Dos entrañables amigos


Muchos enemigos de la revolución cubana, que apuestan por borrar para siempre el paradigma que representan Che y Fidel para las futuras generaciones, se han quedado solos en ese empeño estéril, pues esos dos hombres ya han pasado a la historia como guías de justicia social, equidad, humanismo y solidaridad internacional.

La propia hija del guerrillero heroico, Aleida, desmintió en una entrevista que todos esos esfuerzos por denigrar la hermandad que existió y perdura entre ambos revolucionarios se bebe al plan imperialista de desacreditarlos ante el mundo que los reconoce como líderes y cuyas ideas son faro contra la globalización cultural y económica que impone el capitalismo.
Sobre la solidez de la amistad entre ambos, el propio Fidel declaró en una ocasión que comprendió el ideario de libertad de Che, y que por eso lo apoyó en su lucha, primero en el Congo, y luego en Bolivia.
La sensibilidad y responsabilidad del Che se manifiesta en su carta de despedida que conmovió a Cuba. El Che había salido de Cuba hacia África en abril de 1965 y la carta la hizo pública Fidel el 3 de octubre de ese mismo año en el instante que se efectuó en La Habana la presentación del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en el cual Fidel explicó que en la lista de miembros de dicho Comité Central faltaba alguien, en este caso el Comandante Ernesto Che Guevara, que por derecho merecía estar en ese órgano de dirección partidista cubano.
La delicadeza y admiración del Che queda demostrada desde el inicio de la misiva, cuando recuerda con cariño el instante en que conoció a Fidel en México, en 1955, y cómo se produjo una inmediata identificación.
Los dos se entenderían a la perfección cuando se conocieron en México y pronto, el Che Guevara sería una figura de gran influencia en Fidel Castro, como este lo fue del Guerrillero Heroico.
“Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío”.
Reflexiona en su carta sobre su modesta contribución al desarrollo de la Revolución Cubana y su estrecha relación e identificación con Fidel: “Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe”.
“Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.”
El Che en su carta de despedida al salir de Cuba expuso algunas consideraciones sobre la misión internacionalista que acometería de inmediato: “Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos”.
La eterna amistad y confianza queda plasmada en las líneas siguientes de su carta de despedida: “En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura”.
En un arranque objetivo, sin pesimismo ante la posibilidad de caer en combate, escribe que “si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena; me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse”.
En su carta de despedida, incluida  entre las más difundidas, publicadas y traducidas del siglo XX, el Che exalta el optimismo que siempre lo acompañaba, con una frase que sintetiza su fe en el mejoramiento humano: “Hasta la victoria siempre”.
Otro momento trascendental en que Che muestra que es un hijo y digno heredero de las enseñanzas y virtudes de Fidel, es cuando pronuncia su discurso en la ONU, donde denuncia al imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo.
En sus palabras precisa que Fidel ha insistido en que mientras el concepto de soberanía exista como prerrogativa de las naciones y de los pueblos independiente y como derecho de todos los pueblos nosotros no aceptaremos la exclusión de nuestro pueblo de ese derecho mientras el mundo se rija por esos principios mientras el mundo se rija por esos conceptos que tengan validez universal porque son universalmente aceptados y consagrado por los pueblos nosotros no aceptaremos que se nos prive ninguno de esos derechos nosotros no renunciaremos a ninguno de sus derechos el señor Secretario General de las Naciones Unidas U Thant entendió nuestra razón.
Che se nutrió de las lecciones sobre marxismo leninismo que Fidel le aportaba, y sumó a su antiimperialismo nuevas aristas de ese monstruo de siete leguas que nunca abandona la idea de apoderarse
Creemos que nadie, ni el tiempo ni los avatares contemporáneos, podrán escindir la estrecha e inquebrantable afinidad y hermandad de Fidel y Che.
Un día difícil y conmovedor para la vida de Fidel lo fue sin dudas la inhumación de los restos del Che y sus compañeros de lucha en el acto efectuado en el Monumento de la ciudad de Santa Clara.
“Che está librando y ganando más batallas que nunca. Gracias, Che, por tu historia, tu vida y tu ejemplo!”, dijo Fidel ante cientos de miles de cubanos.
“Gracias por venir a reforzarnos en esta difícil lucha que estamos librando hoy para salvar las ideas por las cuales tanto luchaste, para salvar la Revolución, la patria y las conquistas del socialismo, que es parte realizada de los grandes sueños que albergaste! Para llevar a cabo esta enorme proeza, para derrotar los planes imperialistas contra Cuba, para resistir el bloqueo, para alcanzar la victoria, contamos contigo. Como ves, esta tierra que es tu tierra, este pueblo que es tu pueblo, esta revolución que es tu revolución, siguen enarbolando con honor y orgullo las banderas del socialismo.
“Bienvenidos, compañeros heroicos del destacamento de refuerzo! Las trincheras de ideas y de justicia que ustedes defenderán junto a nuestro pueblo, el enemigo no podrán conquistarlas jamás! Y juntos seguiremos luchando por un mundo mejor!
Y se despedía de su entrañable amigo como solo dos grandes de la historia latinoamericana y mundial podrían hacerlo en dos momentos trascendentales: ¡Hasta la victoria siempre!

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