Del humor y otras “boberías”

“El humorismo gráfico cubano tiene más de un siglo de existencia. Cada época de la historia de Cuba ha sido testigo de una manera particular para el desempeño de la caricatura. Creadores y publicaciones periódicas se han sucedido y el público directo de estas es quien mejor ha sabido ciertos datos que en la actualidad tal vez estén un poco olvidados.”[3]

Por eso decidimos referirnos a El bobo de Abela, porque aunque se ha escrito mucho sobre este personajillo, nunca están de más unas frases sobre un dibujo tan único y quién sabe si en las páginas escritas alguien lo descubra por primera vez u otros que ya lo conocen se emocionen con alguna frase. Así los más jóvenes podemos ser cómplices de un momento histórico que aunque no nos tocó vivir, es también parte de nosotros.

Tenemos como objetivo que aquellas personas que decidan estudiar la obra de este pintor no desechen al caricaturista que fue porque “un artista constituye una personalidad integral. Ignorar la actividad de Abela cari­caturista equivale a no comprender del todo el carácter de su obra pictórica, a subdividirla en compartimentos estancos de manera artificial.”[4]

Aunque estamos en el principio cabe decir que El bobo fue un emisario de la opinión cívica, este se convirtió en la herramienta satírico ideal con el que afrontar la dictadura de Gerardo Machado. Por otro lado Abela fue un indagador de las esencias cubanas, autor de Guajiros, El caos y de Los novios, que nos miran desde una pared del Museo Nacional de Bellas Artes.

En busca de una definición

Para comenzar lo más conveniente es delimitar que es caricatura y que no lo es. La palabra caricatura proviene del vocablo italiano caricare que significa exageración.

La caricatura puede ser considerada un retrato donde el autor distorsiona la apariencia física de una persona; esto lo hace, generalmente, de forma humorística. También en ocasiones se muestra un defecto moral a través de la deformación de los rasgos, buscando siempre la comicidad. Esta ha encontrado en la prensa escrita el lugar preciso donde desarrollarse y evolucionar. En el tiempo ha sido la herramienta predilecta por algunos para la sátira político-social y la propaganda, pero también para el cómic.

Algunos consideran a los primeros dibujos de los niños, caricaturas, porque estos desfiguran la realidad, la exageran, la deforman. Estos primeros esbozos del mundo percibido por un infante no deben mirarse como una caricatura porque uno de los primeros requisitos de este recurso gráfico es la intencionalidad, es decir que para que un dibujo o una pintura sea una caricatura debe haberse pensado con este fin.

Cabe señalar que existen divergencias en cuanto a señalar los inicios de la caricatura. Algunos remontan los orígenes a los dibujos realizados en las cuevas por nuestros antepasados, al respecto Juan David expresa “otro error semejante repiten quienes estiman el arte rupestre como incipiente manifestación de la caricatura. Es cierto que los primeros artistas del género humano hallaron soluciones con líneas que se alargan en ritmos inusitados, curvas ágiles, síntesis pletóricas de vitalidad. Aquello pudo ser el descubrimiento del poder expresivo de la línea, pero no de la caricatura, pues parece que nuestros antepasados estaban aún por iniciarse en las sutilezas del humor. Datos recientes confirman el criterio de que tales pictografías solo tenían significación mágica, de invocación a fuerzas desconocidas o dioses ignorados, pobladores del imaginativo mundo del hombre primitivo.”[5]

Otros sitúan sus comienzos en el siglo XIV en Bolonia, en la escuela de arte fundada por los Carracci, donde sus estudiantes hacían retratos de los visitantes con formas de animales u objetos inanimados, aunque estas imágenes humorísticas eran solo para uso privado y casi nunca eran satíricos y maliciosos.

A pesar de esto lo cierto es que la caricatura hace sus mayores conquistas a principios del siglo XX “cuando se produce una subversión de las normas clásicas, al iniciar la pintura un período caracterizado por la voluntad de expresarse en imágenes no convencionales. Para hacerse de un nuevo lenguaje, experimentó con todo lo susceptible de transformarse en medio artístico. En la textura caricatural halla abstracciones figurativas que, al ser tomadas en préstamo, adquieren una nueva condición y posibilitan expresar con sentido del humor los dramáticos temas de nuestro tiempo.” [6]

Según la Enciclopedia Ilustrada Europea “es una representación plástica de una persona o de una idea, interpretándola voluntariamente bajo su aspecto ridículo o grotesco. Artísticamente estriba su fuerza en la preponderancia de los elementos característicos de la persona o cosa representada. Sus medios de expresión son la escultura, la pintura, y más comúnmente el dibujo; su derechos en arte, los mismos de la sátira y lo burlesco en literatura. Con frecuencia, aclárese la idea del dibujo con inscripciones o cortas leyendas que precisan la intención satírica del artista. No es necesario que la idea que ha motivado el dibujo sea la de ridiculizar a una persona o a una cosa, para corresponderse entre las caricaturas.”

Por otro lado para Jacinto Octavio Picón es “la sátira dibujada, la sustitución de la frase por la línea, es la pintura de lo defectuoso y lo deforme, que señala y castiga con el ridículo los crímenes, las injusticias y hasta las flaquezas de los hombres. Es, quizás, el medio más enérgico de que lo cómico dispone, el correctivo más poderoso, la censura que más han empleado en todo tiempo los oprimidos contra los opresores, los débiles contra los fuertes, los pueblos contra los tiranos y hasta los moralistas contra la corrupción”.[7]

Partiendo de la Enciclopedia Digital Ecured la caricatura y el dibujo realista se reconocen como el tipo de imagen periodística más antigua de que se tiene referencia. Desde sus inicios fue una manera de mostrar exageradamente a personajes o hechos. Tenía como objetivo dar a conocer un mensaje, una idea, la mayoría de las veces sarcástica.

Teniendo en cuenta los conceptos antes planteados llegamos a la conclusión de que se llama caricatura al esbozo de una expresión gráfica y artística que exagera y distorsiona los aspectos físicos de una persona, de un objeto o un lugar con un sentido humorístico. Esta tiene como propósito mostrar pictóricamente la opinión del autor.

La hora de las clasificaciones

La escritora Evora Tamayo plantea que en el humor la mayoría prefiere hablar de si es bueno o malo y no dividirlo en categorías, pero a pesar de eso con el transcurrir del tiempo se han ido imponiendo disímiles divisiones en género y la caricatura no ha logrado escaparse. Esta escritora habla de cuatro grupos: la caricatura editorial o política, la cual es reflejo de los hechos nacionales e internacionales cuyos efectos alcanzan a todos; la costumbrista que se refiere a expresiones propias de un país, región, o grupo étnico típicos; la personal en donde se muestran los rasgos físicos, personales y psíquicos que detonan la personalidad de quien es representado y por último el humor en general que abarca los aspectos que no son referidos en los otros tres géneros.

Por otro lado en la Enciclopedia Digital Ecured se muestra otras tipologías aunque encontramos puntos de contactos con las planteadas por Evora Tamayo en tres de las clasificaciones (editorial o política, costumbrista y personal). Veamos ahora cuales son los aportes nuevos: caricatura social es en la que se expresa a una determinada sociedad sea en plan de crí­tica, burla o chanza, y tiende a representar a una serie de personajes en situaciones de la vida contemporánea; caricatura polí­tico-social esta categoría surge porque existen momentos en los que es sumamente difí­cil clasificar una imagen como caricatura social o política, desde el instante en que lo representado critica una situación social, que a la vez también es un fenómeno polí­tico, hace que la diferencia entre estos dos subgéneros desaparezca; caricatura simbólica este tipo de caricatura representa a un objeto determinado que dentro de un contexto especial adquiere una fuerte carga política o social; caricatura festiva aquí la caricatura es alegre y desenfadada, buscas sólo la comicidad como fin, utilizando para ello la caricatura de personas u otros objetos contemporáneos; caricatura fantástica es aquella que recurre a lo fantástico con el fin de poder reflejar una idea.

La historiadora del arte Marisol Trujillo, divide al dibujo humorístico en dos grupos y tiene en cuenta para ello los objetivos que cumplen: el circunstancial y el intemporal. En el primer caso habla de que este es el resultado de “un comentario de la cotidianidad. Trata casi siempre de atrapar una anécdota, una noticia o una burla que se afianza en el decir popular”[8].Elsegundo no parte de una circunstancia determinada, pues “su punto de referencia va a estar ubicado en una zona irreal, producto de la imaginación del artista”[9].La licenciada expone además otra manera de clasificar la caricatura esta se da en relación a la apariencia que adquiere el dibujo. En este caso “puede ser parodia cuando se yuxtaponen personajes o puede resultar simbólica cuando en la imagen está implícita la representación de una idea, una raza o una nación”[10].

Historia, prensa y caricatura por un mismo camino

La llegada del siglo XX a la isla significó la ruptura con un pasado colonial del que no queríamos saber nada; lejos estábamos de imaginar que el futuro que se acercaba no sería muy diferente de lo que intentábamos borrar, seguíamos siendo colonia, solo cambiamos de colonizador. A pesar de esto la prensa del país se vio beneficiada con el advenimiento del siglo.

Se introdujeron nuevas técnicas para la producción e impresión de textos e imágenes; se instaura la libertad de prensa y de expresión, que se proclamó en la Constitución de 1901, el artículo 25 decía así: “Toda persona podrá libremente, sin sujeción o censura previa, emitir su pensamiento, de palabra o por escrito, por medio de la imprenta o por cualquier otro procedimiento; sin perjuicio de la responsabilidad que impongan las leyes cuando por alguno de aquellos medios se atente contra el honor de las personas, el orden social o la tranquilidad pública”[11].

Seguirían dos décadas de desarrollo donde cada medio iniciaría una carrera tortuosa para alcanzar lo último en la técnica. Así se introdujo en el país el linotipo, modernas máquinas rotativas de impresión de dos cilindros que trabajaban con rollos de papel continuo, a esto se la suma la entrada del fotograbado, que aumentó la calidad de la reproducción de imágenes. Todos estos adelantos tecnológicos fueron traídos por empresas norteamericanas, dentro de su plan de exportación a la isla.

Este vertiginoso desarrollo propició que a la llegada de los años veinte los medios impresos cubanos ocuparan un papel principal dentro del Sistema de Comunicación, las empresas periodísticas marcaban las pautas de la comunicación en Cuba. Se dará en esta década además el renacer en la isla de las inquietudes revolucionarias, las cuales se acentuarán con la instauración de la dictadura machadista en el año 1929. Comienza entonces a manifestarse una posición de rechazo en amplios sectores de la sociedad, lo que será reflejado en una buena parte de la prensa.

En este momento jugará un papel fundamental la caricatura política, esta denunciará la situación de crisis socioeconómica en que se encontraba el país y tomará partido contra el gobierno, el Bobo de Abela será un símbolo de esta lucha desde las páginas del diario La Semana. En este periódico trabajaron importantes caricaturistas y dibujantes: García Cabrera, Salomón Ferrufino, José Hernández Cárdenas(HER-CAR), Arroyito, Francisco Vergara, Carlos M. Piedra, Mario Kuchilán, Francisco Barsó y Enrique Riverón.

La caricatura alcanzó auge después del año 1925 cuando se descubre el alcance de esta y el interés que generan en el público, por lo que las empresas lo vieron como algo rentable. A partir de entonces los periódicos le destinan un lugar privilegiado, por lo que cada autor buscó una forma de expresar lo que sentía y de manera inteligente se logró burlar a la censura para decir lo que de otra manera no hubiera sido posible.

Las principales empresas periodísticas cubanas del momento eran: el Diario de la Marina, servidora de los intereses de la burguesía criolla y de la colonia española; El Mundo, que fue la primera empresa periodística cubana; El Heraldo de Cuba, subordinado por completo a los intereses machadistas poco después de iniciado su mandato; El País, creado en 1923 por Alfredo Hornedo y que consiguió ubicarse en poco tiempo dentro de las preferencias del público; El Día, que estaba bajo la dirección del comandante Armando André, que tenía una posición antimachadista. También se destacan La Lucha, La Discusión, La Tarde, La Prensa, Mercurio, El Sol, El Heraldo, El Siglo, El Imparcial.

Estos grandes diarios tenían en su mayoría características similares, eran de gran formato, aproximadamente 60 por 45 cm, el número de páginas oscilaban entre seis y treinta. Todos utilizaban las técnicas más modernas y poseían gran variedad en su contenido.

Otra de las características en común de la prensa era su carácter empresarial, al ser esta un negocio necesitaba ser rentable, por lo que tenían que recurrir a diversas fórmulas para alcanzar esta rentabilidad, entre ellas se encuentran las suscripciones, la venta de espacio en las páginas a anuncios clasificados y la publicidad introducida en sus páginas.

Cabe señalar que a pesar de todo, la población no tenía un gran contacto con los diarios por los altos índices de analfabetismo que existían en el país. Por esta razón “el papel de la gráfica y la fotografía dentro de este tipo de publicaciones fue decisivo en su establecimiento como medios realmente populares. No se trataba sólo de proporcionar a la gente un compendio de las facetas más atractivas e interesantes de la vida, sino de ponerlo a su alcance, de hablar en su propio idioma, y en este sentido, la ilustración y la imagen resultaban, para una buena parte de la población cubana, mucho más accesibles que los textos. De igual modo, contribuían a dotar a las publicaciones de una presentación mucho más sugerente y llamativa, a convertirlas en un lindo artículo que era agradable poseer”[12].

Un pequeño paréntesis para la Semana

El 7 de octubre de 1925 marca el inicio de un nuevo período para el periodismo humorístico cubano, ese día se inaugura La Semana. Esta publicación estuvo bajo la égida de Sergio Carbó y pertenecía al Partido Conservador, pero desde sus inicios se declaró como “un periódico sin filiación política, pero eso sí, netamente criollo. (…) Será para los cubanos de todos los partidos. Escucharemos todos los quejidos de San Antonio a Maisí, sean liberales o conservadores los que griten, trasmitiéndolos a aquellos que puedan remediarlos, y aplicaremos el látigo de una amable crítica sobre las carnes sensibles de los que, desde el pescante o en el camino, entorpecen la marcha del carro republicano”[13].Esta revista fue un combatiente sutil y mordaz contra la dictadura de Machado y esto lo alcanzó gracias al humor. Sus páginas estuvieron llenas de vida, picardía y humor socarrón. A través de ella el público encontró una salida ante la desilusión.

Las secciones de La Semana estaban delimitadas por sus funciones. Cada semana Carbó publicaba un editorial en Majaderías del Director, donde se trataban temas del acontecer nacional que nada tenían que ver con los hechos que anunciaba la prensa oficial. Aparecía también Chistes Malos y Oposición de Altura aquí se mostraban chistes, caricaturas y décimas enviadas a la revista y no había un tema en específico, estos eran de la más diversa índole. Por otro lado aparecía Bombos Pagados que era la fuente de ingresos de la publicación. Tenía dieciséis páginas de gran formato, aunque en algunas ocasiones llegó a tener veinte. Costaba cinco centavos por lo que la mayoría de la población pobre tenía acceso a ella y si eras analfabeto entonces te encontrabas con los dibujos.

En sus páginas “la caricatura tenía no solo una misión de higienización nacional, sino que cumplía una labor cívica-cultural, introduciendo en las masas el cosquilleo de la preocupación. Convertida en instrumento de combate, la caricatura satírica se hizo más dura, más feroz en la misma medida que el gobierno agudizó sus desmanes. La Semana ayudó con su obra al renacer del pueblo a la lucha.”[14]

Sin lugar a dudas esta publicación de la república usó a la caricatura como arma, en sus hojas se publicaron temas que no eran de conocimiento público; allí se mostró que el humor es la mejor opción cuando la crítica seria no funciona. Machado tuvo que cargar con esta piedra en el zapato durante un buen tiempo.

Quizás estas características propiciaron que en sus páginas naciera uno de los protagonistas más ilustres del humorismo cubano: El Bobo. “Cada mañana, el Bobo de Abela, personaje característico de la revista, asomaba su figura para contar, con elegancia y rencor, los últimos escándalos políticos, las últimas víctimas, los últimos fraudes.”[15]

El Bobo de Abela

El caricaturista Juan David nos cuenta que el origen de este personaje está en un cartel realizado por Abela para promocionar en salón de humoristas. Sobre el personajillo comenta “era el busto de un hombre un tanto raro y enigmático, de cara muy mofletuda y con un chambergo colocado a la manera de los artistas bohemios. Eso era lo que se apreciaba a primera vista. Pero la expresión del tipo era tan indefinida como intrigante, y esto provocó los más contradictorios comentarios sobre el cartel, hasta que alguien descubrió el enigma: la cara del hombre era la parte posterior de un torso de mujer. Así quedaron explicados los mofletes y la expresión indefinida.” De este cartel El Bobo pasó a las páginas del periódico La Semana y reapareció en el año 1926. Se le volvió a ver con el característico bigote, carirredondo, gordinflón, pantalón ancho, sombrero de pajilla, todo un personaje de su tiempo. En múltiples ocasiones se le vio acompañado del sobrino, con su característico traje marinero o al padrino. Y al lado de ellos, la figura de Martí y la bandera cubana, siempre presentes, símbolos que mostraban su cubanía. Hay otros símbolos que resultan en estos tiempos de más difícil interpretación, pues pertenecen a aquella época, ejemplo de ello son la bufanda arrollada al cuello como muestra de que “no trago”, no acepto; la vela encendida, afirmación de rebeldía, pero también representaba la esperanza del pueblo de que un futuro mejor era posible, así la vela podía presentarse apagada, fláccida, de dimensiones enormes, según el estado de la política en la isla.

“El Bobo era el disfraz que se había hecho Abela para decir ciertas cosas que entrañaban peligro. Por eso no fue nunca un muñeco petrificado, estaba apoyado en un carácter voluble y mutable de ser humano. Se movía, pensaba, sentía, como si Abela le hubiese prestado nervio y vísceras. De ahí que no pudiera ser espectador inanimado, historiador sin resortes, a la manera del Liborio que dibujara Ricardo de la Torriente. Él hacía historia cuando recorría el paisaje vegetal y político de Cuba para decir cosas sutiles que parecían disparos con silenciador, protegido por una rara estampa de ingenuidad. Nada más aparente, había andado mucho, sabía de la vida, conocía los sabores de la fruta bomba y las habilidades de ciertos cubanos para «coger mangos bajitos». Prototipo de su tiempo, vio la frustración republicana de romántica a idealista manera. Por eso llevaba consigo el símbolo de la frustración —nuestra bandera— portándola como si fuese el honor salvado. De esa curiosa y original manera convocaba a la ciudadanía al combate, sin que nadie pudiera acusarlo de «meterse en camisa de once varas.”[16]

En este período la censura impuso la necesidad de un idioma en clave, tanto para hacer referencia a un ambiente general como a circunstancias muy precisas. Por lo que el caricaturista tuvo que crear un lenguaje que fuera capaz de pasar a los censores pero que a su vez fuera entendido por el público, de esta forma se lograba crear un mundo donde los objetos que venían a poblarlo eran seleccionados con sumo rigor, por lo que no había cabida para las nimiedades. Esto lo hacía estar siempre alerta, captar la frase de moda, reinventándoles nuevos sentidos a las expresiones comunes; con estas condiciones había que lograr una correlación única entre el diálogo y el dibujo.

“A cambio el público dejó de ser un receptor pasivo. Aprendió a enriquecerse con lo que se le entregaba. Lección de modestia y lección de sabiduría. De esta manera el mundo de las apariencias se confunde con el panorama familiar de los objetos cotidianos. Bajo la ingenuidad del acercamiento primero oculta múltiples relaciones que se establecen a través de la inteligencia y de la sensibilidad, que se expre­san mediante el rigor y la poesía.”[17]

En el caso de El bobo, Abela logró a través de la reiteración de algunos símbolos una relación única entre los lectores y él, hasta el punto de que en cada nuevo número se lograba establecer el estado de ánimo y de opinión del pueblo con relación a la situación política.

Este hombrecillo poco común que se hacía “el bobo” por pura conveniencia – así lograba pasar a los sensores- no estuvo exclusivamente en las planas de La Semana sino que se dejó ver en los medios impresos que convivían en esta etapa, así su figura estuvo presente en El Diario de la Marina e Información.

Entre 1926 y 1934 el Bobo fue uno de los portavoces de la lucha contra Machado. Quizás este bobo no tan bobo fue además un profeta caído en esta tierra donde las esperanzas habían dejado de existir; en una ocasión regresó fracasado de la manigua y la preguntan “¿Y allá queda alguien más?” “Sí, responde, la salvación.” A la caída del régimen dejó de existir y su existencia aunque corta, ocho años, fue fructífera. Su creador le rindió homenaje en algunas ocasiones posteriores, ejemplo de ello fue cuando en el año 1959 lo representó con barba y vestido de verde olivo.

El Bobo de Abela fue una caricatura llena de cubanía, representante de un anhelo nacional que supo exponer con un humor sano, sin saña. La obra iba casi siempre publicada sin un texto y cuando aparecía era bastante corto, con una función explicativa muy sucinta. Tuvo tanta empatía con el pueblo que era suficiente una seña, una mirada, para expresar una idea.

Sin lugar a dudas “en ese singular modo de decir las cosas, reside la fuerza y trascendencia de Abela. Humor original, sin equivalentes entre los caricaturistas de su tiempo. Ninguna afinidad con la cultivada acidez de Rafael Blanco, ni tampoco con la angelical sofisticación de Massaguer. Acaso encontramos algo de su sal en ciertas caricaturas de Hernández Cárdenas (Her-Car), pero en nadie más. Tampoco tiene lazos comunes con el choteo, sátira directa producto de la ciudad y que conduce al relajo. Abela no ridiculizó a nadie, tenía la picardía y la calma campesina de saber esperar buenos tiempos para la mejor cosecha. Como él, su humor venía de tierra adentro. De allá trajo la mirada inquisitiva, vigilante, el humor sin veneno, como de hormiga brava que pica y luego levanta ronchas; la socarrona manera de soslayar obstáculos. La ciudad solo le dio la cultura que buscaba. En la integración inteligente de estos factores, reside el secreto poder de Abela, el caricaturista.”[18]

En pocas palabras, este hombre consiguió lo que dice una frase popular: una imagen puede decir más que cien palabras.

¿Quién fue Eduardo Abela?

La mayoría de los autores marcan el comienzo de las vanguardias artísticas en Cuba en el año 1927, se da en esta etapa todo un movimiento de renovación en las artes. Las artes plásticas influenciadas por estos aires de renovación tuvieron un papel protagónico. Dentro de este período de renovación la primera promoción plástica considerada vanguardista se caracterizó por la oposición y el abandono a los códigos expresivos existentes en la Academia de San Alejandro. Esta a su vez estuvo movida por una conciencia nacionalista, que estaba molesta por la situación social. Sus integrantes proponían un arte de nuevas morfologías y propósitos culturales, donde se buscaban renovar temáticas y encontrar otras soluciones formales; indagaron y representaron lo nacional, pero desdelo cotidiano, lo popular. A esta generación de pintores pertenece Eduardo Abela, pero su historia no se inicia aquí sino un poco antes.

Abela nació en San Antonio de los Baños en 1889. En sus primeros años trabajó en labores relacionadas con la preparación del tabaco; en “la elaboración de ese producto destinado a sibaritas aprendió sin dudas el amor a la obra bien realizada, el amor a los objetos que pueblan el mundo y también el amor del nuevo objeto, la obra de arte que sale de la mano del hombre”[19].

Años después marchó a la Habana para estudiar pintura en la Academia de San Alejandro, pero había que ganarse la vida por lo que encontró su medio de sustento en el periodismo. Su vida estuvo desde entonces marcada por estas dos ramas. A finales de la década del 30 crea el estudio libre para formar pintores y poco tiempo después marcha a Europa. Allí termina de consolidarse como pintor y regresa a Cuba.

En su cosmos “el hombre encuentra su sitio, porque la desesperanza, el caos, no son más que apariencia, cosa pasajera. La ironía, vestida de ternura, es una forma de aproximación que expulsa la violencia -“hay que ser civilizado”-. La grandilocuencia, la vana palabrería son también apariencias y un cuadro de pequeñas dimensiones, dotado del máximo de significación, puede alcanzar la fuerza expresiva de un mural. Todos esos elementos aseguran la unidad interna de la obra pictórica de Abela. La búsqueda de verdades esenciales caracteriza su realismo.”[20]

Abela encontró en el humorismo una vía para romper el aislamiento, para adquirir un lenguaje efectivo y depurado. En este sentido su experiencia fue única, logró alcanzar una mayor seguridad en la eficacia del propio lenguaje. En su mundo la angustia no tuvo cabida. La lección del Bobo ofreció al pintor otra vertiente provechosa, la verdad es una, pero tiene más de un rostro.

El bobo muere en 1934 y Abela encuentra en la pintura un nuevo refugio, por lo que su obra se hace una sola, se complementan el caricaturista y el pintor, hasta lograr un “lenguaje que ha ido evolucionando con el tiempo, respondiendo siempre a una necesidad orgánica. Detrás de esos modos, la unidad de la obra no se pierde. Un ejemplo de humanismo que se traduce en el característico equilibrio entre ternura e ironía. Un ejemplo de arte en el rigor y la exigencia de la lucha por una expresión siempre adecuada. Un modo personal de decirnos, de manera explícita en las caricaturas del Bobo y más sutil, en su obra de pintor, un aspecto de nuestra reciente realidad republicana.”[21]

Fue cónsul del gobierno cubano en Milán. Entre 1942 y 1952 desarrolla labores diplomáticas en Guatemala y México. Muere en La Habana en 1965.

Ya pasaron los tiempos del bobo de Abela, aquellos años han quedado atrás. No se podrá tener en las manos nuevamente una ejemplar de La Semana acabado de salir de la imprenta, no se logrará manosear las hojas en busca de un gordito con mostacho que venía a contar lo último que había sucedido en el acontecer nacional, teniendo como su única arma la picardía.

Pero este un artista logró enseñar que el humor inteligente puede mover conciencias. Y a pesar de esa “aparente dicotomía que había en Abela: al gran pintor que fue, le disgustaba que el caricaturista resultara más conocido. Dijo que la pintura moderna se salvaba por su humor. Su última obra le da la razón. Llena de sugerencias y aparentes casualidades, los primeros intentos aparecen como modelo. Al final, concilia la caricatura con la pintura”. (Por: Lis García y Yailín Alicia Chacón)

Citas bibliográficas:

[3]Visión de la caricatura cubana desde los estudios. Artículo de Axel Li. Consultado en http//www.lajiribilla.cu/, el 25 de mayo de 2011.

[4]Graziella Pogolotti: El camino de los maestros. Versión digital.

[5]Ibídem. p.13.

[6]Ibídem. p.15.

[7]Picón, Jacinto Octavio: Apuntes para la historia de la caricatura, en Revista de España, Madrid, 1877, p. 30.

[8]Trujillo, Marisol. La caricatura y el 68, en Revista de la Universidad de la Habana, año XXXII, No. 192, edición extraordinaria, oct.- dic. 1968, p. 177.

[9]Ibídem. p.178.

[10]Ibídem. p.179.

[11]Fragmento del artículo número 25 de la Constitución Cubana del año 1901.

[12]Amaya Trujillo, Janny: “Las publicaciones en los primeros años de la República”.En C/A: Comunicación y sociedad cubana. Selección de lecturas. Ed. Félix Varela, La Habana, 2003, p. 122.

[13]La Semana, 7 de octubre de 1925, página 5.

[14]Juan, Adelaida de: Caricatura de la República, Ediciones Unión, 1999.

[15]Ibídem.

[16]David, Juan: La caricatura: tiempos y hombres, Ediciones La Memoria, 2002.p.p. 75.

[17]Graziella Pogolotti: El camino de los maestros. Versión digital.

[18]David, Juan.La caricatura: tiempos y hombres, Ediciones La Memoria, 2002. p.p.75-76.

[19]Graziella Pogolotti. “El camino de los maestros”. Versión digital.

[20]Ibídem.

[21]Ibídem.

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