Manuel entre guajiros

Un lienzo petrifica la intensidad de un pasado imborrable cubierto de ensoñaciones y retazos de texturas omniscientes. El barro renace en las brasas del fuego. Visiones autorreflexivas en consonancia con un yo interno y una casi fiera voluntad de retorno envuelven la obra de la plástica de Manuel.

El sorprende e inusitado contraste de los colores del campo, junto a los tradicionales guajiros cubanos con sus sombreros de paja y guatacas, en su arte, lo develan a la primera ojeada.

Con trazos inequívocos que delinean rostros uniformes, caricaturescos, Manuel evoca al “guajiro” de antaño, a guajiros felices, al guajiro empozado en el valle Güamacaro, al  niño guajiro que fue y al guajiro hombre que es.

Los orígenes, el principio, la génesis entretejen las fibras del paisaje campestre en figuras desbocadas de utilidad doméstica y matices de modernidad. Figuras que nos hacen sonreír y nos placen y al mismo tiempo.

El campo lo ata en un absurdo inexplicable, sin qué sepamos cómo ni por qué. Es el conciliador del sentimiento de propiedad sagrada que se impone al olvido de la naturaleza súbita de un campo desbordado de expresividad que sonríe en los soportes al que traspola la imagen.

La calidad estética de la pintura y cerámica de Manuel se desprende de formalismos y convencionalismos. Delata la sensibilidad despierta y la mirada como vuelta hacia la raíz de su propio ser en una fiebre pasional de búsquedas y reencuentros.

El dominio técnico del tratamiento del color atezado de paletas suaves y frescas, con predominio de verdes y azules se yuxtapone en una síntesis de líneas ágiles y creativas.

La mirada de Manuel es una oda al campesino, a la naturaleza. Naturaleza y hombre que petrifica en  los diferentes soportes y formatos en que realiza su obra estética. El registro del paisaje refrescante sellado por los signos de tierra adentro y de cubanía lo inclinan a la sencillez de lo natural como afirmación de su memoria.

El modo de hacer de Manuel posee una  marca de origen que proyecta con autenticidad. Manuel es una figuración de lo que crea, es él mismo atrapado en el lienzo, renaciendo cada día de la tierra.

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