Abstracción



He mirado en tus espaldas la inquietud de aquella niña adulta con ímpetus de volar en el viento. Tus alas parecen cortas para iniciar tan audaz vuelo entre un dejo de nostalgias. La vida avanza contra el tiempo. 


Ilusión de explorar, de amar, de reír, de llorar...de andar el mundo sin restricción, sin tapujos, sin apuros. Vuelves tu mirada al mar sereno, y solo queda aquel horizonte eterno que no marca nada, solo te da nostalgia. El destino se hace eterno. No llega. No arranca. Desespera. Y en tu espalda se vislumbra la nostalgia de una espera que no llega. (Autor: Carlos Mejías)

Gracias a Carlos por estas palabras inspiradas en esta fotografía. Las comparto con ustedes. Espero que les gusten al igual que a mi.

Manuel entre guajiros

Un lienzo petrifica la intensidad de un pasado imborrable cubierto de ensoñaciones y retazos de texturas omniscientes. El barro renace en las brasas del fuego. Visiones autorreflexivas en consonancia con un yo interno y una casi fiera voluntad de retorno envuelven la obra de la plástica de Manuel.

El sorprende e inusitado contraste de los colores del campo, junto a los tradicionales guajiros cubanos con sus sombreros de paja y guatacas, en su arte, lo develan a la primera ojeada.

Con trazos inequívocos que delinean rostros uniformes, caricaturescos, Manuel evoca al “guajiro” de antaño, a guajiros felices, al guajiro empozado en el valle Güamacaro, al  niño guajiro que fue y al guajiro hombre que es.

Los orígenes, el principio, la génesis entretejen las fibras del paisaje campestre en figuras desbocadas de utilidad doméstica y matices de modernidad. Figuras que nos hacen sonreír y nos placen y al mismo tiempo.

El campo lo ata en un absurdo inexplicable, sin qué sepamos cómo ni por qué. Es el conciliador del sentimiento de propiedad sagrada que se impone al olvido de la naturaleza súbita de un campo desbordado de expresividad que sonríe en los soportes al que traspola la imagen.

La calidad estética de la pintura y cerámica de Manuel se desprende de formalismos y convencionalismos. Delata la sensibilidad despierta y la mirada como vuelta hacia la raíz de su propio ser en una fiebre pasional de búsquedas y reencuentros.

El dominio técnico del tratamiento del color atezado de paletas suaves y frescas, con predominio de verdes y azules se yuxtapone en una síntesis de líneas ágiles y creativas.

La mirada de Manuel es una oda al campesino, a la naturaleza. Naturaleza y hombre que petrifica en  los diferentes soportes y formatos en que realiza su obra estética. El registro del paisaje refrescante sellado por los signos de tierra adentro y de cubanía lo inclinan a la sencillez de lo natural como afirmación de su memoria.

El modo de hacer de Manuel posee una  marca de origen que proyecta con autenticidad. Manuel es una figuración de lo que crea, es él mismo atrapado en el lienzo, renaciendo cada día de la tierra.

La sal de la Tierra

Todo comenzó en Aimores, una pequeña ciudad de Brasil. Se escuchaba un murmullo de 50 mil personas dentro de un gran agujero. El murmullo del oro en esas almas. Ruidos humanos, mezclados con los toques manuales.

Transportaban sacos que escogían al azar. Subían con ellos a sus espaldas 50 o 60 veces al día. La única forma de descender un plano inclinado era corriendo porque si te parabas, te caías.

Nadie era esclavo de nadie. La esclavitud era ser rico. Y para hacerse rico, se necesitaba encontrar oro. En la mina escogían un saco en el que podría o no haber oro. Ese saco escondía la libertad. Se jugaban la independencia.

Esas fueron algunas de las escenas que fotografió Sebastián Salgado en las minas de oro de Brasil y que forman parte de la historia de la humanidad. Estas imágenes son desgarradoras y muestran una realidad desconocida que de no ser por este viajero inquieto y sensible al sufrimiento ajeno, seguiríamos sin percibirla.

El documental de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado, titulado La sal de la Tierra, muestra las pericias de Salgado, quien con gran sensibilidad captaba con su lente las interioridades de la condición humana. Conflictos internacionales, hambruna, migraciones.

Salgado viajaba a los lugares más recónditos de los cinco continentes y convivía con todo tipo de personas, siendo uno más, padeciendo, sufriendo y siguiendo los pasos de la humanidad en continua evolución. La sal de la Tierra cuenta la historia de cómo pasó de ser un fotógrafo social mostrando las más grandes miserias humanas, los más grandes crímenes contra la población, las luchas por poder, dinero y territorio de pueblos y países enteros a realizar lo que Salgado considera su mayor obra "Génesis", la cual es una oda a la naturaleza y a la creación.

Es un audiovisual para salvaguardar porque contiene fotografías de valor y belleza incalculable y nos deja un legado de que todo cuanto el hombre se proponga en la vida lo puede alcanzar.

Estuve, estoy, ¿estaré?


Estuve en la lluvia, en un(os) poema(s), en Borges, en Cortázar, en Pizarnik, en el entierro de un poeta, en una canción, en un pomo de mayonesa, en las palabras, en la escritura, en una película, en el lado oscuro del corazón, en una mañana, en una tarde, en una noche, en una ventana, en un chat, en una llama, en la ducha, en el celular, en el gmail, en una foto, en un blog, en la cachaza del otoño, en SEO, en un dominio .org, en un piano, en un teclado, en una guitarra, en un parque, en una reunión, en un acorde, en una mano, en tres dibujos, en una casa, en un riñón, en un cuarto regado, en un tubito, en una sonrisa, en una lágrima, en un gorrito de navidad, en un tiempo, en un muro, en un perfil, en una vida, en una flor, en una muela, en La Habana, en el malecón, en un baile sexy, en un disparo, en una moringa.


Estoy en una ilusión, en un sueño, en una fantasía, en un hechizo, en un sentimiento, en una añoranza, en una impotencia, en un pensamiento, en una idea, en un recuerdo, en una órbita, en una ausencia, en una incertidumbre, en una sensibilidad, en un miedo, en una nada, en una confusión, en una sensación, en una distorsión, en un vacío, en un misterio, en una duda, en una distancia, en una mirada, en una lejanía, en una emoción, en una curiosidad, en un enigma, en una contemplación, en un ideal, en un valor, en un límite, en un subconsciente, en una sombra, en una energía, en un vicio, en un fantasma,  en un anhelo, en una intermitencia, en una nostalgia, en una penumbra, en una añoranza, en una pupila, en un párpado cerrado.


¿Estaré, estaré,
estaréééééééééééééééééééééééééééééééééééééééééééééééééééééééééé?
¿Tienes la respuesta? Yo no la sé. Pues estoy, sin estar y estaré en todo y a la vez no estaré para
nada.                                                                                                                           

                                                                                                                                           

Community Manager en Cuba

Un Community Manager es aquella persona que posee el conocimiento necesario para gestionar, moderar y desarrollar cuentas o perfiles profesionales de empresas o instituciones y que realiza un trabajo de mercadotecnia para posicionar la marca de una empresa o resaltar el prestigio de cualquier institución para que gane en seguidores, compradores, lectores según el fin de la misma en su comunidad virtual.

En Cuba los Community Manager (CM) en su mayoría son improvisados. No presentan una preparación guiada e intencionada sobre el verdadero trabajo en las redes sociales. Por lo general, los CM solo comparten los trabajos y aprueban y responden a determinados comentarios. No se identifican con la identidad del medio ni son capaces de generar un contenido original y creativo que llame la atención del internauta y se fidelice con lo que promociona desde la plataforma digital. 

En ocasiones hay confusión acerca de las funciones que debe realizar un CM. Cualquier persona no está capacitada, no basta con que tenga perfiles en varias redes sociales, esta persona debe tener un mínimo de habilidades de marketing online, publicidad y comunicación, así como dominio de las tecnologías digitales.

El desarrollo de los Community Manager en Cuba lo veo a pasos lentos pero con esperanzas porque las nuevas generaciones de nativos digitales ya se gradúan con otras nociones más abarcadoras del universo digital y se interesan más por este mundo. Existe un poco más de competencia en este sentido.

Las administraciones públicas y/o empresas cubanas no le brindan la adecuada importancia a esta labor, de hecho ni siquiera conciben esa plaza en muchos casos, ya que la consideran innecesaria, pues piensan que con un editor editor web es suficiente. Las administraciones públicas que dirigen los medios de comunicación, a veces, menosprecian ese nuevo rol del Periodismo Hipermedia, siguen atados a los viejos principios del periodismo tradicional. 

La diferencia es enorme con las instituciones privadas, no porque tengan más dominio del quehacer del CM o porque tengan más tecnología, sino por la motivación y el interés personal de que su negocio prospere y sea conocida su marca, de vender más, tener más visitantes, etc.

Realmente el trabajo en redes sociales es insuficiente y poco efectivo, pues no se proyectan estrategias para redes sociales según la política editorial y las características del medio.

Primero hay que pensar en las marcas, muchas empresas ni siquiera tienen una buena imagen, o una marca que las identifique adecuadamente. En ocasiones la señalética, logos, etc, de las empresas contienen pésimos diseños y esto a la larga repercute en la labor que debe realizar el CM, pues si todos los elementos de la imagen no son agradables a la vista, no podrá alcanzar el éxito total el CM. 

A Cuba le falta mucho camino por recorrer tanto en casos individuales como desde la generalidad y es necesario ocuparse y no preocuparse, ya que la competencia a nivel mundial es muy fuerte. En Cuba se pueden hacer muchas cosas en materia de redes sociales, son plataformas que atraen a los jóvenes  y hay mucho talento desperdiciado que se puede potenciar.

Lienzo de mujer que espera



Esperanza ha perdido la esperanza. Solo quedan finas hebras esperanzadoras que huelen a encuentros y regresos. Cuarentona o cincuentona, cubana, madre, esposa, pobre. Esperanza Águila del Llano refleja a una sociedad desacralizada, a una generación perdida con sueños apagados por un periodo especial latente.

Esta mujer se va consumiendo en la decadencia. Su vida transcurre en una lucha constante por sobrevivir y aunque el tiempo le ha pasado la cuenta no se detiene en el absurdo que la rodea. Ha padecido hambre, angustias, dolor. Ha renunciado a sus esencias.

La emigración la ha golpeado, la separación de sus seres queridos la ha minimizado a la soledad de una casa vacía. Es un ser humano abandonado, sin propósitos, metas, todo se reduce a la espera de su hombre, su hija, su felicidad opacada.

Aferrada a su hogar, a su tierra permanece estática en una simbiosis de recuerdos figurativos de un pasado que pasó. Y a pesar de sus tormentos y escaseces mantiene sus convicciones y su cubanía.

Es arriesgada, habla sin restricciones con total libertad. Grita a los cuatro vientos sus penurias, sueños y pasiones porque necesita ser escuchada. No teme a los policías. Vive de escribir cartas que nunca serán contestadas, cartas que invocan un presente de carencias y nostalgias.

El actor Jorge Luis Lugo encarna a Perancita, personaje con el cual explota el humor inteligente y llama a la reflexión sobre problemas reales. Desde que aparece en escena, el espectador se sumerge en los avatares y la frustración de la que es presa esta mujer. Ríe y hasta llora con las situaciones verosímiles con las que se siente identificado.

Esta obra no es la simple representación de una mujer, es la estampa de un  país, de un momento histórico que sigue golpeando a muchos, de heridas que aún permanecen abiertas, del desgarramiento de una nación. Es un lienzo descolorido en el que se dibuja en blanco y negro la turbulenta cotidianidad de familias que se han despedido con un adiós eterno.

Máscaras

Todos los hombres llevan máscaras. Máscaras invisibles que se esconden irremediablemente tras un rostro. Máscaras construidas desde dentro para guardar apariencias y que los otros vean lo que queremos que se vea. Máscaras matizadas con hipocresía para semejar a un yo inexistente.

Todo es tan figurativo, tan falso que te pierdes en los interminables tipos de máscaras. Existen máscaras sonrientes cuando las entrañas se encuentran en guerra; máscaras pintadas de dolor para dar el pésame sin sentir o mientras en el interior sopla un vendaval, decir estoy bien. Máscaras hay para cada hombre y circunstancia.

No se tratan de las máscaras de las comedias o tragedias griegas, tampoco las de la serie de cómics de V de Vendetta o la que usaba Jim Carrey en su célebre personaje de superhéroe, conocido como The Mask.

Más bien son máscaras reciclables para la ocasión. La máscara empleada por el miedo a quedar mal o al ridículo es una de las más buscadas. Esta máscara es empleada para encubrir defectos y alcanzar por todos los medios el agrado de los demás. Sin dudas, funciona al inicio, aunque solo es cuestión de tiempo que vaya cayendo. Al final todas las máscaras elegibles desaparecen.

Todos en alguna ocasión la hemos usado, pero no se recomienda. Su función es ocultar una parte de los rostros, una parte de nosotros. Pero ¿qué máscara nos ponemos cuando nos acecha la soledad, cuando somos nosotros mismos y nadie nos observa?

Mejor vivir sin máscaras, sin pretensiones. Dejemos las máscaras para el teatro, la opera o las fiestas de disfraces. El punto de partida es aceptarnos tal cual somos.

Del humor y otras “boberías”

“El humorismo gráfico cubano tiene más de un siglo de existencia. Cada época de la historia de Cuba ha sido testigo de una manera particular para el desempeño de la caricatura. Creadores y publicaciones periódicas se han sucedido y el público directo de estas es quien mejor ha sabido ciertos datos que en la actualidad tal vez estén un poco olvidados.”[3]

Por eso decidimos referirnos a El bobo de Abela, porque aunque se ha escrito mucho sobre este personajillo, nunca están de más unas frases sobre un dibujo tan único y quién sabe si en las páginas escritas alguien lo descubra por primera vez u otros que ya lo conocen se emocionen con alguna frase. Así los más jóvenes podemos ser cómplices de un momento histórico que aunque no nos tocó vivir, es también parte de nosotros.

Tenemos como objetivo que aquellas personas que decidan estudiar la obra de este pintor no desechen al caricaturista que fue porque “un artista constituye una personalidad integral. Ignorar la actividad de Abela cari­caturista equivale a no comprender del todo el carácter de su obra pictórica, a subdividirla en compartimentos estancos de manera artificial.”[4]

Aunque estamos en el principio cabe decir que El bobo fue un emisario de la opinión cívica, este se convirtió en la herramienta satírico ideal con el que afrontar la dictadura de Gerardo Machado. Por otro lado Abela fue un indagador de las esencias cubanas, autor de Guajiros, El caos y de Los novios, que nos miran desde una pared del Museo Nacional de Bellas Artes.

En busca de una definición

Para comenzar lo más conveniente es delimitar que es caricatura y que no lo es. La palabra caricatura proviene del vocablo italiano caricare que significa exageración.

La caricatura puede ser considerada un retrato donde el autor distorsiona la apariencia física de una persona; esto lo hace, generalmente, de forma humorística. También en ocasiones se muestra un defecto moral a través de la deformación de los rasgos, buscando siempre la comicidad. Esta ha encontrado en la prensa escrita el lugar preciso donde desarrollarse y evolucionar. En el tiempo ha sido la herramienta predilecta por algunos para la sátira político-social y la propaganda, pero también para el cómic.

Algunos consideran a los primeros dibujos de los niños, caricaturas, porque estos desfiguran la realidad, la exageran, la deforman. Estos primeros esbozos del mundo percibido por un infante no deben mirarse como una caricatura porque uno de los primeros requisitos de este recurso gráfico es la intencionalidad, es decir que para que un dibujo o una pintura sea una caricatura debe haberse pensado con este fin.

Cabe señalar que existen divergencias en cuanto a señalar los inicios de la caricatura. Algunos remontan los orígenes a los dibujos realizados en las cuevas por nuestros antepasados, al respecto Juan David expresa “otro error semejante repiten quienes estiman el arte rupestre como incipiente manifestación de la caricatura. Es cierto que los primeros artistas del género humano hallaron soluciones con líneas que se alargan en ritmos inusitados, curvas ágiles, síntesis pletóricas de vitalidad. Aquello pudo ser el descubrimiento del poder expresivo de la línea, pero no de la caricatura, pues parece que nuestros antepasados estaban aún por iniciarse en las sutilezas del humor. Datos recientes confirman el criterio de que tales pictografías solo tenían significación mágica, de invocación a fuerzas desconocidas o dioses ignorados, pobladores del imaginativo mundo del hombre primitivo.”[5]

Otros sitúan sus comienzos en el siglo XIV en Bolonia, en la escuela de arte fundada por los Carracci, donde sus estudiantes hacían retratos de los visitantes con formas de animales u objetos inanimados, aunque estas imágenes humorísticas eran solo para uso privado y casi nunca eran satíricos y maliciosos.

A pesar de esto lo cierto es que la caricatura hace sus mayores conquistas a principios del siglo XX “cuando se produce una subversión de las normas clásicas, al iniciar la pintura un período caracterizado por la voluntad de expresarse en imágenes no convencionales. Para hacerse de un nuevo lenguaje, experimentó con todo lo susceptible de transformarse en medio artístico. En la textura caricatural halla abstracciones figurativas que, al ser tomadas en préstamo, adquieren una nueva condición y posibilitan expresar con sentido del humor los dramáticos temas de nuestro tiempo.” [6]

Según la Enciclopedia Ilustrada Europea “es una representación plástica de una persona o de una idea, interpretándola voluntariamente bajo su aspecto ridículo o grotesco. Artísticamente estriba su fuerza en la preponderancia de los elementos característicos de la persona o cosa representada. Sus medios de expresión son la escultura, la pintura, y más comúnmente el dibujo; su derechos en arte, los mismos de la sátira y lo burlesco en literatura. Con frecuencia, aclárese la idea del dibujo con inscripciones o cortas leyendas que precisan la intención satírica del artista. No es necesario que la idea que ha motivado el dibujo sea la de ridiculizar a una persona o a una cosa, para corresponderse entre las caricaturas.”

Por otro lado para Jacinto Octavio Picón es “la sátira dibujada, la sustitución de la frase por la línea, es la pintura de lo defectuoso y lo deforme, que señala y castiga con el ridículo los crímenes, las injusticias y hasta las flaquezas de los hombres. Es, quizás, el medio más enérgico de que lo cómico dispone, el correctivo más poderoso, la censura que más han empleado en todo tiempo los oprimidos contra los opresores, los débiles contra los fuertes, los pueblos contra los tiranos y hasta los moralistas contra la corrupción”.[7]

Partiendo de la Enciclopedia Digital Ecured la caricatura y el dibujo realista se reconocen como el tipo de imagen periodística más antigua de que se tiene referencia. Desde sus inicios fue una manera de mostrar exageradamente a personajes o hechos. Tenía como objetivo dar a conocer un mensaje, una idea, la mayoría de las veces sarcástica.

Teniendo en cuenta los conceptos antes planteados llegamos a la conclusión de que se llama caricatura al esbozo de una expresión gráfica y artística que exagera y distorsiona los aspectos físicos de una persona, de un objeto o un lugar con un sentido humorístico. Esta tiene como propósito mostrar pictóricamente la opinión del autor.

La hora de las clasificaciones

La escritora Evora Tamayo plantea que en el humor la mayoría prefiere hablar de si es bueno o malo y no dividirlo en categorías, pero a pesar de eso con el transcurrir del tiempo se han ido imponiendo disímiles divisiones en género y la caricatura no ha logrado escaparse. Esta escritora habla de cuatro grupos: la caricatura editorial o política, la cual es reflejo de los hechos nacionales e internacionales cuyos efectos alcanzan a todos; la costumbrista que se refiere a expresiones propias de un país, región, o grupo étnico típicos; la personal en donde se muestran los rasgos físicos, personales y psíquicos que detonan la personalidad de quien es representado y por último el humor en general que abarca los aspectos que no son referidos en los otros tres géneros.

Por otro lado en la Enciclopedia Digital Ecured se muestra otras tipologías aunque encontramos puntos de contactos con las planteadas por Evora Tamayo en tres de las clasificaciones (editorial o política, costumbrista y personal). Veamos ahora cuales son los aportes nuevos: caricatura social es en la que se expresa a una determinada sociedad sea en plan de crí­tica, burla o chanza, y tiende a representar a una serie de personajes en situaciones de la vida contemporánea; caricatura polí­tico-social esta categoría surge porque existen momentos en los que es sumamente difí­cil clasificar una imagen como caricatura social o política, desde el instante en que lo representado critica una situación social, que a la vez también es un fenómeno polí­tico, hace que la diferencia entre estos dos subgéneros desaparezca; caricatura simbólica este tipo de caricatura representa a un objeto determinado que dentro de un contexto especial adquiere una fuerte carga política o social; caricatura festiva aquí la caricatura es alegre y desenfadada, buscas sólo la comicidad como fin, utilizando para ello la caricatura de personas u otros objetos contemporáneos; caricatura fantástica es aquella que recurre a lo fantástico con el fin de poder reflejar una idea.

La historiadora del arte Marisol Trujillo, divide al dibujo humorístico en dos grupos y tiene en cuenta para ello los objetivos que cumplen: el circunstancial y el intemporal. En el primer caso habla de que este es el resultado de “un comentario de la cotidianidad. Trata casi siempre de atrapar una anécdota, una noticia o una burla que se afianza en el decir popular”[8].Elsegundo no parte de una circunstancia determinada, pues “su punto de referencia va a estar ubicado en una zona irreal, producto de la imaginación del artista”[9].La licenciada expone además otra manera de clasificar la caricatura esta se da en relación a la apariencia que adquiere el dibujo. En este caso “puede ser parodia cuando se yuxtaponen personajes o puede resultar simbólica cuando en la imagen está implícita la representación de una idea, una raza o una nación”[10].

Historia, prensa y caricatura por un mismo camino

La llegada del siglo XX a la isla significó la ruptura con un pasado colonial del que no queríamos saber nada; lejos estábamos de imaginar que el futuro que se acercaba no sería muy diferente de lo que intentábamos borrar, seguíamos siendo colonia, solo cambiamos de colonizador. A pesar de esto la prensa del país se vio beneficiada con el advenimiento del siglo.

Se introdujeron nuevas técnicas para la producción e impresión de textos e imágenes; se instaura la libertad de prensa y de expresión, que se proclamó en la Constitución de 1901, el artículo 25 decía así: “Toda persona podrá libremente, sin sujeción o censura previa, emitir su pensamiento, de palabra o por escrito, por medio de la imprenta o por cualquier otro procedimiento; sin perjuicio de la responsabilidad que impongan las leyes cuando por alguno de aquellos medios se atente contra el honor de las personas, el orden social o la tranquilidad pública”[11].

Seguirían dos décadas de desarrollo donde cada medio iniciaría una carrera tortuosa para alcanzar lo último en la técnica. Así se introdujo en el país el linotipo, modernas máquinas rotativas de impresión de dos cilindros que trabajaban con rollos de papel continuo, a esto se la suma la entrada del fotograbado, que aumentó la calidad de la reproducción de imágenes. Todos estos adelantos tecnológicos fueron traídos por empresas norteamericanas, dentro de su plan de exportación a la isla.

Este vertiginoso desarrollo propició que a la llegada de los años veinte los medios impresos cubanos ocuparan un papel principal dentro del Sistema de Comunicación, las empresas periodísticas marcaban las pautas de la comunicación en Cuba. Se dará en esta década además el renacer en la isla de las inquietudes revolucionarias, las cuales se acentuarán con la instauración de la dictadura machadista en el año 1929. Comienza entonces a manifestarse una posición de rechazo en amplios sectores de la sociedad, lo que será reflejado en una buena parte de la prensa.

En este momento jugará un papel fundamental la caricatura política, esta denunciará la situación de crisis socioeconómica en que se encontraba el país y tomará partido contra el gobierno, el Bobo de Abela será un símbolo de esta lucha desde las páginas del diario La Semana. En este periódico trabajaron importantes caricaturistas y dibujantes: García Cabrera, Salomón Ferrufino, José Hernández Cárdenas(HER-CAR), Arroyito, Francisco Vergara, Carlos M. Piedra, Mario Kuchilán, Francisco Barsó y Enrique Riverón.

La caricatura alcanzó auge después del año 1925 cuando se descubre el alcance de esta y el interés que generan en el público, por lo que las empresas lo vieron como algo rentable. A partir de entonces los periódicos le destinan un lugar privilegiado, por lo que cada autor buscó una forma de expresar lo que sentía y de manera inteligente se logró burlar a la censura para decir lo que de otra manera no hubiera sido posible.

Las principales empresas periodísticas cubanas del momento eran: el Diario de la Marina, servidora de los intereses de la burguesía criolla y de la colonia española; El Mundo, que fue la primera empresa periodística cubana; El Heraldo de Cuba, subordinado por completo a los intereses machadistas poco después de iniciado su mandato; El País, creado en 1923 por Alfredo Hornedo y que consiguió ubicarse en poco tiempo dentro de las preferencias del público; El Día, que estaba bajo la dirección del comandante Armando André, que tenía una posición antimachadista. También se destacan La Lucha, La Discusión, La Tarde, La Prensa, Mercurio, El Sol, El Heraldo, El Siglo, El Imparcial.

Estos grandes diarios tenían en su mayoría características similares, eran de gran formato, aproximadamente 60 por 45 cm, el número de páginas oscilaban entre seis y treinta. Todos utilizaban las técnicas más modernas y poseían gran variedad en su contenido.

Otra de las características en común de la prensa era su carácter empresarial, al ser esta un negocio necesitaba ser rentable, por lo que tenían que recurrir a diversas fórmulas para alcanzar esta rentabilidad, entre ellas se encuentran las suscripciones, la venta de espacio en las páginas a anuncios clasificados y la publicidad introducida en sus páginas.

Cabe señalar que a pesar de todo, la población no tenía un gran contacto con los diarios por los altos índices de analfabetismo que existían en el país. Por esta razón “el papel de la gráfica y la fotografía dentro de este tipo de publicaciones fue decisivo en su establecimiento como medios realmente populares. No se trataba sólo de proporcionar a la gente un compendio de las facetas más atractivas e interesantes de la vida, sino de ponerlo a su alcance, de hablar en su propio idioma, y en este sentido, la ilustración y la imagen resultaban, para una buena parte de la población cubana, mucho más accesibles que los textos. De igual modo, contribuían a dotar a las publicaciones de una presentación mucho más sugerente y llamativa, a convertirlas en un lindo artículo que era agradable poseer”[12].

Un pequeño paréntesis para la Semana

El 7 de octubre de 1925 marca el inicio de un nuevo período para el periodismo humorístico cubano, ese día se inaugura La Semana. Esta publicación estuvo bajo la égida de Sergio Carbó y pertenecía al Partido Conservador, pero desde sus inicios se declaró como “un periódico sin filiación política, pero eso sí, netamente criollo. (…) Será para los cubanos de todos los partidos. Escucharemos todos los quejidos de San Antonio a Maisí, sean liberales o conservadores los que griten, trasmitiéndolos a aquellos que puedan remediarlos, y aplicaremos el látigo de una amable crítica sobre las carnes sensibles de los que, desde el pescante o en el camino, entorpecen la marcha del carro republicano”[13].Esta revista fue un combatiente sutil y mordaz contra la dictadura de Machado y esto lo alcanzó gracias al humor. Sus páginas estuvieron llenas de vida, picardía y humor socarrón. A través de ella el público encontró una salida ante la desilusión.

Las secciones de La Semana estaban delimitadas por sus funciones. Cada semana Carbó publicaba un editorial en Majaderías del Director, donde se trataban temas del acontecer nacional que nada tenían que ver con los hechos que anunciaba la prensa oficial. Aparecía también Chistes Malos y Oposición de Altura aquí se mostraban chistes, caricaturas y décimas enviadas a la revista y no había un tema en específico, estos eran de la más diversa índole. Por otro lado aparecía Bombos Pagados que era la fuente de ingresos de la publicación. Tenía dieciséis páginas de gran formato, aunque en algunas ocasiones llegó a tener veinte. Costaba cinco centavos por lo que la mayoría de la población pobre tenía acceso a ella y si eras analfabeto entonces te encontrabas con los dibujos.

En sus páginas “la caricatura tenía no solo una misión de higienización nacional, sino que cumplía una labor cívica-cultural, introduciendo en las masas el cosquilleo de la preocupación. Convertida en instrumento de combate, la caricatura satírica se hizo más dura, más feroz en la misma medida que el gobierno agudizó sus desmanes. La Semana ayudó con su obra al renacer del pueblo a la lucha.”[14]

Sin lugar a dudas esta publicación de la república usó a la caricatura como arma, en sus hojas se publicaron temas que no eran de conocimiento público; allí se mostró que el humor es la mejor opción cuando la crítica seria no funciona. Machado tuvo que cargar con esta piedra en el zapato durante un buen tiempo.

Quizás estas características propiciaron que en sus páginas naciera uno de los protagonistas más ilustres del humorismo cubano: El Bobo. “Cada mañana, el Bobo de Abela, personaje característico de la revista, asomaba su figura para contar, con elegancia y rencor, los últimos escándalos políticos, las últimas víctimas, los últimos fraudes.”[15]

El Bobo de Abela

El caricaturista Juan David nos cuenta que el origen de este personaje está en un cartel realizado por Abela para promocionar en salón de humoristas. Sobre el personajillo comenta “era el busto de un hombre un tanto raro y enigmático, de cara muy mofletuda y con un chambergo colocado a la manera de los artistas bohemios. Eso era lo que se apreciaba a primera vista. Pero la expresión del tipo era tan indefinida como intrigante, y esto provocó los más contradictorios comentarios sobre el cartel, hasta que alguien descubrió el enigma: la cara del hombre era la parte posterior de un torso de mujer. Así quedaron explicados los mofletes y la expresión indefinida.” De este cartel El Bobo pasó a las páginas del periódico La Semana y reapareció en el año 1926. Se le volvió a ver con el característico bigote, carirredondo, gordinflón, pantalón ancho, sombrero de pajilla, todo un personaje de su tiempo. En múltiples ocasiones se le vio acompañado del sobrino, con su característico traje marinero o al padrino. Y al lado de ellos, la figura de Martí y la bandera cubana, siempre presentes, símbolos que mostraban su cubanía. Hay otros símbolos que resultan en estos tiempos de más difícil interpretación, pues pertenecen a aquella época, ejemplo de ello son la bufanda arrollada al cuello como muestra de que “no trago”, no acepto; la vela encendida, afirmación de rebeldía, pero también representaba la esperanza del pueblo de que un futuro mejor era posible, así la vela podía presentarse apagada, fláccida, de dimensiones enormes, según el estado de la política en la isla.

“El Bobo era el disfraz que se había hecho Abela para decir ciertas cosas que entrañaban peligro. Por eso no fue nunca un muñeco petrificado, estaba apoyado en un carácter voluble y mutable de ser humano. Se movía, pensaba, sentía, como si Abela le hubiese prestado nervio y vísceras. De ahí que no pudiera ser espectador inanimado, historiador sin resortes, a la manera del Liborio que dibujara Ricardo de la Torriente. Él hacía historia cuando recorría el paisaje vegetal y político de Cuba para decir cosas sutiles que parecían disparos con silenciador, protegido por una rara estampa de ingenuidad. Nada más aparente, había andado mucho, sabía de la vida, conocía los sabores de la fruta bomba y las habilidades de ciertos cubanos para «coger mangos bajitos». Prototipo de su tiempo, vio la frustración republicana de romántica a idealista manera. Por eso llevaba consigo el símbolo de la frustración —nuestra bandera— portándola como si fuese el honor salvado. De esa curiosa y original manera convocaba a la ciudadanía al combate, sin que nadie pudiera acusarlo de «meterse en camisa de once varas.”[16]

En este período la censura impuso la necesidad de un idioma en clave, tanto para hacer referencia a un ambiente general como a circunstancias muy precisas. Por lo que el caricaturista tuvo que crear un lenguaje que fuera capaz de pasar a los censores pero que a su vez fuera entendido por el público, de esta forma se lograba crear un mundo donde los objetos que venían a poblarlo eran seleccionados con sumo rigor, por lo que no había cabida para las nimiedades. Esto lo hacía estar siempre alerta, captar la frase de moda, reinventándoles nuevos sentidos a las expresiones comunes; con estas condiciones había que lograr una correlación única entre el diálogo y el dibujo.

“A cambio el público dejó de ser un receptor pasivo. Aprendió a enriquecerse con lo que se le entregaba. Lección de modestia y lección de sabiduría. De esta manera el mundo de las apariencias se confunde con el panorama familiar de los objetos cotidianos. Bajo la ingenuidad del acercamiento primero oculta múltiples relaciones que se establecen a través de la inteligencia y de la sensibilidad, que se expre­san mediante el rigor y la poesía.”[17]

En el caso de El bobo, Abela logró a través de la reiteración de algunos símbolos una relación única entre los lectores y él, hasta el punto de que en cada nuevo número se lograba establecer el estado de ánimo y de opinión del pueblo con relación a la situación política.

Este hombrecillo poco común que se hacía “el bobo” por pura conveniencia – así lograba pasar a los sensores- no estuvo exclusivamente en las planas de La Semana sino que se dejó ver en los medios impresos que convivían en esta etapa, así su figura estuvo presente en El Diario de la Marina e Información.

Entre 1926 y 1934 el Bobo fue uno de los portavoces de la lucha contra Machado. Quizás este bobo no tan bobo fue además un profeta caído en esta tierra donde las esperanzas habían dejado de existir; en una ocasión regresó fracasado de la manigua y la preguntan “¿Y allá queda alguien más?” “Sí, responde, la salvación.” A la caída del régimen dejó de existir y su existencia aunque corta, ocho años, fue fructífera. Su creador le rindió homenaje en algunas ocasiones posteriores, ejemplo de ello fue cuando en el año 1959 lo representó con barba y vestido de verde olivo.

El Bobo de Abela fue una caricatura llena de cubanía, representante de un anhelo nacional que supo exponer con un humor sano, sin saña. La obra iba casi siempre publicada sin un texto y cuando aparecía era bastante corto, con una función explicativa muy sucinta. Tuvo tanta empatía con el pueblo que era suficiente una seña, una mirada, para expresar una idea.

Sin lugar a dudas “en ese singular modo de decir las cosas, reside la fuerza y trascendencia de Abela. Humor original, sin equivalentes entre los caricaturistas de su tiempo. Ninguna afinidad con la cultivada acidez de Rafael Blanco, ni tampoco con la angelical sofisticación de Massaguer. Acaso encontramos algo de su sal en ciertas caricaturas de Hernández Cárdenas (Her-Car), pero en nadie más. Tampoco tiene lazos comunes con el choteo, sátira directa producto de la ciudad y que conduce al relajo. Abela no ridiculizó a nadie, tenía la picardía y la calma campesina de saber esperar buenos tiempos para la mejor cosecha. Como él, su humor venía de tierra adentro. De allá trajo la mirada inquisitiva, vigilante, el humor sin veneno, como de hormiga brava que pica y luego levanta ronchas; la socarrona manera de soslayar obstáculos. La ciudad solo le dio la cultura que buscaba. En la integración inteligente de estos factores, reside el secreto poder de Abela, el caricaturista.”[18]

En pocas palabras, este hombre consiguió lo que dice una frase popular: una imagen puede decir más que cien palabras.

¿Quién fue Eduardo Abela?

La mayoría de los autores marcan el comienzo de las vanguardias artísticas en Cuba en el año 1927, se da en esta etapa todo un movimiento de renovación en las artes. Las artes plásticas influenciadas por estos aires de renovación tuvieron un papel protagónico. Dentro de este período de renovación la primera promoción plástica considerada vanguardista se caracterizó por la oposición y el abandono a los códigos expresivos existentes en la Academia de San Alejandro. Esta a su vez estuvo movida por una conciencia nacionalista, que estaba molesta por la situación social. Sus integrantes proponían un arte de nuevas morfologías y propósitos culturales, donde se buscaban renovar temáticas y encontrar otras soluciones formales; indagaron y representaron lo nacional, pero desdelo cotidiano, lo popular. A esta generación de pintores pertenece Eduardo Abela, pero su historia no se inicia aquí sino un poco antes.

Abela nació en San Antonio de los Baños en 1889. En sus primeros años trabajó en labores relacionadas con la preparación del tabaco; en “la elaboración de ese producto destinado a sibaritas aprendió sin dudas el amor a la obra bien realizada, el amor a los objetos que pueblan el mundo y también el amor del nuevo objeto, la obra de arte que sale de la mano del hombre”[19].

Años después marchó a la Habana para estudiar pintura en la Academia de San Alejandro, pero había que ganarse la vida por lo que encontró su medio de sustento en el periodismo. Su vida estuvo desde entonces marcada por estas dos ramas. A finales de la década del 30 crea el estudio libre para formar pintores y poco tiempo después marcha a Europa. Allí termina de consolidarse como pintor y regresa a Cuba.

En su cosmos “el hombre encuentra su sitio, porque la desesperanza, el caos, no son más que apariencia, cosa pasajera. La ironía, vestida de ternura, es una forma de aproximación que expulsa la violencia -“hay que ser civilizado”-. La grandilocuencia, la vana palabrería son también apariencias y un cuadro de pequeñas dimensiones, dotado del máximo de significación, puede alcanzar la fuerza expresiva de un mural. Todos esos elementos aseguran la unidad interna de la obra pictórica de Abela. La búsqueda de verdades esenciales caracteriza su realismo.”[20]

Abela encontró en el humorismo una vía para romper el aislamiento, para adquirir un lenguaje efectivo y depurado. En este sentido su experiencia fue única, logró alcanzar una mayor seguridad en la eficacia del propio lenguaje. En su mundo la angustia no tuvo cabida. La lección del Bobo ofreció al pintor otra vertiente provechosa, la verdad es una, pero tiene más de un rostro.

El bobo muere en 1934 y Abela encuentra en la pintura un nuevo refugio, por lo que su obra se hace una sola, se complementan el caricaturista y el pintor, hasta lograr un “lenguaje que ha ido evolucionando con el tiempo, respondiendo siempre a una necesidad orgánica. Detrás de esos modos, la unidad de la obra no se pierde. Un ejemplo de humanismo que se traduce en el característico equilibrio entre ternura e ironía. Un ejemplo de arte en el rigor y la exigencia de la lucha por una expresión siempre adecuada. Un modo personal de decirnos, de manera explícita en las caricaturas del Bobo y más sutil, en su obra de pintor, un aspecto de nuestra reciente realidad republicana.”[21]

Fue cónsul del gobierno cubano en Milán. Entre 1942 y 1952 desarrolla labores diplomáticas en Guatemala y México. Muere en La Habana en 1965.

Ya pasaron los tiempos del bobo de Abela, aquellos años han quedado atrás. No se podrá tener en las manos nuevamente una ejemplar de La Semana acabado de salir de la imprenta, no se logrará manosear las hojas en busca de un gordito con mostacho que venía a contar lo último que había sucedido en el acontecer nacional, teniendo como su única arma la picardía.

Pero este un artista logró enseñar que el humor inteligente puede mover conciencias. Y a pesar de esa “aparente dicotomía que había en Abela: al gran pintor que fue, le disgustaba que el caricaturista resultara más conocido. Dijo que la pintura moderna se salvaba por su humor. Su última obra le da la razón. Llena de sugerencias y aparentes casualidades, los primeros intentos aparecen como modelo. Al final, concilia la caricatura con la pintura”. (Por: Lis García y Yailín Alicia Chacón)

Citas bibliográficas:

[3]Visión de la caricatura cubana desde los estudios. Artículo de Axel Li. Consultado en http//www.lajiribilla.cu/, el 25 de mayo de 2011.

[4]Graziella Pogolotti: El camino de los maestros. Versión digital.

[5]Ibídem. p.13.

[6]Ibídem. p.15.

[7]Picón, Jacinto Octavio: Apuntes para la historia de la caricatura, en Revista de España, Madrid, 1877, p. 30.

[8]Trujillo, Marisol. La caricatura y el 68, en Revista de la Universidad de la Habana, año XXXII, No. 192, edición extraordinaria, oct.- dic. 1968, p. 177.

[9]Ibídem. p.178.

[10]Ibídem. p.179.

[11]Fragmento del artículo número 25 de la Constitución Cubana del año 1901.

[12]Amaya Trujillo, Janny: “Las publicaciones en los primeros años de la República”.En C/A: Comunicación y sociedad cubana. Selección de lecturas. Ed. Félix Varela, La Habana, 2003, p. 122.

[13]La Semana, 7 de octubre de 1925, página 5.

[14]Juan, Adelaida de: Caricatura de la República, Ediciones Unión, 1999.

[15]Ibídem.

[16]David, Juan: La caricatura: tiempos y hombres, Ediciones La Memoria, 2002.p.p. 75.

[17]Graziella Pogolotti: El camino de los maestros. Versión digital.

[18]David, Juan.La caricatura: tiempos y hombres, Ediciones La Memoria, 2002. p.p.75-76.

[19]Graziella Pogolotti. “El camino de los maestros”. Versión digital.

[20]Ibídem.

[21]Ibídem.

Dilemas históricos de la izquierda en América Latina

Daniel Rafuls inicia su artículo Gobierno, poder y alianzas: dilemas históricos de la izquierda en América Latina comentando que existe un debate acerca del concepto de izquierda. Por un lado están los que creen que existen varias izquierdas que tienen niveles de radicalismo según sus habilidades para reformar o superar al sistema social capitalista. Por el otro los que piensan que la izquierda son un conjunto de fuerzas que presentan programas políticos propios antisistema.
 
Luego expone opiniones de diversos autores. Destacar la definición del investigador del Centro de Estudios Europeos de Cuba, Frank Álvarez, para quien: la izquierda se asume como ”un término referencial, surgido del curso de la práctica política con carácter histórico concreto.Generalmente con él se identifican las fuerzas progresistas y renovadoras, contestatarias del orden establecido, que pretenden renovar determinados valores básicos (ideológicos, políticos, éticos, sociales y económicos) de aquellos sistemas que ya no son representativos del avance, la renovación y el progreso social”.

Menciona el autor que  en el siglo XIX y el principio del XXI, el movimiento de izquierda a nivel mundial se desarrolló bajo la influencia de Revolución Socialista de Octubre de 1917, la cual representó el primer intento de transitar del régimen capitalista al socialista y estuvo dirigida por Lenin.

Esta revolución fue de trascendental importancia por el legado histórico que dejó Lenin, quien  enseñó a la izquierda de aquella época la importancia de distinguir los límites concretos de los conceptos Gobierno y Poder. Esto trajo consigo la aparición de nuevas formas de lucha revolucionaria para erradicar las contracciones colonia- metrópoli. A esta nueva ola emancipadora se unieron los países subdesarrollados, un lugar importante lo tuvo la región de América Latina.

Rafuls comenta que durante 1920-1930 se fortaleció el proceso  de liberación nacional, que estuvo  impulsado por  los campesinos, los obreros agrícolas, por el movimiento huelguístico y el movimiento por la autonomía. Para las dos décadas posteriores.

En Cuba la experiencia del triunfo de la Revolución demostró que la plena independencia no puede ser establecida por la clase burguesa y que es necesario acabar con el viejo aparato estatal para crear uno nuevo. Además evidenció que  la vía pacífica no era viable en un país como Cuba de transcendencia de lucha armada en la historia de su pueblo.
 
El ejemplo de la Revolución cubana en Latinoamerica, según este autor, presentó una expresión inconscientemente negativa, debido a que “en muchos casos el proyecto fue trasladado mecánicamente a países y regiones sin una consiguiente interpretación creadora que evitara desvirtuar no sólo la táctica política que posibilitó su aparición y desarrollo, sino el propio condicionamiento histórico del paso abrupto de un programa económico originario democrático-burgués a uno claramente socialista”.

Continúa el articulista particularizando su interés en algunos trabajos escritos que han abordado las nuevas condiciones en que se ha desarrollado el movimiento izquierdista. Cita los libros: La izquierda en el umbral del siglo XXGobiernos de izquierda en América Latina. El desafío del cambio y los artículos: Construcción del Poder desde abajo: Conceptos claves, de la socióloga argentina Isabel Rauber y Por una nueva estrategia política de la izquierda alejada de falsos mitos, escrito por el propio autor de este arículo.

Rafuls comenta que otra arista surgida de la izquierda son los movimientos sociales, los cuales  son “formas no tradicionales de expresión de masas, más o menos organizadas, (que fueron apareciendo en Europa ) y ya han sido trasladadas con notable fuerza en Latinoamérica  y que persiguen el objetivo de rechazar la globalización neoliberal actual”.

Expresa que estos nuevos movimientos sociales “funcionan como organismos o estructuras, cuyos miembros irrumpen en, ante, o contra los sistemas o instituciones vigentes, infundiéndoles a éstos, en muchos casos, golpes de significación positiva para los distintos segmentos populares”.

Sin embargo asegura el autor que “esas formas de expresión de la sociedad civil a pesar de haber alcanzando conquistas parciales importantes, escasamente logran articular sus respectivas luchas sectoriales en un proyecto de poder conjunto que se proponga un sistema social donde tengan cabida, no sólo la garantía constitucional de sus derechos específicos, sino su satisfacción práctica global sistemática”.

Daniel se refiere a los intentos y esfuerzos, desde hace alrededor de 10 años, realizados por la centroizquierda en aras de conquistar el gobierno. Menciona que a esta tendencia política se han circunscrito en Chile los partidos miembros de la Concertación por la Democracia,en Argentina el Frente por un País Solidario (FREPASO), en Brasil el Partido del Trabajo (PT) y en México el Partido de la Revolución Democrática (PRD), entre otros que, a excepción del PT brasileño, nunca han logrado conquistar el gobierno nacional.

“Las fuerzas de centroizquierda expresan sus aspiraciones de dos maneras distintas. Por un lado, intentan acelerar el proceso de acceso al gobierno a través de una alianza con el centro u otras fuerzas, cuya única aspiración es reformar el capitalismo. Consiguientemente, no asumen programas radicales en ninguna etapa de su desarrollo ni, lógicamente, creen en la necesidad de ser una fuerza hegemónica. 

El otro tipo de centroizquierda también acepta un acercamiento de las fuerzas más humildes hacia otros sectores sociales y de clase, pero con el compromiso de aplicar un programa democrático-burgués durante una primera etapa, sin renunciar a un proyecto de transformaciones radicales futuro ni a una clara hegemonía previa de las fuerzas populares”, explica Daniel.
 
Daniel Rufols expresa que las fuerzas revolucionarias en América Latina deben afrontar dos consideraciones. La primera es que deben aceptar el pensamiento de Marx y Lenin en cuanto a la necesidad de que “al obrero le era imprescindible aliarse a los campesinos e incluso, en condiciones menos favorables para sus propósitos, a sectores de la propia clase burguesa, no sólo por una razón de sobrevivencia elemental, sino porque sin duda, interpretando el conocido principio de Marx en su Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política, las formas superiores de socialización, no podían establecerse hasta que se desarrollaran “…todas las fuerzas productivas que caben dentro…” del sistema social que le precedió”.

En cuanto a la segunda consideración, argumenta que “consiste en identificar cuál es el enemigo principal contra el que hay que aliarse, y hacia qué aspecto del régimen que caduca es a donde debe dirigirse el golpe fundamental de la lucha”.

Termina este artículo con una definición de izquierda que para él es: “un movimiento tendencialmente político, compuesto por partidos, movimientos, y organizaciones de masas y sociales integrantes de la sociedad civil que, aunque proponen diferentes tácticas de lucha que van desde reformas del sistema capitalista hasta su superación radical, tienen el interés común de rechazar las políticas neoliberales actuales”.

Migajas de pan a la oruga

Otra vez esta batalla lenta que alimenta con migajas de pan a la oruga. Este despertar sublime de equívocos y dudas. De amaneceres con tu nombre tatuado en mi frente. De atardeceres pensándote. De anocheceres dibujando tu rostro con la luz de la luna. De besarte sin besos. De que me beses sin sentir tus labios. De imaginarme frente a ti, mientras me devoras con tu mirada.


Otra vez esta batalla lenta que alimenta con migajas de pan a la oruga. Este deseo insatisfecho. De no saberme plena en tus brazos. De no reír juntos. De no caminar a tu lado, tomados de la mano. De no recorrer tu cuerpo con mi cuerpo. De no poder hablarte de mis miedos y escuchar los tuyos. De dormir y no despertar abrazados, al menos por una noche. De no sentir tus latidos, tu respiración...


Otra vez esta batalla lenta que alimenta con migajas de pan a la oruga. Y la oruga sigue hambrienta. No se llena. Quiere llenarse con la fugacidad de un hombre de carne y hueso. Mientras lo espera, continúa alimentándose con migajas de pan.


Cerca de Frank Fernández

El piano Stairway and Songs, unas 200 sillas ocupadas y la Orquesta Sinfónica de Matanzas (OSM) lo esperan con ansiedad.Vestido todo de negro con un pañuelo rojo en su solapa a las 6:00 de la tarde del lunes 28 de enero, aparece puntual por detrás del escenario, solemne. El concierto en breve iniciaría.
Días atrás el compositor Frank Fernández llegó a los ensayos, atravesando el salón con un caminar presuroso. Usaba zapatos carmelitas, pantalón, pullover negros y encima una camisa de mangas largas azul oscuro, abierta de manera informal.La OSM ya había terminado y solo quedaba la parte con el Maestro.
 

En la sala había pocos espectadores. Las sillas estaban aglomeradas. Las diez o doce personas presentes se sentaron como podían. Frank se colocó junto al piano, orgulloso de haber gestionado su compra, en Hamburgo, para la Sala de Conciertos José White. Costaba 180 000 Euros, pero se logró en 57 000.
 

Mientras tocaba la Obertura Oberón, de Weber, indistintamente con la mano derecha se mojaba con saliva los dedos índice y del medio.
Colocó un pañuelo blanco, todo estrujadísimo en la parte interior del instrumento. A su izquierda, en el borde del teclado, sus espejuelos y un reloj de pulsera. Abajo, un pequeño pomo plástico con agua. Se volvió a mojar los dedos, esta vez se los secó con ese pañuelo que también desplazó por su frente y sus labios.


Continuó con los acordes de tan exigente obra de Weber. Señaló algo a los violinistas. Miró hacia arriba. Se concentró. Se levantó. Corrigió al clarinetista. Bebió agua.
 

Con rapidez, se humedeció con saliva todos los dedos de la mano izquierda y el índice y el del medio de su derecha, aunque tocó sin secárselos, como si de eso dependiera algo místico de su ser o de la sensibilidad con que se toca un Steinway Sons.
 

Luego elogió a los chelos. Estuvo al tanto de cada nota. Entrecruzó miradas con el director de orquesta Enrique Pérez Mesa.Elogió la acústica de la sala. Conversó con los músicos, periodistas y público. Aprovechó y comentó algo simpático que nunca olvida, vivido en la ciudad de Matanzas.
 

En la víspera de un concierto en el Teatro Sauto, hace más de una década, en un restaurante a la silla en que se sentó se le partió una pata, suceso que no impidió que tocara. Desde entonces esa pata, de aluminio y pintada de negro, es su amuleto, la cual lo acompaña como una batuta para sus nuevos empeños.Recogió su pañuelo, su pomo de agua, sus espejuelos y se colocó el reloj. Terminaba su jornada de ensayos.

El concierto en breve iniciaría. Sabe que lo aguardan. Yo también lo aguardo. La reapertura de la Sala White ya es un hecho con su interpretación de La Bella Cubana, de José White. En esta ocasión, coloca dentro del piano un cenicero con agua para humedecerse los dedos. Se prepara siempre como si fuera a debutar.
 

No usa partitura como los jóvenes músicos de la OSM. Es un experto. Solo los solistas con categoría internacional lo deben hacer así y a sus 71 años memoriza miles de notas a la perfección. 
 

De los 27 conciertos de Wolfgang Amadeus Mozart ejecuta ejecutar, ahora en vivo, el No 23 en La Mayor K. 488, I Allegro, II Andante y III Presto, y sonríe como en estado de gracia natural.
 

Sus manos, acróbatas del sonido, se desplazan, se entrecruzan y desnudan al teclado una y otra vez en su andar absorbente.
 

Junto a violines, violas, violoncellos, contrabajos, flautas, oboes, clarinetes, fagotes, cornos, trompetas, tuba, percusión, trombones, el piano que toca Frank resalta con el brotar de finas líneas melódicas.
 

Él desata fuerzas telúricas. Sacude las fibras emocionales. El piano es la extensión de su ser, un ser poseído que se metamorfosea y transforma todo en melodía. Sus acordes inundan la Sala, creo que el fantasma de White, debe danzar jubiloso.
 

Finaliza el concierto con sus composiciones del tema de amor de La gran Rebelión y el de presentación de la novela Tierra Brava.Solo aplausos y ovaciones se escuchan. Y entre aplausos y ovaciones le entregan un ramo de flores blancas. Camina hacia la derecha y entrega una flor a cada integrante de la OMS. Frank agarra ahora en sus manos una copa de vino, sorbe su bebida y accede a saludos y fotos, diciendo: “Me gusta que me quieran cerca”.

Dilema del pan y el hambre

Un pan adorna la sopa escaldada. La mesa está servida. El hombre se sienta a la mesa. Frota sus manos sobre el vapor humeante del caldo. Da las gracias a Dios por el alimento. Parte en trozos el pan. Toma uno y lo sumerge en la sopa. Moja el pan en la sopa. Come su pan ensopado.Lo deglute. Agarra una cuchara. Revuelve la sopa. Lleva la cuchara a su boca. Sorbe su sopa.
 

Coloca el plato en la mesa. Camina hacia el cuarto. Descansa un rato. Pasadas las horas el hombre con hambre casi fiera busca con que calmarla. Vuelve a la mesa. Se arrodilla.
 

Con mirada escudriñadora recoge migajas de pan diseminadas por el suelo. Antes desechadas. Las devora lentamente. Se levanta y lame el plato con la punta de su lengua. La lengua recorre y desnuda al plato en una batalla frontal de dominación.
 

El hombre apoya sus codos en la mesa. Observa el plato vacío sobre la mesa. Escucha el cantar ex tragante de su interior, anunciándole que el pan no mató su hambre ¿Qué hacer cuando se acaba el pan y solo queda el hambre? ¿Qué hacer cuando no se tiene un mísero centavo para comprar más pan? -se pregunta el hombre-, con los dedos tejiendo surcos en su cabello.
 

El hombre regresa a su cama desesperado. Fija su mirada hacia el techo y dibuja panes. Panes franceses,integrales, de flauta, de molde, para sándwich, para hamburguesa. Cuenta mil panes. Maldice su hambre. Delira. Cierra sus parpados con el optimismo de un amanecer con olor a pan que sacie su hambre.

La costa

La niña que fue volvió al risco. Buscaba sus pocetas perdidas. Se embadurnaba el rostro con el salitre extraído del mar. Aspiraba ese salado olor, libre de impurezas. Caminaba con imprecisión, con temor a encajarse los dientes de perro.
 

Avanzaba. La gran piedra seguía intacta, aunque sin iguanas bajo su vientre. Esa piedra a la que subía con ayuda de los mayores, ahora la dominaba. Antes era inmensa, ahora empequeñecida a su vista.
 

En el trayecto encontró vida y muerte dibujada en los pedruscos. Las olas amenazaban contra las rocas. La salpicaban cuando, cada vez, estaba más cerca de la orilla. La mar estaba tranquila, dormida. El silencio quebraba los espacios. No había pescadores. A lo lejos, el horizonte  y el sol se abrazaban.
 

Sus pocetas eran agujeros profundos como cráteres rebosantes de agua. La niña llegó. Se vio reflejada en el fondo. Recordó como allí antaño nadaba, jugaba y reía mientras los grandes pescaban. Ahora ella también estaba grande. La piedra, la poceta se habían reducido o la niña había crecido. 

San Diego, un pueblo maravilla (+Fotos)

Río San Juan en San Diego. Pinar del Río. Foto: Lis García.
San Diego, pueblo oculto en la geografía pinareña, lugar al que todos van y regresan. Al que nunca hay problemas para ir ni regresar. Lugar al que fui y quiero regresar. Largas horas de viaje anticiparon mi llegada con la lluvia. La terminal en una esquina. El Hotel Libertad al frente. La biblioteca, al frente del Hotel Libertad. La tienda, creo que la única existente, en la misma cuadra de la biblioteca.

En San Diego todo queda cerca. Se puede conocer en  un breve espacio de tiempo y una placentera caminata. Aunque existe un tractor con un remolque como medio de transporte obrero, dudo que exista una guagua local, por el hecho de que no hace falta.

Es un pueblo olvidado, pero que mantiene los vestigios arquitectónicos de una época de esplendor republicano. Un balneario, restaurado en fecha reciente, acapara la atención de muchos visitantes que acuden para recibir tratamientos medicinales.

El río San Juan de aguas curativas y sulfurosas rebullía y destilaba un olor pestilente. En San Diego, en un sábado ordinario todos trabajaban. Las mujeres atestaban una tabacalera, mientras un grupo de hombres pintaban una pared-mural con publicidad socialista. A un punto de venta de viandas, frutas y hortalizas, se le ponía el techo de tejas recién pintado.

Una señora, se asomaba a la reja de una casa, como para rezar a una virgencita de La Caridad. Un señor caminaba con un palo en los hombros cargando pilas de cartones agrupados. Otro pedía ayuda para transportar su arado y trabajar la tierra. Los niños jugaban en el parque. Todos, sin distinción hacían algo.

En San Diego se respira otro aire. Las personas te miran con otros ojos. A San Diego hay que ir, al menos una vez en la vida. 
Río San Juan. En el fondo, puente de la carretera hacia la Guira.Foto: Lis García.

Tabaquería. Foto: Lis García.

Policlínico Isabel Rubio.Foto: Lis García.

Interior de la boedga. Foto: Lis García.

Fachada de una bodega típica de la época republicana. Foto: Lis García.


Iglesia del pueblo. Foto: Lis García.

Hombres arreglando el techo. Foto: Lis García.

Hombres pintando pared mural. Foto: Lis García.


Calle 29, principal del pueblo. En el medio, el antiguo hotel Saratoga. Foto: Lis García.
 
Hotel Mirador.Foto: Lis García.