Dilemas históricos de la izquierda en América Latina

Daniel Rafuls inicia su artículo Gobierno, poder y alianzas: dilemas históricos de la izquierda en América Latina comentando que existe un debate acerca del concepto de izquierda. Por un lado están los que creen que existen varias izquierdas que tienen niveles de radicalismo según sus habilidades para reformar o superar al sistema social capitalista. Por el otro los que piensan que la izquierda son un conjunto de fuerzas que presentan programas políticos propios antisistema.
 
Luego expone opiniones de diversos autores. Destacar la definición del investigador del Centro de Estudios Europeos de Cuba, Frank Álvarez, para quien: la izquierda se asume como ”un término referencial, surgido del curso de la práctica política con carácter histórico concreto.Generalmente con él se identifican las fuerzas progresistas y renovadoras, contestatarias del orden establecido, que pretenden renovar determinados valores básicos (ideológicos, políticos, éticos, sociales y económicos) de aquellos sistemas que ya no son representativos del avance, la renovación y el progreso social”.

Menciona el autor que  en el siglo XIX y el principio del XXI, el movimiento de izquierda a nivel mundial se desarrolló bajo la influencia de Revolución Socialista de Octubre de 1917, la cual representó el primer intento de transitar del régimen capitalista al socialista y estuvo dirigida por Lenin.

Esta revolución fue de trascendental importancia por el legado histórico que dejó Lenin, quien  enseñó a la izquierda de aquella época la importancia de distinguir los límites concretos de los conceptos Gobierno y Poder. Esto trajo consigo la aparición de nuevas formas de lucha revolucionaria para erradicar las contracciones colonia- metrópoli. A esta nueva ola emancipadora se unieron los países subdesarrollados, un lugar importante lo tuvo la región de América Latina.

Rafuls comenta que durante 1920-1930 se fortaleció el proceso  de liberación nacional, que estuvo  impulsado por  los campesinos, los obreros agrícolas, por el movimiento huelguístico y el movimiento por la autonomía. Para las dos décadas posteriores.

En Cuba la experiencia del triunfo de la Revolución demostró que la plena independencia no puede ser establecida por la clase burguesa y que es necesario acabar con el viejo aparato estatal para crear uno nuevo. Además evidenció que  la vía pacífica no era viable en un país como Cuba de transcendencia de lucha armada en la historia de su pueblo.
 
El ejemplo de la Revolución cubana en Latinoamerica, según este autor, presentó una expresión inconscientemente negativa, debido a que “en muchos casos el proyecto fue trasladado mecánicamente a países y regiones sin una consiguiente interpretación creadora que evitara desvirtuar no sólo la táctica política que posibilitó su aparición y desarrollo, sino el propio condicionamiento histórico del paso abrupto de un programa económico originario democrático-burgués a uno claramente socialista”.

Continúa el articulista particularizando su interés en algunos trabajos escritos que han abordado las nuevas condiciones en que se ha desarrollado el movimiento izquierdista. Cita los libros: La izquierda en el umbral del siglo XXGobiernos de izquierda en América Latina. El desafío del cambio y los artículos: Construcción del Poder desde abajo: Conceptos claves, de la socióloga argentina Isabel Rauber y Por una nueva estrategia política de la izquierda alejada de falsos mitos, escrito por el propio autor de este arículo.

Rafuls comenta que otra arista surgida de la izquierda son los movimientos sociales, los cuales  son “formas no tradicionales de expresión de masas, más o menos organizadas, (que fueron apareciendo en Europa ) y ya han sido trasladadas con notable fuerza en Latinoamérica  y que persiguen el objetivo de rechazar la globalización neoliberal actual”.

Expresa que estos nuevos movimientos sociales “funcionan como organismos o estructuras, cuyos miembros irrumpen en, ante, o contra los sistemas o instituciones vigentes, infundiéndoles a éstos, en muchos casos, golpes de significación positiva para los distintos segmentos populares”.

Sin embargo asegura el autor que “esas formas de expresión de la sociedad civil a pesar de haber alcanzando conquistas parciales importantes, escasamente logran articular sus respectivas luchas sectoriales en un proyecto de poder conjunto que se proponga un sistema social donde tengan cabida, no sólo la garantía constitucional de sus derechos específicos, sino su satisfacción práctica global sistemática”.

Daniel se refiere a los intentos y esfuerzos, desde hace alrededor de 10 años, realizados por la centroizquierda en aras de conquistar el gobierno. Menciona que a esta tendencia política se han circunscrito en Chile los partidos miembros de la Concertación por la Democracia,en Argentina el Frente por un País Solidario (FREPASO), en Brasil el Partido del Trabajo (PT) y en México el Partido de la Revolución Democrática (PRD), entre otros que, a excepción del PT brasileño, nunca han logrado conquistar el gobierno nacional.

“Las fuerzas de centroizquierda expresan sus aspiraciones de dos maneras distintas. Por un lado, intentan acelerar el proceso de acceso al gobierno a través de una alianza con el centro u otras fuerzas, cuya única aspiración es reformar el capitalismo. Consiguientemente, no asumen programas radicales en ninguna etapa de su desarrollo ni, lógicamente, creen en la necesidad de ser una fuerza hegemónica. 

El otro tipo de centroizquierda también acepta un acercamiento de las fuerzas más humildes hacia otros sectores sociales y de clase, pero con el compromiso de aplicar un programa democrático-burgués durante una primera etapa, sin renunciar a un proyecto de transformaciones radicales futuro ni a una clara hegemonía previa de las fuerzas populares”, explica Daniel.
 
Daniel Rufols expresa que las fuerzas revolucionarias en América Latina deben afrontar dos consideraciones. La primera es que deben aceptar el pensamiento de Marx y Lenin en cuanto a la necesidad de que “al obrero le era imprescindible aliarse a los campesinos e incluso, en condiciones menos favorables para sus propósitos, a sectores de la propia clase burguesa, no sólo por una razón de sobrevivencia elemental, sino porque sin duda, interpretando el conocido principio de Marx en su Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política, las formas superiores de socialización, no podían establecerse hasta que se desarrollaran “…todas las fuerzas productivas que caben dentro…” del sistema social que le precedió”.

En cuanto a la segunda consideración, argumenta que “consiste en identificar cuál es el enemigo principal contra el que hay que aliarse, y hacia qué aspecto del régimen que caduca es a donde debe dirigirse el golpe fundamental de la lucha”.

Termina este artículo con una definición de izquierda que para él es: “un movimiento tendencialmente político, compuesto por partidos, movimientos, y organizaciones de masas y sociales integrantes de la sociedad civil que, aunque proponen diferentes tácticas de lucha que van desde reformas del sistema capitalista hasta su superación radical, tienen el interés común de rechazar las políticas neoliberales actuales”.

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