Halloween sí, Halloween no…

La celebración de Halloween en Cuba el pasado 31 de octubre evidenció, nuevamente, las tensiones y ambigüedades en una realidad cambiante como la cubana. Mientras en algunos espacios estatales se prohibieron actividades relativas a esta tradición de origen celta –en algunos casos se cancelaron minutos antes del inicio previsto–, los emergentes bares privados y lugares alternativos acogieron a un público ansioso de festejar.

Contrario a lo sucedido el año pasado, en esta ocasión algunos centros nocturnos estatales se negaron a abrir los puertas a los entusiastas de esta festividad, incluso aunque desde tiempo antes vinieran promocionando el evento. Tal fue el caso de la discoteca “Galaxia”, gestionada por particulares pero de propiedad estatal, en la ciudad de Matanzas.

“Nos enteramos que se prohibieron las fiestas en La Habana y en Varadero,  por eso llamamos a la delegación del Ministerio de Cultura en la provincia y nos dijeron que a nivel nacional el Halloween no estaba autorizado”, explica Yohervis Rodríguez Martínez, director artístico del lugar.
SMS enviados a las discotecas matanceras La Salsa, una hora antes de abrir y a la Galaxia 
Al igual que la “Galaxia”, otros espacios de recreación se sumaron a la cancelación de este evento. En el caso del salón “La Salsa”, también en la Atenas de Cuba, le avisaron vía SMS al público que no llevaran disfraces ese sábado, tan solo una hora antes de que la instalación abriera sus puertas. Al indagar vía telefónica por el motivo, respondieron que “de eso no se habla”. Sin embargo, el jueves 29, en la Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos se celebró por todo lo alto la fiesta de Halloween.
Fiesta Halloween en Universidad de Matanzas.
Desde hace años, la carrera de Lengua Inglesa de este centro de estudios superiores organiza “la noche de brujas”, con el objetivo de potenciar habilidades en sus estudiantes. Además de interpretar números musicales en la lengua de Shakespeare y promover la cultura anglosajona, premian los disfraces más creativos.
Fiesta Halloween en Universidad de Matanzas.
Por el contrario, la Universidad de La Habana (UH) se quedó con los deseos y muchos de sus estudiantes debieron celebrar en costosos bares privados. Al decir de Juan Carlos Imbert, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria en la UH, “el Consejo de la FEU decidió no apoyar la actividad porque no representa las tradiciones cubanas y porque no constituía un reclamo mayoritario del estudiantado”.

Igual postura mantuvieron los centros nocturnos estatales de la capital, quienes cerraron las puertas al público que acudió disfrazado. “Si hubiese ido al Atril (discoteca adjunta al teatro Karl Marx), me hubiese pasado como a mis amigos que no los dejaron entrar. Luego fueron a Don Cangrejo, cerca de allí, y les sucedió lo mismo. Muchas más personas pasaron por esa situación”, relata Adanys José Fleite Alonso, joven investigador del Centro de Inmunología Molecular.

Dayani Ramos García, se quedó en casa disfrazada de Catrina, al suspender Halloween.
 “El sábado decidí ir al Hogo´s, un bar particular que queda en el municipio Playa. Me sorprendió lo concurrido del lugar, que no suele llenarse, y con certeza fue a causa de la cantidad de centros que le negaron la entrada a la gente por estar disfrazada”, agrega Fleite Alonso.

Fiesta Halloween en Hogo’s bar. Foto María Montenegro.
En esta misma zona capitalina, “La Romana” también organizó su fiesta. La bailarina de la compañía Havana Queens, Aylin Pérez Hernández, cuenta que aquí se desarrollaron performances alusivos a la temática y que consiguió gran aceptación en el público. Además de ofertas culturales, otro recurso empleado para atraer público a estos lugares resultó ofrecer tragos gratis a aquellos que asistieran disfrazados.

Aunque el ambiente Halloween se percibió en las zonas con mayores recursos de la ciudad, como el Vedado o Playa, en territorios periféricos como el Cotorro también existieron tentativas exitosas. En el Centro del poblado hubo un gran evento donde la mayoría de la gente acudió con máscaras y vestuario alusivo a la fecha, se tiraron fotos y las subieron a la red social Facebook para compartirlas con sus amistades en otros países, afirma Dairon Iván Miranda Quintero, estudiante universitario de La Habana quien vive en esta zona de la capital.
Halloween en el King Bar-Restaurante en La Habana.
“Particularmente, yo celebré en casa de una amiga en Miramar. Sabíamos que los elementos decorativos eran muy costosos, pero como nuestro deseo era disfrutar el ambiente de fantasía de Halloween, buscamos la alternativa de solo disfrazarnos”, comenta Miranda Quintero. Sobre la intención institucional de limitar la propagación de la tradición foránea en Cuba, el joven no duda en calificarla de “retrógrada e inoperante, porque aunque lo prohíban, la gente buscará la manera de evadir esos muros, como ocurrió en este caso”.

Como en La Habana, otros en Matanzas se quedaron “con la ropa puesta”. Tal fue el caso de Dayani Ramos García, estilista privada, quien ante la suspensión de las actividades en los centros que tenía programado ir, se quedó en casa vestida como La Catrina, el popular símbolo mexicano asociado con la muerte. Pero ello no le impidió tomarse las fotografías que al día siguiente subiría a Facebook.
Halloween en el King Bar-Restaurante en La Habana.
Los gestores culturales son conscientes del malestar que provocó esta acción entre el público. Yohervis Rodríguez Martínez, el director artístico de la “Galaxia”, reconoce que “no solo es la parte económica, sino la connotación que posee que suspendas con menos de 24 horas de antelación un evento que venías promocionando. El sábado prácticamente se nos quema el teléfono de la gente averiguando el por qué de la cancelación, y lo peor es que no pudimos dar respuesta porque no la teníamos”.

En el sector turístico también se reportaron pérdidas cuantiosas, puesto que varios hoteles habían invertido una fuerte suma en la decoración y vestuario para el evento. Como también a estos lugares llegó la prohibición, no pudo recuperarse el dinero gastado. Ante decisiones de este tipo, tomadas por unos cuantos por encima de la demanda de muchos, cabe cuestionarse quién se responsabiliza por el perjuicio económico y el malestar del público. Ya algunos se preguntan desde ahora: “¿Y el año que viene, Halloween sí o Halloween no? (Publicado originalmente en OnCuba. Por Lis García Arango y René García Rivera)

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