma obstaculice sus maniobras comerciales.
Además es una bahía profunda (5,5 millas de longitud y 2,8 millas de ancho) adecuada para la maniobra de reflotación, para que el otro barco pueda hundirse y cargar a la plataforma.

La despedida
Cuando ya los matanceros nos estábamos acostumbrando a su compañía. Desembarcó en su busca el buque noruego semisumergible Hawk para trasladarla hacia Vietnam.
Este navío se hundió a más de 10 metros para poder sostenerla sobre su cubierta. Esta operación requirió de cinco  remolcadores y duró alrededor de dos días.
Asegurada y fijada su estructura a Hawk, ya estaba lista para marcharse, aunque no quiso despedidas, abandonó nuestra bahía a  medianoche cuando la mayoría de las personas dormían. Nos dejó el sabor amargo de no  poder decirle adiós. Sin embargo nos dejó la esperanza y el aliento de verla nuevamente cuando a finales de año regresé a estas cálidas aguas para continuar sus trabajos de perforación y deleitar a los habitantes de esta pequeña Isla con su majestuosidad.
Mientras, el recuerdo de su inesperada visita quedará registrada para la marina cubana como un hecho histórico porque nunca que se tenga conocimiento se había realizado este tipo de maniobra con una plataforma petrolera en una bahía cubana.

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