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Sonriendo un miércoles con un libro de Manuel

Un libro testimonial acerca del destacado caricaturista matancero Manuel Hernández Valdés se presentó en el espacio Miércoles de Sonrisas. Humor en la cultura cubana, realizado mensualmente en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, de La Habana, con la conducción de la escritora Laidi Fernández de Juan.

Manuel=Manuel (Ediciones Matanzas, 2014), como se titula el volumen, fue preparado por la joven periodista matancera Lis García Arango, quien comentó que desde trató de “actuar como facilitadora para que se produjera un gran diálogo acerca de la vida y obra de este artista tan agudo y tan cubano”.

Reúne cerca cuarenta testimoniantes, entre ellos el propio Manuel, su familia y vecinos, caricaturistas: Padrón, Ares, Adán, Jape, Laz, Ajubel, Pitín…; artistas de la Plástica: Nelson Domínguez, Ever Fonseca, Agustín Drake…; escritores críticos de arte periodistas: Carilda Oliver Labra, Adelaida de Juan, Leonardo Padura, Jaime Sarusky, Enrique Núñez Rodríguez, Alejandro Alonso…

 “Junto a la voz de Manuel van apareciendo todas las otras, cada una con sus matices específicos, con valoraciones, con anécdotas o simples chistes, con experiencias diversas que van conformando poco a poco, van dándole texturas a ese creador tan peculiar que se evoca para homenajearlo, para recordarlo y para comprender aún más su quehacer”, comentó la autora.

El libro incluye además una amplia sección de “Testimonio gráfico”, donde se recogen fotografías de diversas etapas de su vida, caricaturas (muchas de ellas utilizando como soporte la cerámica) e imágenes de algunas de las numerosas publicaciones periódicas con las cuales ha colaborado.

Dedicada por completo a la figura de Manuel, esta edición del espacio Miércoles de Sonrisas correspondiente al mes de septiembre incluyó además la lectura de un artículo que enviara el también destacado humorista cubano Jorge Alberto Piñero, Jape, y los comentarios del realizador audiovisual Amaury Ramírez Malberti sobre un corto de animación que parte de la obra del caricatura homenajeado.

En su mensaje, Jape destacó la capacidad de Manuel para “mostrar el tema, comentarlo como nosotros quisiéramos haberlo comentado y plasmarlo en un dibujo de una manera no hiriente, con gracia, con gran vigencia, tocando puntos cardinales de la vida cotidiana del cubano de la época”.

Ramírez Malberti dijo que el trabajo que realizará a partir de la obra de Manuel forma parte de un proyecto de cortos de animación,  ya aprobado por el ICAIC, y que toma como basamento el quehacer de significativos artistas del humor gráfico cubano de las décadas de los ochenta y noventa.

Por su parte, Laidi Fernández de Juan estimó que Manuel es “paradigma del humor gráfico y se halla entre los cien mejores caricaturistas del siglo XX”, luego de una carrera intensa en la que ha sido protagonista de publicaciones emblemáticas del humor cubano como El Sable, La chicharra y el DDT.

Una carrera que le ha hecho merecer el Gran Premio Esopo de Oro, de Bulgaria, la Medalla Pablo Picasso, de la Unesco, el Premio Nacional del Humor y el Premio Nacional de Periodismo, entre otros importantes reconocimientos.

Fernández de Juan resaltó el talento innato de este artista, y estimó que su distinción como creador está dada “en su combinatoria entre un gran dibujo y un chiste extraordinario de actualidad, cubano, y de gran proyección internacional”.

Miércoles de sonrisas es un espacio fundado desde hace cuatro años en Centro Cultural Dulce María Loynaz, “dedicado a rendir tributo a todos aquellos que han cultivado e impulsado el buen humor en la cultura cubana”, según afirma su conductora. (Por: Norge Céspedes a quien le estaré eternamente agradecida)(Publicado originalmente en la Revista Cubana de Arte y Literatura: Mar Desnudo)

Manuel=Manuel, también ≠

Hoy por coincidencias de la vida llegan a mi dos escritos sobre mi libro. Primero fue la escritora Leidi Fernández de Juan en la Jiribilla, ahora el colega Arnaldo Mirabal en su blog Revolución, me ha sorprendido con este texto que no puedo dejar de compartir. Gracias Arnaldo a ti también por las palabras.

Hace cuestión de unos minutos acabo de zamparme de un bocado el libro de mi colega Lis García donde se acerca a la vida de ese grande de la caricatura cubana que es Manuel Hernández.

Apenas unas horas me bastaron para terminar la obra, y no se trata de mi avidez por la lectura ni de que sea breve el texto, pero cuando cae en las manos uno no se puede despegar, nace una especie de adicción repentina y quieres conocer cada nuevo testimonio sobre ese hombre tan sencillo y genial.

En un centenar de páginas la autora logró recoger parte de la vida de este matancero natural del Valle de Guamacaro, donde nació y a donde vuelve una y otra vez desde sus cuadros y piezas de cerámica.

Siempre habrá que aplaudir la decisión de Ediciones Matanzas de incluir en su colección el trabajo de Diploma de la joven Lis, quien se va haciendo un nombre propio en el periodismo matancero, tras cerrar con broche de oro el 2014, al alcanzar el Premio en el Concurso de Crónica celebrado en Cienfuegos; para irrumpir en el 2015 entregándonos esta joyita, sin mayores pretensiones que descubrir la esencia de un artista multipremiado, quien desborda sencillez y llaneza por cada poro de su piel guajira.

A partir de testimonios de familiares, colegas y amigos, logramos conocer lo que de la voz de Manuel quizás nunca obtendremos. De ahí que se agradece la decisión de la autora, y sus horas de desvelo, junto a los malos ratos como cuando después de grabar al Maestro durante horas, casi pierde todo el trabajo de la jornada. Pero el resultado final premió el esfuerzo. Un libro que nos regala a un artista de carne, hueso y jocosidad, y que cada periodista del patio, o matancero en general agradecerán.

A lo largo del libro se escapará más de una carcajada estridente por los disímiles sucesos que allí se narran. Un Manuel ingenioso a todo momento, que lo mismo aterriza en Bulgaria para recibir el Gran Premio de Oro en la Bienal Internacional del Humor y la Sátira en el Arte, que recorre una Candonga angolana, o surca el Atlántico en una barco pesquero, donde recibirá la noticia de que será padre. Sin embargo, se deja claro que donde más placer sentirá es en su natal Guamacaro, volviendo a las aguas del río Moreto.

Quiero insertar aquí un breve testimonio que me sucedió hace algún tiempo y que solo se lo he contado a Waldo, su hijo.

Mi primer trabajo publicado en el periódico Girón como graduado trataba sobre el Día del Trabajador Agrícola. Yo quise contar la historia a partir de la pintura cubana, comparando los campesinos sufridos que afloraron en la vanguardia pictórica del siglo XX, con los guajiros de rostros felices de Manuel. Nunca olvidaré la pluma de cierto funcionario del MINAG garabateando mi trabajo, porque según él, “no era necesaria tanta palabrería”. Eso es lo peor que le puede suceder a quien empieza.

Por suerte días después me topé con el Maestro en una actividad de la Upec, y tras colocar su mano en mi hombro, con una escueta frase agradeció el intento, y me preguntó si había consultado el ensayo de Ambrosio Fornet, lo cual me sorprendió, porque era cierto, fue cuando supe de sopetón que Manuel era además una excelso intelectual, pero sin ínfulas de nada. Desde entonces es mi amigo, aunque sé de antemano que en nuestra amistad nunca abundarán las palabras.

Estoy seguro que del Manuel se podrán seguir contando historias y filmando documentales. Hace algún tiempo me compré un cortaúñas con sus guajiros felices, y ahora tengo un libro que le entregaré para que me lo dedique y así presumir un poco. Palabra que este Premio Nacional de Periodismo y del Humor no conoce. Y lo único que no me gusta del ejemplar es que no lo escribí yo.

Manuel=Manuel, siempre Manuel

Este texto lo escribió la narradora cubana Laidi Fernández de Juan en la Jiribilla. El amigo y colega Norge Céspedes lo compartió conmigo y yo lo comparto con ustedes en mi blog. Agradezco mucho a la escritora Laidi por las palabras.

Una vez más, Ediciones Matanzas obsequia el tesoro de un libro bien cuidado, con el sello particular del extraordinario diseñador Johann Trujillo, aunque el reto fuera inmenso: un cuaderno dedicado en textos y dibujos al mayor humorista gráfico de Cuba de los últimos 50 años (y más, me atrevo a decir). La periodista Lis García Arango realizó uno de esos trabajos que merecen gratitud eterna: indagó sobre la vida y el quehacer de Manuel, recopiló informaciones entre amigos, familiares y colegas, hasta conformar una exquisita galería de testimonios a la que se añaden, claro está, imágenes de algunos de los dibujos humorísticos y fotos personales del maestro.

Que Manuel es el paradigma del humor gráfico cubano no es sorpresa para nadie, pero que se recojan en vida tantos criterios sobre su obra, y al mismo tiempo se ofrezcan de forma amena, sin ínfulas ensayísticas de tal vuelo que resulten incomprensiblespara el gran público, sí es digno de reconocer. Supe que Manuel no asistió al lanzamiento de su libro “Manuel = Manuel”, programado en la FIL de La Habana, con lo cual, según Jape (uno de sus más férreos admiradores, cuyo testimonio aparece en el libro) comentó que se trataba de un curioso hecho, porque era algo así como “Manuel sin Manuel”, algo típico de la modestia del hombre cuyo arte, al decir de la crítica Adelaida de Juan comunica inmediatamente algo que a nosotros nos interesa, esa capacidad grande de encontrar el tema, comentarlo como nosotros quisiéramos haberlo comentado y plasmarlo en un dibujo de una manera que nunca fue hiriente, con gracia, con gran vigencia, tocando puntos cardinales de la vida cotidiana del cubano de la época.(p.78)

Además de la familia inmediata de Manuel (cuya valoración es justa, a pesar del elemental lazo afectivo), opinan muchos artistas de variada naturaleza, como el narrador Leonardo Padura, el periodista Enrique Núñez Rodríguez, el crítico Alejandro Alonso, la ceramista Isabel Gimeno, el pintor Nelson Domínguez, la poeta Carilda Oliver, el dibujante Juan Padrón, entre otros, y claro está, sus compañeros de trabajo, sobre todo aquellos que tuvieron la oportunidad de disfrutar de su compañía y del magisterio que sin querer prodigaba Manuel. Ares, Adán Iglesias, Jape, Laz, Pitín, todos ofrecen la admiración y el respeto hacia quien (también sin proponérselo) ha obtenido importantes reconocimientos. Cuando leemos su larga lista de Premios, no queda más alternativa que rendirnos ante su proverbial sentido de la humildad: Gran Premio Esopo de Oro, Medalla Pablo Picasso, Premio Nacional de Periodismo José martí, Premio Nacional del Humor, y su nombre figura entre los cien mejores caricaturistas del mundo del siglo XX.

Me gustaría destacar un nombre de entre los testimoniantes, porque se trata de otro de los grandes, sin cuya evocación hubiera resultado incompleto el retrato de Manuel, y la historia del humorismo gráfico cubano: Alberto Morales Ajubel, conocido por su apellido materno. Este excelente dibujante, radicado en España desde hace muchos años, no tuvo reparosen reverenciar a quien considera uno de los gráficos más agudos e inteligentes que haya conocido:Cuando me refiero al DDT, digo que poseíamos talento menos él, que era el genio del grupo. […] Le estoy agradecido por la generosidad con que compartió sus conocimientos yel ofrecimiento de su amistad. Soy mucho Manuel, porque en mi estructura, en el andamiaje de mis experiencias, está Manuel (pp.63, 64)

Los siete capítulos que conforman “Manuel = Manuel” permiten no solo el acercamiento a esta gran figura, sino un recorrido temporal y temático de su obra, hasta llegar a la actualidad. Así, Añoranza de una época; Ilusiones encontradas, Elevando el vuelo, Memorias de DDTeros, Visionando el mundo, De vuelta a los orígenes y el Testimonio Gráfico, a la manera de una estructura arquitectónica, permiten el soporte sobre el cual se erige la mejor radiografía que hasta el presente se haya realizado sobre el inmenso creador que no asistió al lanzamiento. Quizás no hizo falta verlo de cuerpo presente, tal vez su ausencia forme parte de su inagotable caudal de chistes, porque ya se sabe, Manuel es como sus dibujos, y disfrutar de este libro es volver a sentirlo, pequeño y gigante, risueño y laborioso, siempre amado, y siempre medio escondido, aunque guarde en alguna gaveta el montón de medallas que ha ganado en su vida.

Marzo, 2015.


“Pintar es mi vida”




El sorprendente e inusitado contraste de los colores del campo junto a los tradicionales guajiros cubanos, con sus sombreros de yarey y guatacas, como figuraciones omniscientes en su arte plástico o la profundidad de su caricatura política o costumbrista, lo develan, inequívocamente, a la primera ojeada, sin necesidad de decir: MANUEL.