Frío

El frío se cuela por cada poro de mi piel. Inmoviliza mi cuerpo. Me penetra, sin mi permiso, sin mi autorización.
 

Arruga mis manos. Impide el deslizamiento de mis dedos por el teclado. El frío no me deja hacer ni ser yo. Y como añoro ser yo o al menos la idea que tengo de mi yo.

Mis abrigos huelen a guardado, a viejo. No he tenido tiempo de lavarlos. Quizás sí, pero soy vaga. Al dormir mis sábanas se pegan a mi piel. Por las mañanas no puedo o no quiero despegarlas. Me sobra cama. Me regodeo en el espacio vacío de un colchón frío. Y es que hoy todo me sabe a frío. O será falta de calor humano.
 

En invierno soy quebradiza, frágil. Mi sangre se congela. Me asusta convertirme en un ser frío, con mirada fría, con sonrisa fría, con palabras frías, con letras frías, con cerebro frío.

¿Y si mi corazón también se volviera frío? Creo que estallaría de tanta frialdad.

Ahora tiemblo. No soporto el frío.

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