Realengo 18 o Tierra o sangre




“Porque mis ojos se han hecho
 para ver las cosas extraordinarias.
Y mi maquinita para contarlas.
Y eso es todo”
(Pablo de la Torriente Brau)

En la obra periodística de Pablo de la Torriente Brau sobresale su importante reportaje Realengo 18 o Tierra o sangre, en el cual se vale de su capacidad narrativa para relatar las condiciones desfavorables de un grupo de campesinos en la zona oriental de Cuba, que defendían a ultranza las tierras donde vivían y que les querían arrebatar.
Esta secuencia de ocho reportajes fueron publicados en el Periódico Ahora, en  Guantánamo entre el 16 y el 24 de noviembre de 1934. Este gran reportaje se  adecua al género periodístico, pero por el adecuado tratamiento del lenguaje y la profundidad con que aborda el tema, bien podría considerarse una obra literaria que ha trascendido hasta la actualidad.


I-El escenario

Pablo comienza su narración con destreza y un lenguaje directo en la descripción del Realengo 18, de forma tal que exhorta  a adentrarse en su lectura:

“El que quiera conocer otro país, sin ir al extranjero, que se vaya a las montañas de Oriente donde está el Realengo 18(…) Que monte en una mula pequeña y de cascos firmes y se adentre por los montes”(…).
  
Este escenario es para él como “un país distinto y más bello”, donde la naturaleza salvaje reina en abundancia. Los ríos son claros y fríos. Los montes son únicos, tupidos, de hermosas flores y árboles ancestrales. Las tierras son fértiles. Los insectos y pajarillos vuelan libremente hacia las nubes. En palabras del autor “el paisaje gusta, sabe maravillosamente”.

II-El narrador y los personajes realenguistas

En este trabajo testimonial, Pablo emplea un narrador  omnisciente, pero en  varios pasajes del reportaje intercala en el relato de los hechos intervenciones análogas en primera persona:

“Yo presumiendo, que ya Lino Álvarez y su gente se encontraban en Los Ñames, partí de Cuneira en “chivo”(…).

El empleo de esta  técnica narrativa de Pablo de la Torriente Brau, según Federico Saracini en su libro Pablo un intelectual cubano en la guerra civil española “esta será una de las características del New Journalism(…) que en «Tierra o sangre» encontramos claramente expresadas”.

Con tales dotes narrativas, Pablo puede considerarse como uno  de los más altos exponentes del periodismo en Cuba, ya que renovó el género testimonio, con sus vivencias personales de  los acontecimientos y la denuncia de los gobiernos corruptos, mediante un lenguaje popular.

El escritor, ensayista y poeta Roberto Fernández Retamar al referirse a la literatura testimonial valora la importancia del compromiso de Pablo con la nueva generación de escritores que utilizaron esa técnica,  y afirma que “(…) Cuba conocería nuevos ejemplos vigorosos en la década del 30 de este siglo XX, sobre todo en la obra de Pablo de la Torriente Brau”.

De esta forma, Pablo utiliza un estilo innovador, basado en un lenguaje popular, que intenta reducir la distancia entre el autor y los personajes.

“Allá los seguí entre varias peripecias y  tuve la magnífica oportunidad de comer con ellos, hablar con ellos y hasta dormir, como ellos, bajo el cielo nublado (…). Ciertamente, yo estuve muy poco tiempo allí, aunque mi gusto hubiera sido quedarme hasta cien años por aquellos montes maravillosos, en que crece el café y la caña se levanta hasta los altos platanales(..)”.

Los personajes de Pablo son campesinos que habitan en el Realengo 18. Estos hombres son sencillos, modestos, pobres, pero a la vez ricos por el gran tesoro que la exuberante naturaleza les regala cada mañana.

Entre los realenguistas no existe la discriminación racial. El blanco y el negro conviven, bailan y  trabajan juntos. Todos tienen la misma igualdad económica, evidenciándose claramente cuando Monguito le pasa una taza de café a Lino: “Tómesela usted, que aquí todos somos iguales” – le dijo Lino-. “Pues por eso se la doy – le contestó-. Si no fuéramos iguales no se la daría”.

Mediante los personajes protagónicos se nos presenta la situación desesperante  en que se encontraban. Juan Ramos, blanco de quijadas fuertes, es quien narra algunas de las acciones del leader, Lino Álvarez, quien  con valor se ha rehusado a vender sus tierras a compañías extranjeras y se enfrentó enérgicamente al Gobernador de la República.

Gil Hierrezuelo es el Vicepresidente de la “Directiva”. Hombre silencioso, de pocas palabras, que desde hace diez años se metió en el monte, vive de la tierra y ya no quiere volver a la ciudad.

También se encuentra Tomás Pichardo, el “intelectual” de la Directiva, quien es el Secretario de la Asociación y con su máquina de escribir se encarga de redactar todos los manifiestos. Otros como Monguito, que se siente atraído por la lucha de los realenguistas por la tierra; José Gil Morasín, Genaro Lahera, Rodolfo Martínez, y muchos más, que integran la comunidad del Realengo 18.

Todos estos hombres de pueblo tienen algo que los distingue y es la fe en su Presidente Lino Álvarez,  en el que se ven reflejados sus intereses y sus deseos de apoyar al movimiento obrero.

El leader es “un negro bien negro, de pequeña estatura, pero bien musculado, fuerte; y tiene los ojos silenciosos y profundamente oscuros”. Lino Álvarez es quien encabeza la lucha de los realenguistas por obtener la libre posesión de sus tierras, al costo de perder todo su dinero, sus bueyes, sus carretas y sus quimbuelos; y recibir tres balazos. Es, ante todo, un ejemplo para los realenguistas, puesto que es íntegro y justo en sus ideales, con un alto sentido de la justicia y de la acción.

III- Las luchas y  la vida en el realengo

El tema central de este reportaje es describir las condiciones de vida de los campesinos del Realengo 18 y denunciar las posiciones latifundistas de las empresas norteamericanas.
 Los campesinos demandaban al estado en el reglamento de la Asociación de Productores Agrícolas, el cual Pablo lo plasma en este trabajo, como vocero de sus demandas:
“Siendo las tierras y montes del Estado cubano el único patrimonio en que está vinculada la soberanía y la estabilidad de la República, y en vista de que al no oponer una enérgica y poderosa resistencia contra los constantes asaltos, usurpaciones y robos de tierras, por la desencadenada geofagia, perpetrada por compañías particulares con las tierras del Estado, creemos humano y patriótico (…) tomar posesión de las tierras nuestras, en la proporción de que cada cubano adquiera una parcela en la que pueda, por medio de su honrada labor, proveer a sus necesidades y a las de su prole.”

Cabe citar para ejemplificar la miseria, el inventario que Pablo hacía de los precios a los que los realenguistas vendían sus productos, y los comparaba luego con los de los aperos de labranza y los alimentos para subsistir.
“El barril de ese ñame prodigioso, con 180 libras de peso, ahora, en uno de los mejores períodos lo venden a $1,20, a mucho menos de un centavo la libra… ¡Y han llegado a vender a 30 centavos el barril!... El ciento de plátanos gigantes tienen que darlo por 15 centavos y hasta por 10; las 180 libras de maíz a $2,00; el quintal de café a $3,00 (…) Y estos son los precios de venta, que en los de compra, los tenderos «se desquitan» de su «generosidad» para con los montunos. Y debe tenerse en cuenta, de paso, que sus artículos son siempre de la peor calidad. El bacalao lo pagan a 15 centavos la libra; la «cuarta» de arroz (seis libras) a 40 centavos (…) Pero la explotación es mucho mayor en los precios de las pobres ropas que usan o los rudimentarios aperos de su labranza. Una camisa infame, cuesta $1,25 (…) un par de zapatos, muy malos, $1,75… (…) Y en cuanto a los aperos de trabajo, un pico le cuesta $1,40; un azadón $0,50… ¡Esta es la «bolsa», la trituradora que los destroza y los exprime y hace aparecer casi estéril la tierra magnífica de los platanales gigantescos!”.

De esta forma se evidenciaba como Pablo de la Toriente Brau apoyaba la lucha de estos campesinos y plasmaba los problemas a los que estos se enfrentaban y que de manera general, también afectaban a Cuba. De ahí que expresara que él había ido allí, a las lomas de Oriente “para conocer a fondo sus problemas y darlos a conocer a toda la República”,

Pablo describe la forma de vida de estos hombres que tenían costumbres diferentes.  Pablo se convirtió en vocero de los intereses de los realenguistas.
El Realengo 18 contaba con un Poder Ejecutivo y un Poder Legislativo, con una Asociación de Productores Agrícolas y con un manifiesto, bajo el cual lanzaron la consigna de “!Tierra o sangre!”.

El autor  muestra como la tierra constituye el único patrimonio de los realenguistas y como los bohíos son sus “palacios”. Ante todo, mantiene su humor y jocosidad en su lenguaje, como cuando dice: “Este es el “palacio” de los campesinos, cantado por los poetas y en donde los “tricocéfalos” y sus hermanos viven en el paraíso”.

IV- Significación

Uno de los méritos a destacar en la obra de Pablo es el lenguaje popular que utiliza para que la gente de pueblo se sintiera identificado con su denuncia.

Este reportaje es una muestra de la destreza de Pablo para contar las angustias de las clases más desprotegidas de la sociedad, con la idea esperanzadora de  indicarles el camino hacia un futuro mejor.

Por último y no menos importante me gustaría terminar con uno de los aspectos que Pablo avizoró con las luchas del Realengo 18 y que años después se vería materializado ese sueño de los campesinos de ser dueños de sus tierras con la Revolución Cubana.

“Porque en las luchas del Realengo 18, de las cuales él es el máximo sostén, no hay otra cosa que la rebelión campesina, la revolución agraria que comienza a germinar y que habrá de arrancar algún día a los “propietarios” las tierras obtenidas “ legalmente”, para la explotación de los hombres.”

Su identificación con la identidad nacional y el tratamiento de la problemática rural hacen imperecedero este reportaje, hasta el punto de presentar textualmente una décima que refleja el lenguaje de los realenguistas y el sentir popular de este pueblo hacia el imperialismo yanqui.




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