El camino del puente

Camino. Todos los días camino por diferentes calles de mi ciudad. Me aventuro a transitar por caminos diferentes para que mis pies no se vuelvan rutinarios y no dejen sus huellas sobre el asfalto.
Me adentro en callejuelas olvidadas, me pierdo en direcciones desconocidas. Atravieso portales, plazoletas, viaductos, parques, barrios marginales…No puedo evitar el conocer y explorar nuevos lugares.
Mis amigas me dicen que estoy loca. Ellas prefieren esperar largo tiempo una guagua o simplemente probar con una “botella”. Yo sigo a mis pies. Dejó que se desplacen y avancen. Los dejo libres, dejo mi suerte a su andar.
No me gustan las colas –creo que a nadie-. Tampoco la espera. Y no dudo en librarme de una larga espera en una cola de parada, si mis piernas me responden. Solo para alcanzar una determinada distancia estimable, tomo algún transporte de ruedas en mi Matanzas. O cuando el agotamiento es inaplazable y en ese momento por azar parase el ómnibus.
A veces me cansa caminar tanto, sobre todo en el verano, cuando el sol me debilita y maltrata mi piel. Pero después del cansancio por los kilómetros recorridos siento que llegué a la meta. Es una sensación de plenitud, de comprobar que tienes el dominio de tus piernas y cuerpo, que puedes guiarlos hasta donde te plazca.
En mis intentos de evadir la misma ruta diariamente, de tratar de no dejar marcas por donde camino, de evitar los mismos rostros, me percato que hay un puente que no puedo dejar de pasar. O quizás si pueda, pero sería rechazar un puente para ir a la conquista de otro. Es que irremediablemente mi ciudad la atraviesan ríos y está rodeada de puentes.Ese puente es el Sánchez Figueras.
Entonces es cuando quisiera volar o tener cerca el bote de mi papá para cruzarlo y no tener que pisotear a ese puente centenario. Ya perdí la cuenta de cuantas veces lo he transitado. Me siento impotente de no poder arribar a mi casa sin poder tomar otro sendero. Deberían existir cientos de puentes paralelos, para que mis pies escogieran cada día por cual caminar.

Marcelo y su guitarra


La brisa del mar se mezcla con su voz. Marcelo Martínez canta para sobrevivir y esta sobrevivencia le da vida. Nació en Matanzas en el municipio de Calimete y desde 1952 se mudó para Cojimar.

A sus 78 años continúa rayando las cuerdas de su guitarra. Pero sus manos no son las de antes. Le tiemblan. Le impiden tocar. Por eso pide disculpas a su público continuamente. Parece que el mal del Parkison lo carmome.

Pero no siempre fue así. Marcelo conformó un grupo musical y durante 25 años regaló su música tradicional cubana, sin que las manos le temblaran. Ahora Marcelo permance en un sillón de ruedas. Sus piernas inamovibles le impiden caminar sobre la acolchonada suela de sus desteñidas zapatillas Nike.

Más no se da por vencido. Cuando observa el arribo de visitantes aparece. Coloca sus muletas en el piso junto a una pequeña cesta y comienza a cantar. Se debe a la música. Tal vez también al mar. Mientras canta algunas monedas caen. Aunque Marcelo más que monedas lo que necesita es sentirse acompañado, escuchado, vivo, al menos durante los minutos que dura una canción. (Foto: Claudia Zamudio Mainou)




La pesca

En una tarde de julio los pescadores lanzaban sus varas en la bahía habanera. La carnada de su pesca sería para obtener la carnada de nuevas pescas. Buscaban sardinas en la bahía. Pero los peces escaseaban. Las sardinas escaseaban. Y ellos vanamente se afanaban en lanzar sus varas.
Una y otra vez lanzaban su suerte al mar. Para algunos la pesca es su vida. Para otros su vida depende de la pesca. Los pescadores pasaban las horas en el muro del malecón. Sus vistas se perdían en las profundidades.
El tiempo implacable despedía al sol. El mar se engullía al sol, lentamente y los pescadores seguían probando suerte. Para ellos pescar no es ensartar un anzuelo con un trozo de pescado y arrojarlo al mar. Pescar significa esperar, compartir, conversar, hacer amigos, salir de casa, reir, hacer bromas pesadas, volver a sentirse niño, llevar el sustento a sus hogares, la proteína a sus hijos.
Los pescadores se purificaban con el salitre que se les pegaba en el rostro, tras las salpicaduras del agua pura. Respiraban un aire fresco. Se fumaban un cigarro, tomaban un ron intragable que en compañía sabía mejor. No importa la edad, el sexo, la raza para ellos pescar es la forma abstracta de alcanzar la libertad.











GENTES

Gente que sonríe. Gente que camina. Gente que juega. Gente que canta. Gente que sufre. Gente que lucha. Gente que sueña. Gente que pesca. Gente que navega. Gente que piensa. Gente que descansa. Gente que bebe. Gente que se hunde. Gente que pinta. Gente que conmueve.
      
Gente sonriente, gente caminadora, gente jugadora, gente cantora, gente sufrida. Gente luchadora, gente soñadora, gente pescadora, gente navegante, gente pensadora, gente descansada. Gente bebedora,  gente hundida, gente pintora, gente conmovedora.


Gente que sonríe con inocencia. Gente que camina sin rumbo. Gente que juega hasta el cansancio. Gente que canta para mantenerse viva. Gente que sufre la soledad de la vejez. Gente que lucha el pan de cada día. Gente que sueña sueños imposibles. Gente que sobrevive pescando. Gente que navega por primera vez en Internet. Gente que piensa en un mundo mejor. Gente que descansa hasta cansarse. Gente que bebe en desmedida. Gente que se hunde en su propia sombra. Gente que pinta rostros ajenos.

Gente que conmueve al que presiona el obturador. Gente. Simplemente gente. Gente inocente, pícara, sincera, corriente, ilusionada, lastimada. Gente. Simplemente gente.














La catedral del helado

Cientos de cubanos asisten diariamente a ¨la catedral del helado¨ habanero. Acuden para disipar el calor que envuelve a la Isla el año entero. Inmensas colas los anteceden. Ya el cubano está adaptado a las  colas. Las colas sobran en Cuba y no es que quieran hacerlas, sino que es la opción más económica para sus lánguidos bolsillos. Más placentero sería sentarse en una heladería particular con aire acondicionado a deleitarlo.

Pero ya sabemos que la realidad de las masas es otra. No es solo el calor agobiante, es también el tiempo perdido. El segundero del reloj pasa velozmente y los segundos se convierten en minutos y los minutos en horas y las horas en colas. Colas en las que si estás en el horario donde el sol arremete más intensamente, hay que descomponerla y  refugiarse, con suerte, bajo la sombra de algún árbol. Lo otro es que en todo ese tiempo se está de pie.

Cómo se le dice a un niño que espere, que aguante sus deseos de tomarse unas bolitas de helado. Cómo se le dice a una anciana que espere de pie, media hora o más para que pueda sentarse unos minutos a engullírselo.

Pero este post no se trata de las colas, ni del calor, ni de la incómoda espera. Se trata del HELADO porque si al final de toda la cola, todo el calor y toda la espera, uno llegara y lo atendieran como es debido y le sirvieran como es debido, todo lo antes pasado se olvida.

Sin embargo, es todo lo contrario. Existe un menú que nunca ofrece las opciones que presenta. A veces entras imaginando que tomarás chocolate y te sorprenden con un naranja-piña. La dependiente -siempre apurada y con mala cara- va a anotar el pedido, solo te pregunta por cuántas ensaladas quieres. Es una camisa de fuerza, solo ensaladas, en la mayoría de los casos ensaladas de un solo sabor.

Digamos que obviamos esos pequeños detalles por el deseo de refrescar el paladar y quitemos otros, como que no te sirven el agua o te la ponen en la mesa sin ninguna cortesía. No sé si Diego y David, pasaron por esos percances cuando se conocieron en Coppelia. Supongo que  no formaba parte del guión de la película.

Hace pocos días fui a la famosa catedral del helado, pasé las colas, el calor, la espera. Todo seguía igual que años atrás cuando en mi época universitaria cada semana iba a tomar helado. Solo que esta vez fue indignante, pedí dos ensaladas. Cada ensalada se compone de 5 bolas, de un total de 10 bolas que me llevaron, si se unían no formaban 5. Una señora que estaba a mi lado, le sucedió igual, se molestó, le dijo a la dependiente que eso era una falta de respeto. Y la dependiente como si con ella no fuera.

Además se derretía a una velocidad inusual. Creo que le faltaba algún ingrediente. Escuché un comentario en el salón, que parecía que le añadían agua y luego lo ponían a congelar. Un colega, coterráneo me dijo que fue y la fresa, sabía a guayaba. Ya nada me extraña. Solo me entristece que esto suceda. 

Mi tío que hace muchísimo tiempo no va, guarda gratos recuerdos. Me ha contado del rico sabor del helado coppelia, de la variedad de sabores, de cómo disfrutaba ir cuando estudiaba. Y yo me cruzo de brazos, no sé si dejar que en su mente quede ese imaginario de coppelia o si lo despierto y lo invito nuevamente en una tarde cualquiera. Creo que mejor le dejo aquellos recuerdos de lo que fue y no es. Mientras, seguiré chocando con la dura realidad de tomar helado, a la espera de que cambié en algún momento.

Besos

(Beso robado, del fotógrafo francés Robert Dosineau)
Besaré mucho. Y con pasión. Donde todos me vean. Besaré siempre como si fuera la última vez, o como si me marchara a la guerra, o como el día antes de entrar a la cárcel, o al manicomio, o al cementerio.
Los malos besos no debieran llamarse así. Se les podría decir choque, o roces, o intercambios de saliva, pero si la vida no se te va entre los labios, no has besado nunca. Y a la larga, no has vivido.
Besaré otras bocas, sin escrúpulos. A cualquier hora. Temprano o tarde. No olvidaré las mejillas. Ni la frente. Ni las manos. No obviaré tampoco las plantas de los pies. Besaré en público tanto como en privado. Lo bello no merece ocultamiento.
Besaré al precio que sea necesario. Aunque invierta la reserva de moral. Pecaré, mentiré, traicionaré si es preciso, pero nunca dejaré de hacerlo con pasión, como si se me fuera la vida entre los labios. Esa es mi única amnistía. (Publicado originalmente en La Letra Incómoda)



La carpeta secreta

 Ahora puedo reír recordando aquellos pasajes que describe la periodista Yirmara Torres en su blog Pedazo de Cuba, cuando en aquel tiempo lo que quería era llorar. Comparto el texto.

Manuel=Manuel, también ≠

Hoy por coincidencias de la vida llegan a mi dos escritos sobre mi libro. Primero fue la escritora Leidi Fernández de Juan en la Jiribilla, ahora el colega Arnaldo Mirabal en su blog Revolución, me ha sorprendido con este texto que no puedo dejar de compartir. Gracias Arnaldo a ti también por las palabras.

Hace cuestión de unos minutos acabo de zamparme de un bocado el libro de mi colega Lis García donde se acerca a la vida de ese grande de la caricatura cubana que es Manuel Hernández.

Apenas unas horas me bastaron para terminar la obra, y no se trata de mi avidez por la lectura ni de que sea breve el texto, pero cuando cae en las manos uno no se puede despegar, nace una especie de adicción repentina y quieres conocer cada nuevo testimonio sobre ese hombre tan sencillo y genial.

En un centenar de páginas la autora logró recoger parte de la vida de este matancero natural del Valle de Guamacaro, donde nació y a donde vuelve una y otra vez desde sus cuadros y piezas de cerámica.

Siempre habrá que aplaudir la decisión de Ediciones Matanzas de incluir en su colección el trabajo de Diploma de la joven Lis, quien se va haciendo un nombre propio en el periodismo matancero, tras cerrar con broche de oro el 2014, al alcanzar el Premio en el Concurso de Crónica celebrado en Cienfuegos; para irrumpir en el 2015 entregándonos esta joyita, sin mayores pretensiones que descubrir la esencia de un artista multipremiado, quien desborda sencillez y llaneza por cada poro de su piel guajira.

A partir de testimonios de familiares, colegas y amigos, logramos conocer lo que de la voz de Manuel quizás nunca obtendremos. De ahí que se agradece la decisión de la autora, y sus horas de desvelo, junto a los malos ratos como cuando después de grabar al Maestro durante horas, casi pierde todo el trabajo de la jornada. Pero el resultado final premió el esfuerzo. Un libro que nos regala a un artista de carne, hueso y jocosidad, y que cada periodista del patio, o matancero en general agradecerán.

A lo largo del libro se escapará más de una carcajada estridente por los disímiles sucesos que allí se narran. Un Manuel ingenioso a todo momento, que lo mismo aterriza en Bulgaria para recibir el Gran Premio de Oro en la Bienal Internacional del Humor y la Sátira en el Arte, que recorre una Candonga angolana, o surca el Atlántico en una barco pesquero, donde recibirá la noticia de que será padre. Sin embargo, se deja claro que donde más placer sentirá es en su natal Guamacaro, volviendo a las aguas del río Moreto.

Quiero insertar aquí un breve testimonio que me sucedió hace algún tiempo y que solo se lo he contado a Waldo, su hijo.

Mi primer trabajo publicado en el periódico Girón como graduado trataba sobre el Día del Trabajador Agrícola. Yo quise contar la historia a partir de la pintura cubana, comparando los campesinos sufridos que afloraron en la vanguardia pictórica del siglo XX, con los guajiros de rostros felices de Manuel. Nunca olvidaré la pluma de cierto funcionario del MINAG garabateando mi trabajo, porque según él, “no era necesaria tanta palabrería”. Eso es lo peor que le puede suceder a quien empieza.

Por suerte días después me topé con el Maestro en una actividad de la Upec, y tras colocar su mano en mi hombro, con una escueta frase agradeció el intento, y me preguntó si había consultado el ensayo de Ambrosio Fornet, lo cual me sorprendió, porque era cierto, fue cuando supe de sopetón que Manuel era además una excelso intelectual, pero sin ínfulas de nada. Desde entonces es mi amigo, aunque sé de antemano que en nuestra amistad nunca abundarán las palabras.

Estoy seguro que del Manuel se podrán seguir contando historias y filmando documentales. Hace algún tiempo me compré un cortaúñas con sus guajiros felices, y ahora tengo un libro que le entregaré para que me lo dedique y así presumir un poco. Palabra que este Premio Nacional de Periodismo y del Humor no conoce. Y lo único que no me gusta del ejemplar es que no lo escribí yo.

Manuel=Manuel, siempre Manuel

Este texto lo escribió la narradora cubana Laidi Fernández de Juan en la Jiribilla. El amigo y colega Norge Céspedes lo compartió conmigo y yo lo comparto con ustedes en mi blog. Agradezco mucho a la escritora Laidi por las palabras.

Una vez más, Ediciones Matanzas obsequia el tesoro de un libro bien cuidado, con el sello particular del extraordinario diseñador Johann Trujillo, aunque el reto fuera inmenso: un cuaderno dedicado en textos y dibujos al mayor humorista gráfico de Cuba de los últimos 50 años (y más, me atrevo a decir). La periodista Lis García Arango realizó uno de esos trabajos que merecen gratitud eterna: indagó sobre la vida y el quehacer de Manuel, recopiló informaciones entre amigos, familiares y colegas, hasta conformar una exquisita galería de testimonios a la que se añaden, claro está, imágenes de algunos de los dibujos humorísticos y fotos personales del maestro.

Que Manuel es el paradigma del humor gráfico cubano no es sorpresa para nadie, pero que se recojan en vida tantos criterios sobre su obra, y al mismo tiempo se ofrezcan de forma amena, sin ínfulas ensayísticas de tal vuelo que resulten incomprensiblespara el gran público, sí es digno de reconocer. Supe que Manuel no asistió al lanzamiento de su libro “Manuel = Manuel”, programado en la FIL de La Habana, con lo cual, según Jape (uno de sus más férreos admiradores, cuyo testimonio aparece en el libro) comentó que se trataba de un curioso hecho, porque era algo así como “Manuel sin Manuel”, algo típico de la modestia del hombre cuyo arte, al decir de la crítica Adelaida de Juan comunica inmediatamente algo que a nosotros nos interesa, esa capacidad grande de encontrar el tema, comentarlo como nosotros quisiéramos haberlo comentado y plasmarlo en un dibujo de una manera que nunca fue hiriente, con gracia, con gran vigencia, tocando puntos cardinales de la vida cotidiana del cubano de la época.(p.78)

Además de la familia inmediata de Manuel (cuya valoración es justa, a pesar del elemental lazo afectivo), opinan muchos artistas de variada naturaleza, como el narrador Leonardo Padura, el periodista Enrique Núñez Rodríguez, el crítico Alejandro Alonso, la ceramista Isabel Gimeno, el pintor Nelson Domínguez, la poeta Carilda Oliver, el dibujante Juan Padrón, entre otros, y claro está, sus compañeros de trabajo, sobre todo aquellos que tuvieron la oportunidad de disfrutar de su compañía y del magisterio que sin querer prodigaba Manuel. Ares, Adán Iglesias, Jape, Laz, Pitín, todos ofrecen la admiración y el respeto hacia quien (también sin proponérselo) ha obtenido importantes reconocimientos. Cuando leemos su larga lista de Premios, no queda más alternativa que rendirnos ante su proverbial sentido de la humildad: Gran Premio Esopo de Oro, Medalla Pablo Picasso, Premio Nacional de Periodismo José martí, Premio Nacional del Humor, y su nombre figura entre los cien mejores caricaturistas del mundo del siglo XX.

Me gustaría destacar un nombre de entre los testimoniantes, porque se trata de otro de los grandes, sin cuya evocación hubiera resultado incompleto el retrato de Manuel, y la historia del humorismo gráfico cubano: Alberto Morales Ajubel, conocido por su apellido materno. Este excelente dibujante, radicado en España desde hace muchos años, no tuvo reparosen reverenciar a quien considera uno de los gráficos más agudos e inteligentes que haya conocido:Cuando me refiero al DDT, digo que poseíamos talento menos él, que era el genio del grupo. […] Le estoy agradecido por la generosidad con que compartió sus conocimientos yel ofrecimiento de su amistad. Soy mucho Manuel, porque en mi estructura, en el andamiaje de mis experiencias, está Manuel (pp.63, 64)

Los siete capítulos que conforman “Manuel = Manuel” permiten no solo el acercamiento a esta gran figura, sino un recorrido temporal y temático de su obra, hasta llegar a la actualidad. Así, Añoranza de una época; Ilusiones encontradas, Elevando el vuelo, Memorias de DDTeros, Visionando el mundo, De vuelta a los orígenes y el Testimonio Gráfico, a la manera de una estructura arquitectónica, permiten el soporte sobre el cual se erige la mejor radiografía que hasta el presente se haya realizado sobre el inmenso creador que no asistió al lanzamiento. Quizás no hizo falta verlo de cuerpo presente, tal vez su ausencia forme parte de su inagotable caudal de chistes, porque ya se sabe, Manuel es como sus dibujos, y disfrutar de este libro es volver a sentirlo, pequeño y gigante, risueño y laborioso, siempre amado, y siempre medio escondido, aunque guarde en alguna gaveta el montón de medallas que ha ganado en su vida.

Marzo, 2015.


Un showman norteamericano graba en Cuba después de medio siglo

Conan O’Brien se ha convertido en el primer showman norteamericano que graba en la Isla después de más de medio siglo. A pesar de solo saber decir en español: “Hola, bienvenidos a Cuba. Soy Conan O´Brien”, las barreras idiomáticas no le impidieron realizar un late shows en La Habana.

Desde que Jack Paar, uno de los presentadores de The Tonight Show, entrevistó en 1959 a Fidel Castro, ningún moderador de los late night americanos había vuelto a grabar en Cuba.

Y ahora luego de tantos años y cambios en la política de ambos países, el pasado miércoles se transmitió un episodio de 75 minutos dedicado al país caribeño en uno de los programas más conocidos de la televisión por cable de los Estados Unidos.

El show se comenzó a grabar a mediados de febrero. La intención de O’Brien siempre fue “hablar con los cubanos y tratar de conocerlos” mejor. De ahí que el comediante recorrió la capital cubana para indagar sobre los estereotipos de la Isla y quiso ser el objeto de risas y burlas de los cubanos que lo miraban por la calle con extrañeza y asombro.

O’Brien suele incluir en su show nocturno entrevistas con famosos, músicos invitados y las bromas de su conductor. Pero en esta ocasión rompió con ese guión. Tocó con una banda de salsa cubana. Se apuntó en clases de baile para aprender salsa y rumba. Intentó -sin éxito- aprender español. Visitó el Museo del Ron y se emborrachó. También tuvo tiempo para fumar puros cubanos y tomar mojitos y daiquirís. Comió en paladares privadas. Paseó por el malecón y montó en coches clásicos estadounidenses y hasta en un Lada soviético.

Medios digitales le criticaron al presentador norteamericano que no abundó la situación política de la Isla. A lo que respondió en declaraciones a la prensa antes de la emisión del capítulo cubano que: “No quería adoptar un tono mordaz. Y no quería ser político. Quería ir como un comediante que se ríe de sí mismo y hace reír a los cubanos”.

Sin embargo, según el Diario El País, ni el mismo se atrevió a considerar su visita y el hecho de que las autoridades cubanas le permitieran grabar sin limitaciones como una muestra del cambio en la política bilateral, ya que otros, como Anthony Bourdain, un chef estadounidense devenido en presentador de viajes gastronómicos-culturales, grabó programas en Cuba antes del anuncio del 17 de diciembre para el restablecimiento de relaciones diplomáticas.

Aunque si bien existen diferencias entre ambos países, O´Brien declaró que compartimos muchas cosas en común y quizás enviar a un comediante sea un buen presagio.

Un millón de fórmulas cubanas rescatadas por norteamericanos

Un equipo multidisciplinario del Instituto de Investigación Tropical e Intercambio Ecológico, de Florida Keys, concluyó en febrero la fase final del proceso de digitalización del fondo bibliográfico del Museo Farmacéutico Ernesto Triolet de Matanzas.

“Se han digitalizado más de un millón de fórmulas contenidas en 55 tomos de los libros de asentamientos de recetas médicas, títulos de ejemplares únicos, libros de ciencia y etiquetas, aseguró Marcia Brito, directora de la institución matancera.

“El cambio al soporte digital se ha realizado en tres fases desde el 2014. La primera con los libros de asentamiento de recetas y parte de los caracteres generales de libros de la biblioteca, la segunda con los medicamentos y la tercera con los libros científicos para una mayor información y acceso a estos textos de valor incalculable”.

A la doctora norteamericana Christine Flanagan, con 24 años de experiencia en el trabajo con los museos, le impresionó “la calidad de la información que han digitalizado, la organización cronológica de los datos y la elevada significación para la historia de la medicina tradicional, no solo de Cuba sino del mundo”.

En los Estados Unidos toda esa información está dispersa, no como en este museo que agrupa y conserva formulaciones de medicamentos, a partir del uso de plantas medicinales, que datan del siglo XIX, precisó la doctora Mary Chambers.

Para el proceso de digitalización han utilizado cámaras digitales de alta resolución, luces básicas mediante bombillos electrónicos que no son de tecnología LED, sino de luz blanca intensa.

“Es un trabajo monótono porque hay que fotografiar hoja por hoja de cada libro, pero interesante porque hay libros que están muy dañados y esos son los que más me satisfacen hacerles fotos”, comentó el fotógrafo Alan Morgan, quien chequea siempre que la imagen esté bien tomada desde el principio para evitar usar después algún programa de edición fotográfica.

El equipo lo integran, además, Carolann Sharkey, directora del Instituto, los traductores Renier y Ricardo Rodríguez y los fotógrafos Linda y Bill Klipp, Eduardo y Orlando García, Benny López y Miguel Coyula.

Este proyecto de colaboración es financiado con los fondos que obtiene el Instituto norteamericano, a partir de las donaciones que realizan diversos sectores de la población en los Estados Unidos.

“Los especialistas no solo han aportado su tiempo, han obsequiado esta tecnología a la antigua Botica Francesa para que continuemos aplicándola en la conservación de los objetos museables. Han hecho un trabajo con un alto nivel de profesionalidad en la preservación de la historia y de la ciencia a nivel internacional”, opinó Marcia.

Entre las colecciones del Museo Farmacéutico se incluye un registro cronológico de más de 325 mil prescripciones escritas en los libros de asentamiento, recetas elaboradas en la botica desde su funcionamiento de 1882 a 1964, así como una biblioteca técnica con aproximadamente 200 volúmenes, que incluye centenares de ediciones únicas relacionadas con la Farmacia, la Medicina, la Química y la Botánica, en francés, inglés y español.

El museo ha sido visitado por más de un millón de personas en sus 50 años de creado y cuenta con alrededor de 48 mil etiquetas de productos medicinales y más de 500 mil piezas en sus colecciones.(Publicado en OnCuba)

Flamencos rosados en Guanaroca-Gavilán (+Fotos)

Los botes reposaban. Para llegar a ellos había que adentrarse antes en el refugio de fauna Guanaroca-Gavilán. Atravesar el sendero de las Güiras. Subir al mirador de rústicas tablas y observar el paisaje del área protegida.

Pescando en el Muelle Real

En una tarde de diciembre los pescadores lanzaban sus varas para probar fortuna. A más peces ganancia de pescadores. Pero los peces escaseaban. El mar reposaba. Tal vez en esa quietud e insoportable levedad dormitaban bajo sus aguas oscuras. 

Para ti en tu nuevo año


A veces va una por el malecón, corriendo. Observando el mar. Sintiendo la fresca brisa. Y apenas me doy cuenta que existe un muro, un puente, una calle. A veces va una por el malecón y la compañía de algún desconocido me acecha. Entretenida, se me acerca un hombre, sin pedir permiso. Me sigue en el ligero trote unos segundos. "Hasta aquí llegó el viejito", se despide, tras colocar en mis manos una hoja escrita. A veces va una así, corriendo por el malecón, "como pudiendo enamorar la nada, y el milagro aparece en una acera".
No sé su nombre, ni siquiera recuerdo su rostro. Solo atesoro un papel con estas letras escritas.

Para ti en tu nuevo año
"Que en este nuevo año la magia sea tu mejor traje, tu sonrisa el mejor regalo, tus ojos el mejor destino y tu felicidad mi mejor deseo.
Cuando un sueño se cumple, un pequeño duende esboza una sonrisa:
Que en el próximo año tus duendes no dejen de sonreír.
Que en este fin de año la lluvia de la felicidad te sorprenda con la sombrilla rota y salpique a todos los tuyos.
Que en este año nuevo recibas un paquete de sonrisas envuelto en papel de felicidad y atado con cintas de amor para que te duren siempre.
Te deseo 12 meses de prosperidad, 52 semanas de alegrías, 365 días de éxitos, 8760 horas de salud, 525600 minutos de suerte y 31 536000 segundos de amor".

Todo nació de un basurero

A 30 pies de profundidad Ortelio se perdía de la vista de Yami. Bajaba a las 9 de la mañana y subía a las 3 de la tarde. Con pico en mano cavaba un pozo ante la sequía. Yami desde arriba pensaba que se le moriría en el abismo del hueco oscuro.

Nueve años antes de este suceso, ocurrido en el 2004, se conocieron Ortelio Aguila Alfero y Yamilia María Favia. Él se enamoró de la joven mulata. Ella arrancó con sus tres hijos y se fue a vivir a su casa. El hogar de tablas colindaba en las fronteras de un barrio marginal y un basurero en Camagüey.

Ellos abandonaron sus puestos en oficinas y trámites del transporte donde trabajaban juntos para dedicarse a la vida en el campo. Rescataron un pedacito de tierra en el vertedero, consiguieron unas vainas de habichuelas y las sembraron en nueve surquitos. De esas semillas germinaron los primeros frutos. Luego se lanzaron a la conquista de la basura y la desidia.

Cierto día, cansados de que la yerba les rozara las rodillas, decidieron hacer una calle. Pues todo era marabú crudo y piedra. Se “pegaban” duro al trabajo hasta que la noche los alcanzaba. No tenían días feriados.

Bautizado como el “tiradero”, por la recién finalizada novela brasileña Avenida Brasil, de allí aprovechaban todo lo inimaginable.

Yami recogía las bolsas de yogurt, les echaba tierra y cultivaba plantas ornamentales. En los embalses de nylon preparaba, además, árboles frutales para hacer viveros. Escardó mucho. Le gustaba adornar el lugar. Por eso cuando veía algún gajo que le gustara lo pedía o se lo llevaba a escondidas.

Para hacer puré de tomate, tomaban las botellas sucias, las lavaban y las reciclaban para utilizarlas como embase. Colaban la pulpa con un aro de bicicleta rescatado entre los escombros, al cual le añadían una maya.

Usaban las chancletas que otros desechaban. Las botas de tanto usarlas se rompían y con un machete caliente las pegaban. A ella nunca se le olvidará cuando su hija Yirka, en pleno Período Especial, no tenía zapatos para ir a la escuela primaria. La niña quería un par de zapatillas y Ortelio le dijo que tenía que ganárselas.

Yirka empezó a sembrar en un cantero lechuga. Lo que conllevó a que la llamaran lechuguita por sus compañeros de estudio. De esta forma recibió un dinero por la siembra y no solo se compró un par de zapatillas por 9 pesos cubanos, sino que le alcanzó para comprar una frazada de piso para limpiar.

En 1997 inauguran la Cooperativa de Créditos y Servicios Fortalecida 1ro de Enero con los mínimos recursos y sin ganar un centavo. Y otra vez el basurero los ayudó. Toda la documentación inicial la realizaron del papel que extrajeron de los vertederos.

Ortelio en aquella época hacía de presidente, comprador, administrador, custodio y Yami en varios puestos a la vez porque no tenían para pagarle a ninguna persona.

Al pasar el tiempo ingresaban y guardaban el dinero en el banco. Así, poco a poco se fueron haciendo de capital para invertir y fortalecer el negocio emprendido.

Actualmente producen toneladas de alimentos para la población, destinan toneladas de miel anual para exportar y poseen varios contenedores de carbón.

Sus ingresos oscilan entre 20 a 40 mil pesos mensuales en una cuenta corriente, con lo cual pagan un salario decoroso a los campesinos que laboran para ellos.

Sin embargo, para alcanzar lo que tienen hoy el camino no fue fácil. “Me decían que estaba loca, la gente se burlaba de nosotros. Los créditos, autorizos y papeleos eran interminables. Pero nunca nos dimos por vencidos”.

Ya la podredumbre se extinguió. Ellos desmontaron con sus manos un gran depósito de desperdicios. Ya el marabú y los desechos no les impiden avanzar. Ahora Ortelio y Yami salen cogidos de manos a recoger sus tierras sembradas. Y no olvidan que todo nació de un basurero y unas semillas de habichuelas.


(Publicado originalmente en OnCuba)

#AyotzinapaSomosTodos los blogueros cubanos


Blogueros cubanos de la Comunidad Blogosfera Cuba manifiestan su solidaridad con los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa, México. #AyotzinapaSomosTodos y Blogosfera Cuba lo manifiesta en este video. #Niunomás: la vida se respeta. El narcotráfico no es la solución para los problemas de ninguna sociedad. El culpable es el Estado. (Tomado del blog Tremendo Explote)

Llueve en mi ciudad

Hace días que no sale el sol. Los días son grises. El cielo opaco aprieta a las nubes. Estas lloran y nace la lluvia.

Hace días que solo llueve. De tanto llover todo está mojado. La ciudad se inunda. Será que no cesará de llover nunca. Quizás un gran diluvio se acerca para desaparecernos. Habrá que inventar una barca al estilo de la Noé.

Habrá que buscar parejas para cada especie. Montarlas en la embarcación y escapar. O solo observar a lo lejos como la ciudad se desvanece con la lluvia y arrasa con todo a su alrededor. Ya ha derrumbado algunas casas. Alguien ha muerto. Una señora de 64 años fue la elegida.

De tanto llover se le vino encima el techo de su propia morada. Pienso en que ella pudo ser mi abuela. En sus ojos cuando el concreto la acechaba inconteniblemente por la fuerza de gravedad. En sus manos cubriéndose el rostro. En sus gritos, en su llanto. En el desmoronamiento de un cuerpo que sucumbe.

Pienso en el breve instante del desplome. Sin tiempo para correr. La pienso encerrada entre paredes, aplastada. Tirada en el suelo. Cubierta entre escombros. Muerta. Sencillamente muerta, a causa de la lluvia. 
 

Yo me quedaré bajo la lluvia. Y con los pies mojados me perderé en las aguas de algún río de mi ciudad. En la barca que naveguen otros.
                  
                  

El vuelo de las gaviotas (+Fotos)


Las gaviotas revoletean sobre el mar. Alzan el vuelo. Baten sus alas contra el viento. Bajan en contrapicado en busca de algún pez. Algunas se mantienen sobrevolando. Otras descansan sobre los viejos pilotes que quizás sirvieron para amarrar barcos en un muelle ya desaparecido. Otras caminan sobre la orilla del risco.  El escenario: Playa Santa Lucía, en Camagüey.

Las gaviotas adornan esta playa. El paisaje natural lo convierten más pintoresco y armonioso. Quizás el escritor norteamericano Ernest Hemingway cuando recorría en su yate El pilar estas aguas vio gaviotas. Quizás las gaviotas lo acompañaron en sus correrías de caza o pesca o en su búsqueda de submarinos alemanes durante la II Guerra Mundial. Quizás las gaviotas lo inspiraron a escribir su novela autobiográfica Islas en el Golfo.

Quizás yo también descubrí gaviotas. Seguí sus pasos, su vuelo. Quizás yo quise volar con sus alas y ellas me enseñaron que se puede volar sin alas. (Texto: Lis García. Fotos: István Ojeda)



La visita

Toca a la puerta. Nadie espera.

Entra.

Adentro alguien duerme. Los ronquidos inundan la habitación, la cuartean, la laceran con un eco molestoso. Las paredes rechinan por el espantoso ruido.

En el interior muebles empolvados. Las telarañas cubren las esquinas; el hollín las lámparas del techo y los adornos.

Una mugre empaña el piso: engomado, sucio. La costra en los balancines de los sillones se siente pegajosa. Viejos cuadros desteñidos, virados.

Un gato descansa sobre un cojín en un sofá desvencijado. Todo es austero. Las cortinas opacan la luz del sol. Abandono. Soledad.

Avanza.

En la cocina abre el refrigerador. Solo hielo y unos pomos vacíos. En el piso residuos de comidas descompuestas. En un plato leche cortada y carne con gusanos. Tal vez para el gato.

Llega al cuarto. Ya los ronquidos enmudecieron. El reloj marca la medianoche. El ventilador echa aire caliente. Un cuerpo yace en la cama. No se mueve. Sus ojos hacen muecas.

Sale.

Nadie supo su nombre. Nadie vio. Nadie habló. Solo silencios mudos, tras ronquidos ensordecedores  escucharon sus adioses.