Cooperativas socialistas en Cuba al límite de lo posible

El modelo socioeconómico cubano en estos momentos se encuentra en un proceso de actualización general en la configuración de sus esferas económica  y social que abarca cambios estructurales y funcionales.
Uno de los realizados se extiende hacia la creación de cooperativas no agropecuarias, aunque se mantienen las arrendadas y usufructuarias tanto dentro como fuera del sector de la agricultura, las privadas de campesinos y trabajadores por cuenta propia, sin privatización y las mixtas con capital extranjero según el interés nacional.
Pero Cuba no anda de espaldas al mundo, las cooperativas no son un invento cubano. Desde el siglo XIX se obtienen atisbos de la existencia en 1844 de una primera cooperativa en Inglaterra, denominada Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale o simplemente Pioneros Rochdale, la misma la integraban 28 obreros tejedores de una hilandería de algodón, quienes  con su dinero ahorrado -mínimo 128 dólares-, crearon un almacén cooperativo, para el consumo de  ellos y su familia. Esta cooperativa tuvo el mérito de establecer las bases organizativas, gerenciales, económicas y democráticas en que debían funcionar estas organizaciones.
La cuestión del cooperativismo en Cuba ha tomado relevancia en los últimos tiempos, a pesar de que este proceso ya se inició años atrás en la sociedad cubana, por supuesto con limitaciones y características propias.
Las primeras cooperativas en el período revolucionario cubano data de 1959 cuando en Pinar del Río se crearon 87 cooperativas de asociación campesina. En esa misma provincia, en 1960, se funda la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS), en la rama del Tabaco. También al finalizar la zafra, en 1969, aparecen diferentes cooperativas cañeras. A partir de la celebración del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (1975) se instauran las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y posteriormente las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), en 1993.
Según datos del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), en 1960, las cooperativas agrícolas representaban en la Isla un 62,4 por ciento; las pecuarias, avícolas y carboneras, un 1,1 por ciento; las agropecuarias, un 25,0 por ciento y las madereras y henequeneras, un 0,1 por ciento.
Sin embargo, a pesar de que se han desarrollado con mayor alcance geográfico en las naciones del primer mundo, de modo desigual y asimétrico y con predominio en las esferas del comercio y los servicios, en América Latina se han desplegado en los medios urbanos. Y en Cuba, ahora se está abriendo el diapasón hacia otros sectores no agropecuarios, desde ya se dan los primeros pasos.
En busca de una definición
Para el Ms.C. y profesor de la Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos (UMCC), Manuel Escobar Navarro, “una cooperativa es un grupo o asociación de personas que se han unido voluntariamente para satisfacer necesidades y aspiraciones económicas, sociales y/o culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y gestión democrática”.
Sin embargo el término del cooperativismo y las cooperativas fue debatido por grandes pensadores del materialismo dialéctico desde el siglo XIX. Carlos Marx en el Tomo I de El Capital definía el cooperativismo como “La forma del trabajo de muchos obreros coordinados y reunidos con arreglo a un plan en el mismo proceso de producción o en procesos de producción distintos, pero enlazados”.
Mientras Federico Engels explica, en El problema campesino en Francia y Alemania, del por qué de la necesidad de las cooperativas en el régimen socialista,  “…cuando estemos en posesión del poder del estado, no podremos pensar en expropiar violentamente a los campesinos (sea con indemnización o sin ella) como nos veremos obligados a hacerlo con los grandes terratenientes. Nuestra misión respecto a los pequeños campesinos consistirá ante todo en encauzar  su producción individual y su propiedad privada hacia un régimen cooperativo, no por la fuerza, sino por el ejemplo y brindando la ayuda social para este fin…”.
Agrega Engels que para hacer las cooperativas “…reunirán sus tierras en una gran finca, cultivando ésta por cuenta de la colectividad y repartiendo los frutos en proporción a las tierras puestas en común, al dinero anticipado y al trabajo rendido…”.
“La cooperativización es un tipo de organización económica autónoma, independiente, en cuyo seno caben distintas formas de organizar la cooperación en el proceso de trabajo. Las relaciones de cooperación comprenden los vínculos entre las personas asentadas en la propiedad cooperativa; sobre cuya base los participantes organizan la actividad productiva y se apropian de sus resultados como colectivo y conforme a su interés económico”, afirma Navarro.
Según el propio Navarro “El cooperativismo en los marcos del capitalismo, no niega su esencia propia como modelo particular de propiedad, producción y apropiación colectiva y de los resultados del trabajo, donde priman intereses colectivos e individuales bajo las leyes del Mercado, pero también puede reinar la Cooperación y la Solidaridad”.
El proceso de creación 
Algunos de los principios básicos en la organización de una cooperativa son poseer una membresía voluntaria y abierta, realizar una gestión democrática por parte de los asociados, tener apoyo del Estado y participación económica de los asociados, distribuir según el principio socialista y aplicar un desarrollo basado en la aplicación de la ciencia y la técnica.
Otros se reflejan en la autonomía e independencia; la educación, formación e información; la cooperación entre cooperativas, el interés y compromiso por la comunidad; la cooperación y solidaridad, así como la identificación con la organización evidenciándose en su sentido de pertenencia.
En el modelo socialista las cooperativas implican la apropiación colectiva de los medios de producción y de los resultados del trabajo y la activa participación de los asociados en la toma de decisiones.
Los tipos de cooperativas que se pueden crear se relacionan con la unión de recursos monetarios y materiales, de equipos y materias primas y de mano de obra. Estas según la actividad que realizan los asociados se pueden clasificar en: cooperativas de producción y prestación de bienes y servicios y mixtas.
Por otra parte por su nivel de integración se denominan de primer grado o de “base”, de segundo grado o “grupos” o “uniones”, y de tercer grado, conocidas por “Federaciones” o “Confederaciones”.
Las cooperativas de primer grado representan la forma socialista de propiedad colectiva, en diferentes sectores, son una organización económica con personalidad jurídica y patrimonio propio y su socios se asocian aportando bienes o trabajo, con la finalidad de producir y prestar servicios útiles a la sociedad. Ellos asumen todos sus gastos con sus ingresos.
En las de segundo grado sus socios pertenecen a cooperativas de primer grado, los cuales organizan actividades complementarias afines o que agreguen valor a los productos y servicios de sus socios y realizan compras y ventas conjuntas con vistas a lograr mayor eficiencia. La de tercer grado es la unión de la primera con la segunda.
El cooperativismo no es un proceso administrativo, ni político, sino económico. Para crear una cooperativa se necesita un informe de promotores ante quienes desean fundar una cooperativa y un Proyecto de Estatutos.
Hasta el momento un total de 126 cooperativas se han aprobado en Cuba en el sector no estatal, de ellas 53  creadas en un primer proceso, además de  73  a partir de julio de 2013. Estas incluyen el comercio, gastronomía y servicios, la pequeña industria, la construcción, la producción de alimentos, el transporte, y la ornitología.
Por tanto, la cooperación posibilita un método de organización del trabajo y la producción que eleva la productividad, mejora la eficiencia, favorece el desarrollo de las fuerzas productivas y la producción capitalista no habría podido desarrollarse, si en su punto de partida, no hubiera apelado a este método.

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